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POR TEÓFILO LAPPOT ROBLES
Villa Altagracia
Villa Altagracia es una comunidad enclavada en un valle intramontano, entre faldas de las cordilleras Central y Septentrional. Dista unos 40 kilómetros de la capital dominicana, en dirección recta hacia el corazón del Cibao, aunque forma parte de San Cristóbal, que es una provincia sureña.
Fue dentro del territorio del actual Municipio de Villa Altagracia donde, en el lejano año 1496, por órdenes de Bartolomé Colón, se dieron los primeros movimientos fundacionales de lo que con el paso del tiempo sería la ciudad de San Cristóbal.
A principios del siglo veinte la población de Villa Altagracia era conocida como Sabana de los Muertos. Aunque era un topónimo cargado de leyendas necrológicas, a veces con tintes fantasmagóricos, lo cierto es que ese lugar fue teatro de luchas violentas entre grupos políticos que entonces se disputaban la hegemonía de la llamada Cosa Pública.
En abril de 1902 el Vicepresidente Horacio Vásquez Lajara se sublevó contra el Presidente de la República Juan Isidro Jimenes Pereyra, lo que provocó que partidarios de uno y otro tuvieran varios enfrentamientos sangrientos.
El historiador Emilio Cordero Michel describió esa etapa convulsa de nuestro ayer así: «Efecto inmediato de ello fue el surgimiento de dos bandos políticos con símbolos de gallos de lidia: «coludos» (horacistas) y «bolos»(jimenistas), que se enfrascaron en una lucha fratricida que inundó de sangre el país…»1
En Villa Altagracia, ubicada en ruta entre Santo Domingo y varias ciudades de la Región Norte, se libraron varios combates mortíferos entre las facciones beligerantes apodadas bolos y coludos. De esos hechos surgió el aludido nombre de Sabana de los Muertos, según una de las más socorridas versiones.
Desde el 21 de abril de 1936 Villa Altagracia pasó de ser una Sección a un Distrito Municipal.2
Varios años después, exactamente en el 1942, una compañía de capital estadounidense desarrolló enormes plantaciones de guineo en varios campos de Villa Altagracia. Dicha producción estaba destinada básicamente para exportación. En menos de diez años ya había desaparecido dicha actividad agrícola.
Las razones de esa ruina fueron muchas, siendo la principal el malsano interés del sátrapa Trujillo por acaparar tierra para su patrimonio, en una modalidad de geofagia que lo convirtió en el más poderoso terrateniente de la región del Caribe.
La categoría de Municipio le llegó a Villa Altagracia el 27 de marzo de 1958, mediante la Ley No.4882.En virtud de dicho texto legal la nueva demarcación administrativa quedó integrada, además, por las secciones El Caobal, Hormigo, Catarey, Medina, Pino Herrado y Mana de Haina, las cuales aportaron a la geografía municipal sus numerosos parajes y sectores.3
Ingenio Catarey
El ingenio Catarey fue, a partir de la segunda mitad del siglo pasado, y durante varias décadas, la principal fuente de ingresos económicos para una mayoría de los habitantes en edad productiva de Villa Altagracia.
Fue construído con las maquinarias del ingenio llamado La Paja, que funcionaba desde el 1916 en las afueras del municipio de Hato Mayor.
Del Central Santa Bárbara (que funcionaba hasta el 1948 en el municipio Jayuya, ubicado en el área montañosa del centro de Puerto Rico) se le incorporaron al Catarey algunas piezas claves, entre ellas un tanque de calado, un evaporador de jugo, una mezcladora, un secador y algunos tachos.
Con la instalación del ingenio Catarey decenas de dominicanos de diferentes lugares del país, así como cientos de extranjeros, especialmente haitianos, fueron a parar a Villa Altagracia. En el extrarradio de esa población se crearon varios bateyes, donde se alojaron los picadores de cañas y demás obreros del área agrícola.
