

POR TEÓFILO LAPPOT ROBLES
Municipio Jánico
Se puede decir que lo que ahora es el municipio de Santo Tomás de Jánico comenzó a formarse en el año 1494, cuando Cristóbal Colón decidió edificar en su territorio una fortificación militar que bautizó con el nombre de Santo Tomás.
Algunas consejas populares de la zona, sin tintes de malicias, atribuyen la escogencia de ese nombre para enrostrarles a los que en España no creían que por estos predios existiera el oro que se pregonaba.
Ese territorio formaba parte del Cacicazgo de Maguana, gobernado por el Cacique Caonabo, quien precisamente fue apresado en tierra janiquera, en un altozano de Juncalito.
Jánico fue declarado como puesto cantonal, adherido a San José de Las Matas, mediante el Decreto de la Cámara Legislativa número 1443, divulgado el 19 de julio de 1875, firmado por el entonces Presidente de la República, Ignacio María González y refrendado por Eliseo Grullón, Ministro de lo Interior y Policía, como era la usanza de la época.1
Seis años después adquirió la categoría de común (equivalente a lo que hoy se conoce como municipio) a través de la Resolución No. 1927, de fecha 29 de marzo de 1881, emitida por el Congreso Nacional, la cual fue avalada por el a la sazón Presidente de la República, Fernando Arturo de Meriño, y refrendado por los Secretarios de Estado Interior y Policía Ulises (Lilís) Heureaux, de Fomento e Instrucción Pública Eliseo Grullón y de Hacienda y Comercio, R.R. Boscowitz.2
La Cámara Legislativa que tomó dicha decisión argumentó que «esta población se ha aumentado considerablemente, alcanzando hoy a un número más o menos de tres mil almas… cuenta además con el personal necesario para llenar las plazas correspondientes a la categoría que desea alcanzar.»
Los serranos de Jánico
Recorriendo los núcleos urbanos y los campos de Jánico y Juncalito se observa que sus moradores son afables y laboriosos, lo que permite repetir con toda propiedad lo que expertos en asuntos de La Sierra dejaron bien escrito:
«El serrano es un ser excepcional en muchos aspectos. Tiene una simpatía natural y un gran espíritu de servicio. Es capaz de soportar penurias y sobreponerse a ellas, y sabe, tan bien como el mejor, aprovechar la más mínima oportunidad que le dé la vida. El serrano es además trabajador incansable, ahorrador y austero.»3
Jánico, donde primero se sembró y cosechó cebolla en América
Fue en la ubérrima tierra de Jánico donde se sembraron los primeros bulbos de cebolla en el Continente Americano.
Le tocó ser pionero en esa actividad agrícola al cronista Bartolomé de Las Casas, durante su estadía en la isla entonces llamada La Española, y tal vez antes de su ordenación como sacerdote.
Es él mismo quien se encargó de dejar para la posteridad tan importante información.
En resumen, el indicado relator y luego obispo de Chiapas, México, escribió que tuvo una labranza en Jánico, en una sabana cercana a la fortaleza Santo Tomás, «de muy fértil y gruesa tierra» y también anotó que fue allí donde se fomentaron: «de la semilla que aquellos primeros cristianos sembraron, traída de Castilla, las primeras cebollas de toda esta isla Española.»4
Jánico, el Plan Sierra y jardín botánico
El Municipio de Jánico es parte esencial del Plan Sierra, el proyecto cumbre que en el plano social y humano desarrolló el ilustre janiquero que lo fue el Obispo Roque Adames Rodríguez.
Ese preclaro religioso católico nació el 8 de noviembre de 1928 en el paraje Gurabo, de Jánico. Recibió su ordenación sacerdotal el 17 de abril de 1954, en Roma, Sede del Vaticano, y luego se trasladó a su pueblo natal para celebrar allí su primera misa.
