Cultura

SAN LUIS Y SAN ISIDRO: ACADEMIAS, CAÑA Y AVIONES



POR TEÓFILO LAPPOT ROBLES

Poblado San Luis

Crónicas del pasado fechan el surgimiento del núcleo poblacional primigenio de San Luis para mediado del siglo XIX, cuando llegaron al lugar unos hermanos apellido Cambiazo con el propósito de fomentar la siembra de caña de azúcar.

Años después esos señores crearon allí el ingenio San Luis. Así comenzó el incremento poblacional de ese hoy Distrito Municipal.

Se trata, en consecuencia, de un pueblo con su origen en el batey, una palabra de origen taíno, pero que con el paso del tiempo terminó por definir a aquellos grupos humanos cuya cotidianidad se desenvuelve entre los cañaverales y las fábricas que de esa gramínea extraen azúcar, melaza, ron y otros derivados.

Desde entonces, y hasta hace un par de décadas, la vida económica y social de San Luis giraba alrededor de la industria azucarera, pues a los Cambiazo les siguieron otros propietarios, hasta culminar siendo parte del Consejo Estatal del Azúcar, entidad oficial creada con los terrenos cañeros y los potreros del ajusticiado Trujillo.

El poblado de San Luis, que era una Sección del Municipio Santo Domingo Este, fue elevado a la condición de Distrito Municipal a través de la Ley No.125-04, en la cual se dispone dicho cambio tomando en consideración una serie de factores económicos, sociales e institucionales que convergen en su territorio.1

Con ese cambio de nivel en la distribución administrativa del país se dejaba atrás, en términos de papeles, la condición de un simple batey y se colocaba en el fichero de los territorios criollos con organigramas municipales propios.

San Luis como fuente de agua

El Distrito Municipal San Luis goza de una gran riqueza acuífera, siendo una de las principales fuentes de abastecimiento de agua potable para gran parte de la provincia de la cual forma parte y, también, para la Capital de la República. Los ríos Yabacao, Brujuelas, Ozama y Caño Azul, así como decenas de arroyos pasan por su territorio.

En San Luis hubo algodón

En las productivas tierras de San Luis, situándonos en los tiempos coloniales, se producía de manera silvestre el algodón. El repaso de un amplio itinerario informativo de esa época da testimonio de ello.

Gonzalo Fernández de Oviedo, el prolijo cronista colonial, al referirse al algodón de San Luis y otros lugares del país, anotó:

«Mucho algodón hay salvaje en esta Isla Española…Pero como en esta isla no se dan a labrar e cultivar, no se hace tanto como en e tiempo de los indios, que tenían más cuidado dello….Los cristianos no se ocupan en esta granjería, aunque es muy buena, e se aumentaría tanto cuanto quisiesen.»2

De ese algodón también opinó, en una obra trascendental para conocer muchas cosas de nuestro pasado, el comentarista Antonio Sánchez Valverde: «Dase el Algodón en Santo Domingo naturalmente y sin cultivo alguno, excelente, de varios colores; porque lo hay blanco y de color de canela, más o menos subido, muy fino y fácil de hilar. Produce sus capullos todo el año y sembrado una vez, crece, dura muchos años, engruesa y encepa, dando abundantísima cosecha…»3

Como para el año 1771 existían en España 741 telares, cuya materia prima era el algodón, y donde trabajaban cerca de 50,000 operarios, el gobernador colonial José Solano y Bote envió al Consejo de Indias, en el 1775, muestras de algodón de Santo Domingo, exhortando a las autoridades ibéricas a que adquirieran en rama el que se cultivaba aquí, al tiempo que pedía crear barreras al hilado que se adquiría en la europea isla de Malta, en el corazón mismo del Mar Mediterráneo, y que llegaba especialmente a Cataluña desde el puerto de La Valeta.4

Múltiples fueron los hechos que se fraguaron entonces para que las aspiraciones de Solano y Bote no prosperaran.