Según cronistas especializados en el emporio industrial de Trujillo, éste comenzó de lleno su incursión en el renglón económico azucarero, vale decir con estructuras propias, «con un solo ingenio (Catarey), y que ya en el 1957 tenía doce.»4
El movimiento económico que generaba en la población villaaltagraciana el ingenio Catarey se puede medir en parte por su capacidad de producción.
Un muestrario de las estadísticas de 1958 refleja que en dicho año esa fábrica de productos derivados de la caña de azúcar produjo 184,074.50 toneladas cortas de caña molida, pero para la zafra siguiente aumentó en ese renglón a 238,516.76; es decir, que tuvo un incremento de 54,442.26 en esa unidad de masa. O lo que es lo mismo: en tan corto tiempo se produjo un aumento de 108,884,520 libras, tomando en cuenta que una tonelada corta equivale a 2,000 libras.
Si en el 1958 el ingenio Catarey produjo 21,115.51 toneladas cortas de azúcar crudo, en el 1959 subió a 26,671.97, para un crecimiento de 5,556.46.
De igual modo en el referido1958 pasaron sus calderas 1,020,376 galones americanos de miel final y al año siguiente fueron 1,442,650 de esa misma unidad de volumen.5
Hasta hace pocas décadas Villa Altagracia fue una especie de enclave fabril, pues además del referido ingenio Catarey operaba allí la Industria Nacional del Papel. Entre ambas empresas empleaban a cientos de personas.
Colapsadas ambas empresas, la pobreza se acentuó más entre sus de por sí pobres moradores.
Es una verdad de Perogrullo indicar que el desempleo galopante que impera desde hace decenios en esa zona del país no ha podido quitarle la belleza que depara a la vista su riqueza arbórea, con cientos de árboles de amapola florecidos, sorprendentes bambúes, aguacate, ceiba, mango, caimito y otras varias especies que pueblan su lado sur, así como el señorío de plantaciones de pino, roble, acacia, guayabo, cedro, cocotero y cítricos que habitan en la parte norte, en condición de boscaje; todo lo cual forma una suerte de arcoíris vegetal.
Oro en Villa Altagracia
Desde los tiempos precolombinos en el lugar conocido como Madrigal, dentro del hoy Municipio Villa Altagracia, había inmensos bosques de madera preciosa, y además era rico en oro de aluvión.
Madrigal también era un arroyo que siglos atrás tributaba sus aguas en el cauce del río Haina.
De la zona donde está enclavado ese municipio escribió Fray Bartolomé de Las Casas, cuando se refirió «a los principios del gracioso y fresquísimo río Haina, en el cual entran muchos arroyos de oro, así de las minas nuevas como de las viejas, el cual tiene una muy graciosa, alegre y rica ribera…»6
De ese lugar el famoso geólogo y paleontólogo William M. Gabb indicó lo siguiente: «En los montes de Monte Pueblo y Arroyo Madrigal, la roca atravesada por pequeñas venas innumerables de cuarzo rica en oro, varía de una arcilla a una pizarra talcosa cubierta con un suelo rojo de consistente espesor…Aguas arriba del Arroyo Madrigal, en la margen oriental de esta zona, encontré jaspes, esquistos arcillosos, arenisca…En la desembocadura del Madrigal…las pizarras son todas altamente jaspeadas…en Madrigal me serví del rico surtido de cantos rodados en el lecho del río para recoger una serie característica de esas sienitas…»7
Los españoles Francisco de Garay y Miguel Díaz, jefes de cuadrillas exploradoras, encontraron allí oro a golpe de vista, lo cual impulsó a niveles extremos la ambición de los conquistadores españoles.
En tierra de Villa Altagracia los colonizadores construyeron un fortín denominado Buenaventura, coronando sus alrededores con ranchos de madera y techos de ramas para guarecer a los esclavos indígenas utilizados en la recolección del referido metal amarillo y la tala de árboles.