Al leer la plataforma programática del Plan Sierra, y los documentos que le antecedieron, producto del caletre de Monseñor Roque Adames Rodríguez, se comprueba que para esos fines él tenía marcados propósitos, entre otros, de recuperar los bosques que siglos atrás copaban esa zona, disminuir la miseria que carcomía a cientos de familias serranas y evitar que continuara la despoblación acelerada de campos y comarcas, pues sus habitantes emigran en masa tanto hacia el exterior como para los pueblos más grandes y activos del país.
Como resultado del Plan Sierra surgió a partir de 1981 el Parque Botánico de Jánico, que hoy es uno de los principales atractivos de la ancha franja que en la Cordillera Central se ha denominado La Sierra.
Un museo antropológico en Jánico
En el año 1994, con motivo de la celebración de los 500 años de la existencia de Jánico, se creó allí un Museo Antropológico, con el objetivo de reivindicar el rico pasado de esa zona del país.
Es bueno consignar que desde que se fueron perfilando las zapatas del Fuerte Santo Tomás, en el 1494, Jánico ha sido tierra de descubrimientos de piezas y objetos con valor museográfico que datan incluso del período anterior en que los taínos se enseñorearon por las islas del Caribe.
Gran parte de esa riqueza arqueológica se fue dispersando; muy pocas alhajas y artefactos del más remoto pasado se han recuperado. Sin embargo hay allí una colección importante de los utensilios que utilizaban los tainos en sus actividades cotidianas, especialmente los usuales en la preparación de sus alimentos y los que exhibían en las actividades festivas que les eran propias.
Mecedoras serranas
Los muebles serranos gozan de gran fama en el país. Tal vez las mecedoras criollas más confortables y resistentes sean las serranas, y entre ellas sobresalen las que se fabrican en Jánico, Juncalito y varias secciones de la zona.
Todavía en muchos lugares de esas comunidades se observan a hombres dedicados como actividad laboral frecuente a fabricar sillas, camas, mesas y mecedoras. Muchas mujeres pueden ser vistas por allí deshojando cogollos con agilidad y gran destreza. Otros y otras se dedican a tejer asientos y espaldares de las aludidas mecedoras y no pocos recolectan ramas de arbustos apropiados para confeccionar escobas.
Es una tradición que viene de muy atrás, cuando Jánico y sus contornos figuraban con altos niveles de boscosidad, tal y como se lee en un informe que a petición del gobierno dominicano preparó en el 1909 un experto forestal de apellido Woodward. Eran los tiempos en que el 85 por ciento de la superficie terrestre del país estaba dominada por la foresta en sus diversos niveles.
Jánico en la ruta de Colón
En el 1494 el Almirante Cristóbal Colón decidió penetrar «tierra adentro». Partió de La Isabela en labores de reconocimiento y fundación de fortificaciones que les permitieran a los españoles afianzar su superioridad de cara a los enfrentamientos que sabía ocurrirían con los indígenas, como parte del «abc» de toda acción expeditiva de conquista territorial.
En esa trayectoria, abriendo trochas en la espesura de la floresta, llegó Colón al territorio que hoy es el municipio de Jánico, lugar donde dejaría una huella más para la historia.
Fortaleza Santo Tomás de Jánico
En efecto, al llegar Cristóbal Colón a Jánico, recopilando su experiencia en el camino que había recorrido desde el litoral norte, atravesando por Mao y otros lugares de la ruta, y contemplando las condiciones de los cerros janiqueros, serpenteados por un río de agua cristalina, pero sin peligro por su caudal moderado, ordenó edificar allí el Fuerte Santo Tomás, que fue el segundo construido por los españoles en lo que luego sería llamado el Continente Americano.
Puede decirse que esa fortaleza «de madera y tapia» no sólo fue la segunda, sino también la primera fuera de la costa marina y la primera bien pensada, sin la premura y circunstancias adversas con que se hizo el Fuerte de La Navidad. Algunos historiadores han dicho que fue primero el Fortín La Esperanza, en el hoy municipio que lleva ese nombre; pero en las notas del Almirante Colón no hay registro de que fuera él quien ordenara esta última edificación militar.