El historiador español Antonio Gutiérrez Escudero señala dos de las circunstancias causantes del enunciado fracaso: «…que los mercaderes preferían negociar con títulos de mayor rentabilidad económica que con el algodón…en una representación de José Canaleta, un industrial de Cataluña, se señala como causa de la compra de los hilados procedentes de Malta el hecho de que sus fábricas de indianas disponían de escaso algodón americano porque «el que venía a Cádiz salía para los reinos extranjeros por la Aduana de Cádiz.»5

Orígenes del Ingenio Ozama

El ya desaparecido Ingenio Ozama, fundado en el 1890, tuvo como nombre original San Luis, pues las primeras plantaciones de caña y las maquinarias del mismo estaban en la Sección La Cortadera, correspondiente a ese poblado. Fue después de varios años de estar funcionando cuando se le cambió el nombre. Sus primeros propietarios fueron el señor Augusto Cisneros y los hermanos Cambiazo. Luego pasó a ser propiedad de dos grupos empresariales extranjeros, uno estadounidense y otro canadiense.

Así está consignado en los registros históricos de la industria azucarera nacional: «La Bartram Brothers, de Nueva York, poseía tres ingenios: Quisqueya, San Isidro y Santa Fe, que habían comprado a sus antiguos dueños cubanos y británicos.»6

El 5 de mayo de 1951 se creó la Ley 2873, mediante la cual, bajo un barniz de nacionalismo huero, se estableció la llamada Comisión de Defensa del Azúcar y Fomento de la Caña, la cual sería utilizada por el régimen de entonces para aumentar los intereses empresariales del tirano de turno.7

El ingenio Ozama, junto con otros, fueron adquiridos por Trujillo en el proceso de ampliación de su lucrativo negocio azucarero: «…el Jefe había dispuesto la compra en el año 1953 de los Ingenios Ozama, Porvenir, Monte Llano y Amistad, así como en 1957 también la compra de Barahona, Boca Chica, Quisqueya, Consuelo y Santa Fe alcanzando un total de 12 ingenios…»8

Válido es anotar que lo del sátrapa y el negocio del azúcar comenzó desde el inicio de su régimen, tal y como lo divulgó la acreditada firma periodística de Albert C. Hicks, en una obra publicada originalmente en inglés en el 1946, al señalar que: «El general se dedicó inmediatamente al negocio del azúcar. Recaudaba un centavo por libra de azúcar, y los dominicanos consumen cerca de 25,000 toneladas anuales. Luego el monopolio del azúcar le procura a Trujillo una ganancia de $500,000 anuales.»9

Con el Ing. Ozama y los demás, así como con algunas otras empresas conexas, como las Divisiones Melazas Dominicanas y de Transportación, se creó la compañía Azucarera Haina C. por A.

Ha quedado comprobado que el dueño de ese holding, que poco le faltó para ser un monopolio, pero que tenía un papel predominante como parte esencial de un oligopolio, utilizó todo tipo de maniobras para forzar a empresarios privados y a empresas extranjeras para que le vendieran los ingenios que regenteaban. Así ocurrió.

En efecto, sobre lo anterior un agudo sociólogo y perspicaz historiador como lo fue Franklin J. Franco escribió lo siguiente: «A partir de la incursión de Trujillo en los negocios azucareros, se dio inicio a una campaña de críticas a los ingenios norteamericanos. Esa campaña comenzó con la publicación de la novela Over de Marrero Aristy, en 1948…todos los bateyes del Central Romana, propiedad de la West Indies Corp., fueron declarados «peligro público»…El acoso a los emporios azucareros norteamericanos terminó con un arreglo amistoso en el 1956.»10

Políticos burócratas en la ampliación del Ingenio Ozama

Una de las figuras públicas del siglo pasado que Trujillo utilizó para expandir el área de siembra del Ingenio Ozama, mediante «compras» de tierras colindantes, fue Andrés Pastoriza, que desde el 10 de enero de 1953 fungía como presidente de la referida Comisión de Defensa del Azúcar y Fomento de la Caña.11

Pero en esas tareas de ensanchamiento de los potreros para la boyada y los cuadros de tierra para la siembra de caña de azúcar en el Ingenio Ozama y en otros, también tuvieron una participación activa Rafael F. Bonnelly, Juan Contín y Enrique Curiel, todos vinculados en la quinta década del siglo pasado a los negocios particulares de Trujillo.