Todavía en el año 2006 el oro de Madrigal era objeto de interés de inversionistas extranjeros. Así lo consigna el historiador Frank Moya Pons: «A partir de entonces, el oro se convirtió en un producto político.» De inmediato señala que exploraciones y concesiones auríferas eran comentadas en los medios de comunicación y cita entre otros lugares objetos del escrutinio público a «Madrigal, en Villa Altagracia.»8
Crueldades coloniales. Referencia histórica
Las crueldades que se cometieron en el ahora Municipio Villa Altagracia contra la población indígena, en los primeros años de la conquista y colonización, fueron incluso utilizadas muchos años después por autoridades españolas, para significar el supuesto valor de las mismas en la medición de la eficacia del gobierno.
Tal y como consta en la densa historia colonial, el 22 de febrero de 1533 la Real Audiencia integró una comisión compuesta por los señores Luis Colón, Alonso y Francisco Dávila, López de Berdecí, Castellón y Rodrigo de Bastidas, este último era a la sazón Obispo en Venezuela. El objetivo de dicho grupo era asesorar a las autoridades de entonces sobre cómo abordar los brotes de rebeldía en La Española.
Cinco días después dicha comisión evacuó su opinión señalando, en resumen, que la guerra efectiva era aquella en la cual se castigaba al máximo a los indígenas. Pusieron como ejemplo lo que les ocurrió a los que se rebelaron en las minas de oro del territorio que hoy es Villa Altagracia.
Al leer los farragosos alegatos de los indicados señores uno piensa que al redactarlos estarían recordando al emperador Cómodo, el cruel romano indigno hijo de Marco Aurelio. Aquel personaje diabólico y avaro, que controló el Imperio Romano en las décadas finales de la segunda centuria de la era cristiana, se creía ser la personificación de los dioses mitológicos Hércules y Mitra. Fue famoso por torturar esclavos y matar con sus propias manos a cientos de baldados y paralíticos que arrastraban sus miserias por las vetustas calles de Roma.
Primer reparto de tierra en América
Diferentes registros históricos coinciden en que en el lugar correspondiente al Municipio de Villa Altagracia fue que comenzó el reparto de tierras en el Continente luego llamado América. Los beneficiados de esos favores eran allegados e íncubos, en diferentes niveles, de la Corona de España.
En efecto, el 22 de julio de 1497 salió de las habitaciones reales de la ciudad Medina del Campo, en la Valladolid de Castilla y León, lo que entonces se llamaba una Cédula Real, mediante la cual la testa reinante española daba potestad a Cristóbal Colón para que repartiera tierra del llamado Nuevo Continente.
El autor de un libro sobre crónicas de San Cristóbal, refiriéndose a Villa Altagracia, con el apoyo de anotaciones históricas que reposan en archivos coloniales, relata que: «Es precisamente desde esa floreciente villa donde se inicia el reparto de tierras…cuyo reparto crearía las diferentes haciendas que durante largos años existieron desde la margen occidental del río Haina hasta el río Nizao.»9
Vale decir que lo que hace más de 500 años ocurrió con el reparto de la tierra de Villa Altagracia y sus contornos, como un proyecto seminal, luego se extendió a toda América Latina, provocando hechos concretos de abusos que se fueron prolongando en el tiempo, como los que describe Ciro Alegría en su novela indigenista El Mundo es Ancho y Ajeno, ambientada en las dos primeras décadas del siglo pasado.
La insigne pluma de Miguel de Cervantes también de alguna manera tocó el tema en cuestión cuando al detallar, en una obra cargada de ironía dramática, las andanzas en América del extremeño Filipo de Carrizales, escribió:
«Viéndose, pues, tan falto de dineros…se acogió al remedio a que otros muchos perdidos en aquella ciudad (Sevilla) se acogen, que es de pasarse a las Indias, refugio y amparo de los desesperados de España…salvoconducto de los homicidas, pala y cubierta de los jugadores…»10
El río Haina nace en Villa Altagracia
La cartografía vieja y nueva, así como los estudios hidrológicos más actualizados, registran el nacimiento del legendario Río Haina en la periferia más cercana del hoy Municipio de Villa Altagracia, teniendo su gran arrancada entre los parajes villaaltagracianos Los Mogotes y Arroyo Grande.