Bartolomé de Las Casas, antes de arrepentirse de muchas cosas, dejó escrito que Colón deliberó dejar en Jánico «una casa fuerte, para que los cristianos tuviesen refugio y señoreasen aquella tierra de las minas, y escogió un sitio alegrísimo, en un cerro cuasi menos que cercado de un admirable y fresquísimo río…Llámase Xanique aqueste río, y donde se ha sacado mucho oro, pero está en medio y comarca de muchos ríos ricos…»5
Las Casas se quedó corto al describir casi de soslayo la hermosura de la zona. El domingo 29 de marzo de 1981 el Ing. Paíno Abreu Collado publicó en el periódico Listín Diario un artículo digno de antología, titulado Jánico, un pueblo en la Sierra, en el cual sintetiza de manera magistral muchas vertientes y aristas, incluyendo la belleza extraordinaria y el potencial de esa comunidad intramontana dominicana.6
Jefe indígena puso en fuga a españoles
Guatiguaná, a quien se le identificaba como el cacique del Yaque, por la jefatura que ejercía a ambos lados del caudaloso río Yaque del Norte, en su paso por la zona donde luego se construyó la presa de Tavera, en febrero de 1973, y el contraembalse de Bao, en el 1983, no lejos de los dominios territoriales del Municipio de Jánico, aniquiló a una cuadrilla de españoles en fuga por esos andurriales y puso en jaque a decenas de otros soldados que bajo el mando del capitán Arriaga quedaron inmovilizados en el fortín de La Magdalena.
Fue el mismo Almirante Cristóbal Colón quien en octubre de 1494 «marchó con suficiente número de tropas sobre La Magdalena y salvó a Arriaga del peligro que le amenazaba, derrotando a Guatiguaná.»7
De cómo se salvó Ojeda en Jánico
En las inmediaciones del hoy poblado de Jánico ocurrió en los tiempos del dominio español un hecho de arma que estuvo vinculado con las acciones del famoso Mosén Pedro de Margarite. Ese personaje colonial tenía un tejemaneje faccioso, una especie de maridaje con el padre Bernardo Boil. Ambos accionaban en contra el gobierno de Diego Colón. El centro era la lucha de intereses económicos.
El hecho histórico de referencia fue que los caciques Caonabo y Guarionex lograron encabezar una formidable fuerza de cientos de nativos que sitiaron el Fuerte Santo Tomás, edificado en Jánico, el cual a la sazón estaba bajo la dirección de Alonso de Ojeda.
Frente a la tenaz resistencia de la fuerza de ocupación española Caonabo trató de persuadir al mismo Guarionex y a otros jefes indígenas para redoblar esfuerzos y completar la operación bélica que pudo haber cambiado el curso de los hechos.
El error táctico de Guarionex, y una nueva expresión de genuflexión de Guacanagarix, traidor por antonomasia, evitaron que los guerreros tainos aniquilaran a Ojeda y a toda su tropa.
Luego la suerte cambiaría allí para los indígenas, pues en un terreno elevado, hoy perteneciente a Juncalito, el feroz conquistador Ojeda, con sus conocidas añagazas, pudo apresar a Caonabo.
Oro en los ríos de Jánico
Relatores, historiadores, cronistas y simples transportistas de opiniones ajenas dejaron sus notas sobre lo que ocurrió en el pasado con el oro que se recolectaba en los lechos y orillas de ríos y arroyos que discurren por el territorio de Jánico.
El oro ha sido una pieza clave en muchos acontecimientos históricos de Jánico y las comunidades que circunvecinas. Ello dicho sin tomar en cuenta si las estadísticas dan cifras importantes o no en el orden económico.
La historia al respecto se remonta a los tiempos coloniales. Así lo registran los cronistas de aquella época, como Gonzalo Fernández de Oviedo y Bartolomé de Las Casas.
Entre los papeles del famoso y sabio sacerdote Charlevoix se encontraron anotaciones con minuciosas descripciones de decenas de navíos que salían de La Española hacia España cargados de oro, parte del cual se recolectaba en los ríos de Jánico.