El crecimiento de las áreas de cultivo, la adquisición de nuevas maquinarias, la utilización de más bueyes de carga y el empleo de braceros que sabían que su destino estaba atado a lo que dispusiera el tirano, dieron como resultado que el Ozama, que «era un ingenio de sólo 2,000 toneladas de capacidad….fue llevado por los nuevos compradores a 3,000 y pico de toneladas diarias…»12

Eran momentos en los cuales la voracidad económica de la dictadura estaba en uno de sus puntos más elevados. Trujillo llegó a tener 12 ingenios, desde que en el 1947 se inició de lleno como empresario azucarero.

Era difícil, en esas circunstancias, invocar a un sabio israelí de la antigüedad llamado Isaías, y pensar con él en transformar el rojo púrpura de la miseria más abyecta en que vivía el pueblo dominicano (y especialmente la población bateyera) en «la blancura de la lana y de la nieve.»13

En el Ingenio Ozama no se produjo tafiá

La laboriosidad para eficientizar las empresas azucareras propiedad del sátrapa en nada se parecía a las prácticas del siglo XIX, cuando muchos de los trapiches criollos se utilizaban principalmente para la producción de una bebida llamada tafiá, muy utilizada en ceremonias vodú, y que algunos con tintes notablemente discriminatorios en el orden racial llamaban «esa leche de los negros.»

Max Henríquez Ureña recreó en su didáctica obra Episodios Nacionales el uso de ese rústico ron como parte de las ofrendas que se hacían en actividades propias del sincretismo mágico religioso, en las cuales se invocaba a un ser superior, situado en el más allá, a fin de que se pusiera «en comunicación con los iniciados que están reunidos y tratan de adormecerse con libaciones de tafiá…»14

El colapso del Ingenio Ozama

Hace más de diez años que el Ingenio Ozama fue dejado morir adrede por las autoridades gubernamentales, después de una larga agonía que se prolongó por décadas.

Los rieles, traviesas, camiones, vagones, locomotoras, carretas y demás equipos de esa entidad fabril fueron escandalosamente desguazados y sustraídos. Sus tierras (más de 130,000 tareas) fueron vendidas a precio vil, cuando no repartidas como un botín de guerra entre sujetos cercanos a los diferentes gobiernos de las últimas décadas. Sus sepultureros se escudaron en la Ley General de la Reforma de las Empresas Públicas, que en su artículo 3 coloca al Consejo Estatal del Azúcar como una de las entidades sujetas a su aplicación.15

Movimientos migratorios en San Luis

Es pertinente decir que con el proceso de desintegración del ingenio Ozama, como de otros, se produjeron movimientos a lo interno de sus respectivas poblaciones, pues las fuentes de trabajo habituales fueron desapareciendo y no se crearon los mecanismos que aseguraran a sus habitantes obtener nuevos nichos laborales donde vivían.

Sobre el fenómeno migratorio que se produjo con motivo de la debacle de los ingenios azucareros estatales se habla con bastante propiedad en un estudio titulado «Estado de la cuestión de la población de los bateyes dominicanos en relación a la documentación», patrocinado por una organización denominada Observatorio Migrantes del Caribe.

En el referido estudio, citando diferentes sociólogos e investigadores, se menciona que la crisis azucarera dominicana (la cual «comienza a mediados de la década de 1980 y se intensifica en la década de 1990») provocó una gran merma en la mano de obra de ese sector, teniendo muchos pobladores de los bateyes, como San Luis, que emigrar a otros pueblos. La economía nacional empezaba a girar en torno a los servicios, perdiendo fuelle el otrora poderoso sector agrícola.16

San Isidro, un distrito militar

La comunidad de San Isidro es una especie de distrito militar, pues además de ser sede de la principal Base Aérea del país, y asiento de la Comandancia General de la Fuerza Aérea Dominicana, también están allí la principal academia para el estudio de las ciencias militares, así como el Centro de Enseñanza 16 de Agosto, dependencia del Ejército, y la sede de la Dirección General de las Escuelas Vocacionales de las FF.AA. y la Policía Nacional.