La loma La Campana, donde está la cabecera de dicho cinturón de agua lótica, se reparte entre ese municipio y la comunidad de Juan Adrián.
A pesar de que el indicado río recorre de un extremo a otro el Municipio de Villa Altagracia, son muy pocos los beneficios que obtienen sus moradores de esa riqueza hídrica; sin dejar de resaltar que la indolencia colectiva y la permanente desidia de las autoridades, han hecho que ese río se convierta en casi un estercolero.
Es oportuno decir que de conformidad con las estadísticas oficiales más de una cuarta parte del agua potable que llega a la capital dominicana procede de ríos y acuíferos de Villa Altagracia.
Lo dijo el sabio Marcano, pasando por Villa Altagracia
El profesor tamborileño Eugenio de Jesús Marcano Fondeur fue en su momento de mayor esplendor el naturalista dominicano por antonomasia.
Dicho lo anterior para poner en contexto e importantizar sus afirmaciones, emitidas en noviembre de 1986, de que en la parte alta del Suroeste de Villa Altagracia se produce un importante, notorio y visible cambio de dirección de la Cordillera Central.
Al hablar de la periferia de la loma La Campana, Marcano expresó: «Se podría casi decir que ella es el pivote sobre el cual la cordillera Central da su giro hacia el sur, porque es cerca de ahí, y con el cual la cordillera lleva ese ramal hasta cerca de San Cristóbal, que es el que se va viendo paralelo a la autopista del Cibao…la sierra de Ocoa no parece giro de la Central por ser más joven, del Eoceno… Y las montañas de Resolí y de Calabozo tampoco son de la cordillera Central.»11
Un centro de tortura en Villa Altagracia
Aunque se menciona muy poco en los cientos de libros publicados referentes a la tiranía de Trujillo, la realidad es que en el extrarradio del lado oriental de Villa Altagracia operó uno de los varios centros de torturas diseminados en diferentes lugares del país en la larga y oscura noche del régimen despótico encabezado por aquel sanguinario personaje.
La vieja edificación, originalmente formada por cinco celdas, constituye una marca imborrable de los horrores que padeció durante 30 años el pueblo dominicano. Aún está en pie y es usada para fomentar una piara.
En la República Dominicana, por una visión muy sesgada de la historia, no se han conservado los centros de terror donde fueron torturados y asesinados miles de dominicanos y no pocos extranjeros. En Europa, por ejemplo, lugares como Treblinka, Dachau, Auschwitz y otros centros de exterminio se mantienen con características de monumentos para recordar el sufrimiento y muerte de millones de personas.
Infolios amarillos de la historia dominicana también recogen actos de persecución política practicados en lo que hoy es Villa Altagracia y sus alrededores por el tirano Ulises Heureaux, el tristemente célebre Lilís.
Dicho lo anterior a contrapelo de lo que el mismo Lilís, haciendo uso de su máxima capacidad de simulación, le escribió el 3 de marzo de 1882 al General Gregorio Luperón: «La Presidencia, mi querido general, no me halaga, pues ella no puede darme más que un título, mientras que ambiciono algo más: necesito nombre y gloria.»12
Era el mismo personaje siniestro que seis años después escribía que en «la política yo no tengo amores; sigo un derrotero para llegar a la consecución de mi fin…»13
Distrito Judicial
Villa Altagracia es de los pocos municipios no cabecera de provincia que sirven de sede a un distrito judicial.