El cronista criollo Antonio Sánchez Valverde tuvo oportunidad de trabajar sobre las referidas anotaciones y ampliando los conceptos hasta hizo referencia a varios galeones que se hundieron en el Mar Caribe y aguas abiertas del Atlántico con sus bodegas repletas de oro.8
El oro de Jánico y comunidades cercanas siempre estuvo en el cedazo de los repartos de los gobiernos pasados hasta la época de Trujillo, cuando al parecer el codiciado mineral se agotó en aquellos lugares.
En una entrega anterior de esta columna había hecho referencia a las importantes conclusiones que sobre la minería dominicana publicó hace ahora 80 años el señor Willy Lengweiler. En esas notas divulgativas aparece el nombre de Jánico con una importante posición con relación al oro aluvional.
El citado geólogo al referirse a la comunidad de Jánico y otras colindantes con ella, dijo: «son las más ricas en oro que tiene la República Dominicana…..no hay bohío que no tenga sus bateas, ni hay mujer ni niño que no sepa lavar oro…» Más adelante resaltó la importancia de esa actividad en el hecho de «haber fundado Colón el fuerte de Santo Tomás, cerca de Jánico.»9
Jánico, los españoles y el oro
La llegada de los españoles a este lado del Océano Atlántico (a pesar de que su ruta original era Asia) provocó que en medio del proceso de la conquista y colonización brotaran visiones encontradas entre autoridades y súbditos venidos de la península ibérica.
Jánico fue uno de esos lugares donde hubo entredicho entre lo que pensaba la cúpula colonial y las ideas sustentadas por los que vinieron buscando su objetivo de lucro personal.
Varias tesis y no pocas hipótesis se han expuesto sobre el tema, a través de los siglos, pero válido es hacer mención del criterio sostenido al respecto por el historiador dominicano Roberto Cassá:
«…En el fuerte de Santo Tomás, según uno de los cronistas, se hicieron rescates legales por dos mil pesos de oro, cantidad harto restringida si se toma en cuenta que acudían indios de zonas retiradas…los españoles no se habían desplazado hasta un sitio extravagante para trabajar como asalariados, sino para obtener un botín de oro y retornar lo antes posible a la península. Comenzó, por ello, el rescate clandestino en el fuerte de Santo Tomás, evaluado por Cuneo.»10
No resulta aventurado decir que la rebatiña por el oro de Jánico fue uno de los focos de tensión entre Colón y muchos españoles que comenzaron a verlo con ojeriza y hasta a tildarlo de «extranjero intruso».
Oro y favoritismo con un invasor
En la accidentada historia criolla siempre se han cometido abusos en los que surgen como beneficiados sujetos desalmados que no paran mientes cuando se trata de agenciarse favores estatales.
Un ejemplo notorio de lo anterior ocurrió en el año 1931, cuando el territorio completo donde están enclavadas las comunidades de Jánico y Juncalito (incluyendo sus secciones y parajes) fue cedido para fines de aprovechamiento del oro que existiera allí a un entorchado gendarme que participó en la opresión de que fue víctima el pueblo dominicano durante la ocupación ordenada en el 1916 por el presidente de los EE.UU. Woodrow Wilson.11
En el lejano 1891, cuarenta años antes de la referida gracia estatal, el Congreso Nacional emitió una resolución mediante la cual refrendó una concesión minera que el Estado Dominicano les había otorgado a los señores Leopoldo Malagón y Enrique Pou, autorizándolos «para que puedan explotar una mina de oro, descubierta por ellos, en terrenos de la común de Jánico, provincia Santiago.»
De montañas y alpinismo
La hermosa orografía de Jánico y Juncalito permite la práctica del montañismo, el alpinismo, el senderismo, las actividades de camping y muchas otras maneras de disfrutar a cielo abierto la naturaleza dominicana.
Sin embargo, recorriendo esa parte elevada del país el menos perspicaz puede observar que aunque no sea su propósito per se algunos grupos de citadinos motorizados, con hechos desaprensivos bien tangibles, les causan graves daños a caminos veredas, sembradíos, ríos y arroyos.
Frank Moya Pons, historiador y filósofo dominicano, tocó ese tema en una visión general que publicó sobre las transformaciones que ha ido teniendo el país, a partir del año 1963.