Orígenes de San Isidro

Originalmente San Isidro Labrador era un ingenio azucarero, propiedad de un cubano y un dominicano con ancestros ingleses.

Por eso hay que pensar que allí también, en vez del posterior rugido de aviones de combate y de las academias de enseñanza militar también se producía, a modo de símil, aquella típica estampa descrita por Francisco Moscoso Puello en su novela Cañas y Bueyes: «Los alzadores pasan la caña a los carreteros. Fonso, Murciélago, Juan Tarana la van colocando cuidadosamente en sus carretas. Les dan vueltas a los trozos para acomodarla…Quitan unas cuantas de un sitio para ponerlas en otro…Un peón que pasaba el tiempo inclinado sobre el mostrador recordó a San Isidro…Chencho recordó que…en el chucho un alzador le dijo por la tarde mirando el cielo: Este San Isidro viene con agua.»17

Academia Militar Batalla de Las Carreras

La Academia Militar Batalla de Las Carreras está ubicada en el poblado de San Isidro. Comenzó su labor de pedagogía militar en el año 1956, frente a la referida Base Aérea.

Según múltiples versiones, nunca desmentidas, seguidores del pensamiento del General Pedro Santana insistieron por mucho tiempo para que ese centro de enseñanza militar llevara el nombre de quien fue primero héroe independentista y luego traidor a la Patria.

Los promotores de la referida idea no lograron su objetivo, lo cual hubiera sido una fuente de controversia permanente. Al parecer, porque de suposiciones se trata, los santanistas, con y sin uniformes, continuaron insistiendo en el tema, pero finalmente se optó por escoger el nombre Batalla de Las Carreras para ese recinto militar.

Ese encuentro bélico está asociado con Pedro Santana, pues durante los días 19 al 22 de abril de 1849, en el lado oriental del río Ocoa, dicho personaje participó en la organización de cuatro regimientos del Ejército Dominicano que derrotaron a más de 15 mil invasores haitianos; aunque se sabe de sobra que él no estuvo allí cuando las balas silbaban. El luego principal promotor de la Anexión a España había vuelto a Sabana Buey cuando comenzó la hora de la verdad, en que el Batallón Sangriento de Higüey y otras unidades de bizarros patriotas se batieron en la línea de fuego.

Esa academia es una escuela de altos estudios militares. Tiene categoría de universidad. Allí se forman los oficiales del Ejército de la República Dominicana, aunque en sus inicios estuvo asociado principalmente con la entonces llamada Aviación Militar.

En virtud de lo dispuesto por la Ley 300, promulgada el 17 de abril de 1968, su nombre oficial es Academia Militar de las Fuerzas Armadas Batalla de las Carreras». Cuarenta años después se cambió la expresión Fuerzas Armadas por Ejército Dominicano, pero esa decisión se tomó mediante un oficio, que en la prelación de las leyes, y por imperativo constitucional y visión doctrinaria no puede modificar una ley preexistente.18

Lo importante es resaltar en este caso que los jóvenes aspirantes a oficiales de los institutos armados del país reciben en la Academia Batalla de las Carreras una formación integral, tanto en cultura general como en las ciencias militares.

Por allí han pasado como docentes grandes especialistas en la doctrina militar dominicana, así como personalidades de gran bagaje intelectual en el particular mundo del arte de la guerra, quienes han expuesto ante la oficialidad criolla en formación las biografías y las opiniones de figuras que van desde los guerreros Napoleón, Julio César, Alejandro Magno, Ramón Matías Mella, Antonio Duvergé, Bolívar y Máximo Gómez, hasta ideólogos militares del calibre de Karl von Clausewits y doctrinarios como Antoine-Henri Jomini.

Como no podía ser de otra manera, en esa institución que prestigia a las Fuerzas Armadas Dominicanas la estrategia y las tácticas militares forman una porción sustantiva de su currículo.

Gran parte de las enseñanzas que se extraen de la serie de libros titulada De la Guerra (8 tomos) de Karl von Clausewitz se han difundidos en las aulas de esa academia, especialmente cuando dicho autor trata sobre el Arte de La Guerra o ciencia de La Guerra, en los capítulos III y IV del Libro II. Ese sabio general e historiador prusiano analiza (desde la perspectiva de la guerra) lo que él definió como «la jerarquía lógica por medio de la cual es gobernado el mundo de la acción.»19

Allí también se predica a los cadetes la valentía, como elemento directamente conectado con la virtud militar, «que en el soldado debe estar acompañada del hábito y del adiestramiento…»20

Base Aérea de San Isidro

Un trujillista de tomo y lomo escribió lo siguiente: «El Presidente Héctor B. Trujillo dejó inaugurada, el 22 de marzo de 1953, la Base Aérea Militar de San Isidro, así como el barrio residencial para Oficiales y Alistados.»21

En realidad en aquella fecha, y hasta el 1961, cuando cesó la era de plomo que por 30 años acogotó al pueblo dominicano, el nombre de esa institución era Base Aérea Trujillo.

Es de rigor indicar que desde el 1928 ya se pensaba en crear un cuerpo armado para la defensa aérea del país. Así se comprueba al estudiar la Ley 904, promulgada en dicho año, la cual autorizaba la formación de una Escuela de Aviación.22

En vista de que en el año 1931 varios dominicanos se graduaron en Cuba como aviadores unos, y como mecánicos de aviones otros, se creó un año después El Arma de Aviación, como una unidad perteneciente al Ejército Nacional. Tenía su centro de operaciones en el Aeródromo Charles A. Lindbergh, situado en lo que entonces eran las afueras del lado oeste de la capital dominicana.

De conformidad con los registros históricos, los primeros pilotos de aviones de combate que tuvo el país fueron Aníbal Vallejo Sosa y Frank A. Feliz Miranda.

La época de mayor esplendor de la Fuerza Aérea Dominicana fue desde 1953 hasta mediado de la sexta década del siglo pasado. Para entonces se consideraba la unidad de fuego aéreo con mayor potencia del Caribe Insular, y de otros lugares de América Latina, pero varios hechos ocurrieron que sumergieron a esa rama militar en una especie de estancamiento.

Entre los factores que motivaron dicha merma hay dos a resaltar: a) Las exigencias injerencistas de los EE.UU. , comprobadas en reportes ya desclasificados, y b) que «el Presidente Balaguer rehusó invertir recursos para que la FAD contara con suficiente combustible y piezas de repuesto…lo que afectó a los helicópteros, a los transportadores y a los entrenadores, al igual que a las aeronaves de combate.»23

Prueba de lo anterior se desprende de una simple lectura lineal de lo que divulgó quien fue el agregado militar de los Estados Unidos de Norteamérica en el país durante los años 1971-1974.

En efecto, el aludido Brian J. Bosch, desde su privilegiada atalaya de auscultador de los asuntos marciales dominicanos, utilizando un aerograma de la Embajada de los Estados Unidos, fechado el 14 de abril del 1968, escribió en su libro Balaguer y los militares dominicanos, lo siguiente:

«Cuando el Presidente Balaguer asumió la presidencia el 1 de julio de 1966, los aviones de combate dominicanos se habían reducido a un B-25, seis bombarderos B-26, 30 jets Vampiros, y 28 cazas P-51.Un año y medio más tarde se habían chatarreado todos los bombarderos y quedaban 12 Vampiros y 25 P-51 de limitada eficacia.»24

San Isidro y la Guerra de 1965

La Fuerza Aérea Dominicana desempeña un papel de mucha importancia en la defensa del espacio aéreo nacional y contribuye con la Armada Dominicana en la vigilancia de las costas marinas.