Así lo expuso el doctor Moya Pons: «El montañismo y el alpinismo, que antes eran deportes practicados por unas pocas decenas de personas, hoy están muy extendidos, aunque a veces de manera muy agresiva, como ocurre con los cientos de individuos que se dedican a recorrer el país en motocicletas deportivas, muchos de los cuales penetran destructivamente en rincones remotos antes reservados a los caminantes.»12
Jánico visto por un escritor viajero
La comunidad de Santo Tomas de Jánico, cual es su nombre completo, ha sido objeto de descripciones particulares y crónicas en general, desde el 1494 hasta el presente.
Un escritor viajero, en un libro sobre Puerto Rico y Santo Domingo, se refirió a Jánico en el 1914 de esta gráfica manera: «Cerca de Santiago hay muchos pueblitos de interés histórico y villorrios de arcaica belleza… está el pueblo de Santo Tomás, en las márgenes del río Jánico y cerca del primer fuerte construido por Colón en el interior, el cual fue erigido en 1494.Este fuerte fue construido para proteger a los españoles en su búsqueda de oro en el río, ya que este distrito del famoso Cibao fue donde primero se encontró oro en cantidades….»13
El aludido escritor, que lo es Hyatt Verril, escribió tres años después, vale decir en el 1917, otro libro en el vuelve a fijar su atención sobre Jánico, pero de esta manera:
«Hoy en día Santo Tomás de Jánico está olvidado-un pueblucho sin importancia-, no se hacen allí operaciones mineras, sin embargo, el tesoro permanece allí…»14
Poeta relató costumbre janiquera
Tan prolongada fue en el tiempo la búsqueda de oro en los lechos de ríos y cañadas de Jánico que hace menos de cien años el poeta y narrador costumbrista Ramón Emilio Jiménez dedicó a las mujeres lavadoras de oro un capítulo de su libro Al Amor del Bohío.
Al describir la faena aurífera en tiempo presente, el afamado escritor daba por sentado que todavía en el 1927 cientos de dominicanas se dedicaban a buscar su sustento diario con pepitas de oro que obtenían con mucho esfuerzo en algunos ríos de Jánico y de otros pueblos criollos.
«Encanta el cuadro de la lavadora de oro con todos sus detalles de color local…La antiquísima costumbre se conserva en toda su singular pureza arcaica….Su sueño es siempre áureo, como el discurso de su imaginación andariega, que va de arenal en arenal hollando quijas…asida a dos manos la batea, le imprimen movimiento giratorio de derecha a izquierda…»15
Jánico: ¿Cuna de la arqueología de América?
Se ha escrito sobre unos nidos de pajas con huevos petrificados encontrados por fontaneros al momento de hacer excavaciones en el proceso de construcción del Fuerte Santo Tomás.
Posteriormente se comprobó que eran bolas líticas de las que usaban grupos indígenas que existieron antes que los tainos, como los siboneyes, que las usaban como parte de sus actividades festivas y para otras cosas.
El eminente investigador Emile de Boyrie de Moya, en su condición de arqueólogo, llegó a sostener que «fue en el curso de la excavación de esos fosos cuando se produjo el primer hallazgo arqueológico que hizo la civilización hispana en el Nuevo Mundo…»16
Distrito Municipal Juncalito
La antigua Sección de Juncalito, situada a más de mil metros por encima del nivel del mar, en un amplio tramo del lado norte de la Cordillera Central, fue convertida en Distrito Municipal adherida al Municipio Jánico mediante la Ley 366-98, promulgada el 18 de agosto de 1998.
En el quinto Considerando de dicha ley el Congreso Nacional afincó su determinación de darle otra categoría a ese territorio montañoso en que: «La Sección de Juncalito y las demás secciones, en una zona agrícola producen en sus cinco (5) factorías más de 60,000 quintales de café, del tipo Juncalito, reconocido mundialmente por su calidad. Además produce una gran variedad de frutos menores.»17
Pero además se tomó en cuenta para ascender a esa comunidad en la escala de distribución administrativa, territorial y política del país el hecho de que las ciudades de Santiago, Moca y Salcedo, y muchos de sus centros urbanizados, reciben los servicios de agua potable de los ríos ubicados en Juncalito, entre ellos el Gurabo y Jagua.