Lo anterior no significa que en el discurrir de la historia no se hayan producido hechos dolorosos que han afectado al pueblo dominicano, en los cuales mandos de esa entidad han tomado decisiones todavía sometidas al cedazo de la crítica.

Se han escrito decenas de libros analizando el papel de esa entidad militar en la guerra entre dominicanos librada del 24 al 28 de abril de 1965 y la cual se transformó en patriótica a partir de ese último día, cuando el país fue invadido por tercera vez por los EE.UU., en esa ocasión con más de 40 mil soldados, cientos de aviones y helicópteros y decenas de unidades navales.

El recuento sería largo, pero esa no es la intención del cronista, por ello sólo mencionaré brevísimas pinceladas de aquellos momentos difíciles.

El gran académico e historiador italiano Piero Gleijeses, en su bien documentada obra La Esperanza Desgarrada, entre otras cosas señala lo siguiente: «Veintisiete de abril. San Isidro se apronta para el golpe final, la gran ofensiva que aplastará la revuelta…Con sus ametralladoras y sus bombas, los aviones podían minar la voluntad de resistencia de un pueblo y debilitar las defensas enemigas…La Fuerza Aérea ya había entrado en acción, superando en violencia sus proezas del día anterior.»25

Un escritor y periodista cubano, de vasta experiencia en el mundo militar del Caribe, en un denso ensayo sobre la Guerra de abril de 1965 dejó plasmada esta cruda nota: «Cientos de cadáveres se esparcían sobre el terreno.»De inmediato acotó que esos cuerpos desparramados por las calles de Santo Domingo eran «testigos de la gran destrucción provocada por la Fuerza Aérea y por el bombardeo de la Marina.»26

Tad Szulc, famoso periodista enviado por el periódico The New York Times para cubrir la Revolución de 1965 en nuestro país, escribió así en su diario de guerra el 14 de mayo del indicado año: «El jueves por la noche, después del ataque aéreo contra Radio Santo Domingo, el ministro de Asuntos Exteriores de los constitucionalistas, Jottin Cury, cablegrafió al secretario general de las Naciones Unidas, U Thant, pidiendo urgentemente su intervención personal inmediata para evitar la destrucción de Santo Domingo y la matanza de sus habitantes.»27

Las tropas invasoras estadounidenses, muchas de las cuales tenían su centro de operaciones en la Base Aérea de San Isidro, buscaban el aniquilamiento del pueblo dominicano, pero no lo lograron. La atribución de ese propósito no es una invención. Ella nace al comprobar en los hechos la crueldad y la sevicia de sus bombardeos y ametrallamientos indiscriminados, especialmente contra la población desarmada.

Es oportuno significar que la finalización de la Guerra de 1965 no conllevó una derrota del pueblo dominicano en armas, pues lo que hubo fue un acuerdo, que intrínsecamente constituyó un reconocimiento al coraje de los combatientes constitucionalistas.

Era evidente que los intrusos extranjeros, en alianza reprochable con grupos nacionales, pusieron en práctica en la Guerra de 1965 un mal dicho atribuido a Napoleón Bonaparte, y recordado por Robert Greene en su ya clásico libro Las 48 Leyes del Poder:»Para alcanzar la máxima victoria es necesario ser inescrupuloso.»28

Escuelas Vocacionales de las FF.AA. y la Policía Nacional

Las Escuelas Vocacionales de las FF.AA. y la Policía Nacional son, sin quizás, el segmento del estamento militar y policial dominicano más vinculado con la población civil.

Así se comprueba al analizar su larga hoja de servicios en favor de la población, desde que fueron creadas en el 1966, entonces con exclusividad para los oficiales y soldados, pero rápidamente transformadas en una entidad educativa de servicio colectivo.

San Isidro tiene el honor de ser el asiento principal de esa importante entidad, esparcida por todo el país, con más de 20 escuelas donde jóvenes dominicanos y extranjeros, civiles y militares, aprenden diferentes oficios, desde mecánica hasta hotelería, ebanistería, carpintería, pintura, defensa personal y varias decenas de otros oficios de mucha utilidad para el desarrollo de la República Dominicana.

En poco más de 50 años las Escuelas Vocacionales de las FF.AA. y la Policía Nacional han graduado más de 170 mil alumnos, con lo cual sus vidas eventualmente dieron un giro positivo.

Bibliografía:

1-Ley 125-04.Bloque de leyes del año 2004.

2-Historia de las Indias, libro X, capítulo V. Reproducido en Oviedo-Las Casas, crónicas escogidas. P310 y 311.Editora Corripio, 1988. Gonzalo Fernández de Oviedo.

3-Idea del valor de la isla Española. Con anotaciones de Emilio Rodríguez Demorizi y Fray Cipriano de Utrera.p62. Editora Nacional, 1971. Antonio Sánchez Valverde.

4-Informe al Consejo de Indias sobre el algodón.1775. Gobernador colonial José Solano y Bote.

5-Revista Clío.No.158.Enero-junio 1998.p115. Antonio Gutiérrez Escudero.

6- Historia del Caribe: azúcar y plantaciones en el mundo atlántico. Editora Búho, 2008.p406. Frank Moya Pons.

7- Ley No.2873, del 5 de mayo de 1951.

8-Memorias de la Era de Trujillo 1916-1961.Editora Amigo del Hogar, 2002. p253. Ramón Emilio Saviñón M.

9-Sangre en la calle. Vida y mando de Trujillo. Editado por la SDB. Impresora Corripio, 1996, p82. Albert C. Hicks.

10-Historia del Pueblo Dominicano. Séptima edición. Editora Mediabyte, 2008. pp564 y 566. Franklin J. Franco.

11-Decreto No.8765, del 10 de enero de 1953.Bloque de leyes del 1953.

12-Trujillo amado por muchos, odiado por otros, temidos por todos. Editorial Letra Gráfica. Editora Búho, 2000.p168. Hans Paul Wiese Delgado.

13- Isaías 1.18.Biblia.Editorial Vida, 1992.p515.

14-Episodios Dominicanos, editado por la SDB,1981. P509. Max Henríquez Ureña.

15-Ley No.141-97, promulgada el 10 de junio de 1997.

16- Estado de la cuestión de la población de los bateyes dominicanos en relación a la documentación. Editora Búho,2014. P28. Natalia Riveros.

17- Cañas y Bueyes. Editora Amigo del Hogar,1975. Pp165,166 y 183. Francisco E. Moscoso Puello.

18-Ley No.300, promulgada el 17 de abril de 1968 y Oficio No.13371 del 6 de mayo del 2008, emitido por el Secretario de Estado de las FF.AA.

19-De La Guerra. Libro II, capítulos III y IV.pp74 y 76. Editado por Librodot, 2000. Karl von Clausewits.

20-De La Guerra. Libro III, capítulo V.p107.Editado por Librodot,2000. Karl von Clausewits.

21-Memorias de la Era de Trujillo 1916-1961.página 280.Editora Amigo del Hogar 2002. Ramón Emilio Saviñón M.

22-Ley No.904-Bloque de Leyes del año 1928.

23-Carta-memoria del coronel retirado Stanley A. Castleman, fechada 16 de diciembre de 1999.

24-Balaguer y los militares dominicanos. Fundación Cultural Dominicana, 2010. pp75 y 76. Brian J. Bosch.

25-La Esperanza Desgarrada. Editora Búho, 2012, pp381,385 y 386.Piero Gleijeses.

26-Santo Domingo: Barricadas de odio. Editores mexicanos, 1966. p130. Antonio Llano Montes.

27-Diario de la Guerra de Abril de 1965. Editora Búho 2015.p260. Tad Szulc.

28-Las 48 Leyes del Poder. Editorial Atlántida,1999.p156. Robert Greene.

2019-04-05 23:20:14