El café de Juncalito
De acuerdo a diferentes estudios especializados, hechos tanto por investigadores del país como extranjeros, han coincidido en que el café producido en las montañas de Juncalito tiene condiciones organolépticas excepcionales, que permiten clasificarlo entre los mejores del mundo.
La mayoría de los moradores de Juncalito vive de la siembra, cuidado y cosecha de ese aromático grano, que recibir el proceso de la torrefacción y molerse se convierte en delicia diaria de los paladares de millones de personas en cualquier lugar del mundo.
Juncalito y el cacique Caonabo
Fue en una protuberancia de la geografía de Juncalito donde se selló la desgracia del valiente jefe indígena Caonabo, esposo de la célebre Anacaona y quien era la principal autoridad del Cacicazgo de Maguana.
Tal y como ha quedado consignado por los hechos de su vida, Caonabo era un líder de gran raigambre entre sus congéneres, especialmente por su valor inconmensurable y por sus habilidades como táctico y estratega de guerra irregular.
El Golfo de la Flecha, en la Península de Samaná, y el Fuerte La Navidad, en La Isabela, fueron dos de los escenarios bélicos donde su presencia quedó marcada con gruesas huellas históricas.
Apresado por Ojeda, luego de que la tierra de Juncalito se tiñera de sangre, fue llevado a La Isabela, donde Cristóbal Colón decidió, en el 1496, enviarlo preso hacia España, destino a donde no llegó pues un ciclón tropical que azotaba el litoral marino del norte de La Española hizo añicos la galera en que lo tenían con grillete. Otras versiones se tejieron entonces sobre su muerte.
El lugar de Juncalito donde fue apresado Caonabo fue denominado, por voluntad de los moradores de allí, como Cerro de El Cacique.
Bibliografía:
1-Decreto No.1443, 19 julio 1875.Colección Leyes de 1875.
2- Resolución No.127, 29 de marzo de 1881. Colección Leyes de 1881.
3-La Sierra. Editora Amigo del Hogar, 2017, p245.Inmaculada Adames, Blas Santos y José Rafael de Moya.
4- Historia de las Indias. Sociedad Dominicana de Bibliófilos, 1987. Fray Bartolomé de Las Casas.
5-Historia de las Indias. Sociedad Dominicana de Bibliófilos, 1987. Fray Bartolomé de Las Casas.
6-Jánico, un pueblo en La Sierra. Listín Diario, 29 de marzo de 1981.Paíno Abreu Collado.
7- Obras Completas, volumen I, p61.Editora Amigo del Hogar, 2016. José Gabriel García.
8-Idea del Valor de la Isla Española. Editora Nacional.1971. p101, edición anotada. Antonio Sánchez Valverde.
9- El Oro en la Historia Dominicana. Editora Amigo del Hogar, 2016.pp194 y 195. Frank Moya Pons.
10-Los Indios de Las Antillas. Ediciones Abya-Yala, 1995. Roberto Cassá.
11-Decreto No.175, del 11 de julio de 1931, en favor de Charles A. Mclaughlin.
12-El Gran Cambio.1963-2013.Impresora Elcograf, 2014.p335.Frank Moya Pons.
13-Puerto Rico, Pasado y Presente, y el Santo Domingo de Hoy, 1914, inserto en el libro Los Primeros Turistas en Santo Domingo. Editora Amigo del Hogar, 2011, p167. Hyatt Verril.
14-El libro de las Indias Occidentales. Publicado en el 1917.p184. Hyatt Verril.
15-Al Amor del Bohío. Segunda edición facsimilar. Editora Búho, 2001.pp186-188.Primera edición en el año 1927.
16-La Fortaleza de Santo Tomás de Jánico. Listín Diario, 14 marzo 1965. Emile Boyrie de Moya.
17- Ley No.366-98, promulgada el 18 de agosto de 1998.
2019-01-26 07:30:02