El aludido distrito judicial fue creado mediante la Ley No.159-03, cuyo artículo 2 reza así: «Se crea un Tribunal de Primera Instancia para el Distrito Judicial de Villa Altagracia, divido en una Cámara Civil, Comercial y de Trabajo, una Cámara Penal y un Juzgado de Instrucción.»14
Mezcolanza de creencias
Carlos Dore Cabral, un ilustre dominicano, cuya cultura compite con su inteligencia y con su calidad humana, publicó hace más de dos décadas un ensayo enfocado en la vida de los inmigrantes, especialmente los que trabajan en los bateyes dominicanos.
Uno de los puntos analizados por Dore Cabral en el escrito aludido se refiere al tema religioso, especialmente en la periferia. De su lectura se desprende que hay una verdadera mezcolanza, tanto en las ceremonias como en los matices que pautan el vínculo con la divinidad.
Recorriendo en temporadas especiales los bateyes de Villa Altagracia llamados 56, 59 y Lechería (donde interactúan rezos, desfiles religiosos, cánticos y movidas escenas de gagá) se comprueba que estos se ven retratados en la referida investigación:
«En la República Dominicana no existen estudios sociológicos nutridos con datos cuantitativos acerca de las prácticas religiosas de sus habitantes. Sin embargo, más de un estudioso de las mismas, por vía de etnohistoriografía o de la etnoantropología, señalan que en ese sentido las dominicanas y dominicanos practican una doble moral que los conduce a llamarse cristianos, y hasta participan en sus festividades, a la vez que participan con frecuencia en ritos de procedencia africana.»15
En las áreas bateyeras y pequeños núcleos poblacionales cercanos a ellas, dentro de la jurisdicción de Villa Altagracia, principalmente desde que se creó el ingenio Catarey, son más visibles entre dominicanos y haitianos las prácticas de creencias con un elevado componente de religiones animistas africanas.
Esa realidad de cristianismo, animismo y fetichismo robustece la tesis, no discutida, planteada al respecto por Carlos Esteban Deive en su obra de investigación Vudú y Magia en Santo Domingo.16
Sobre la realidad migratoria de que es víctima permanente el país hay muchas personas, tanto dentro como fuera, extranjeros y criollos desubicados, que difaman, calumnian y son hostiles a la República Dominicana, olvidando adrede que los vínculos de buen entendimiento de dominicanos y haitianos, creados entre otros factores por el sincretismo mágico religioso, ni siquiera pudo eliminarlos el feroz dueño de la usina azucarera instalada en Villa Altagracia a finales de la década de los años 40 del siglo pasado. Eso echa por tierra la infamia del manido tema racista que como losa pesada algunos le lanzan al pueblo dominicano.
Una cosa era la posición de Trujillo y otros racistas posteriores, y otra muy diferente es la actitud del solidario pueblo dominicano.
Propicio es recordar en este punto al gran novelista y poeta haitiano Jacques Stephen Alexis el cual en su novela Mi Compadre el general Sol pone lo que sigue en boca del personaje Josaphat:
«Antes había más consideraciones pero desde la subida de Trujillo habían empezado a tratar como a perros a los inmigrantes haitianos. Sin embargo los trabajadores habían apoyado a Trujillo porque se decía que su mamá era haitiana. ¡Por Dios, más habría valido que fuera alemana o turca!»17
Hay que decir, en honor a la verdad, que ese ilustre médico y literato haitiano, torturado y muerto por el régimen duvalierista, ambientó la atroz muerte de su personaje Hilarión como una obra del desgobierno trujillista, sin vincular al pueblo dominicano. Jacques Stephen Alexis nunca formó parte de la pandilla antidominicana, pues sabía que unos cuantos, de ambos lados fronterizos, son los que avivan el fuego de la enemistad entre los dos pueblos, por intereses mezquinos y particulares.
En el Batey Lechería, tan de Villa Altagracia como el barrio Los Arremangaos, es donde se nota más el arraigo de las comentadas creencias populares aplicadas en los niveles de la religiosidad popular. Es una comunidad donde se hace creíble el resultado de las investigaciones realizadas sobre el tema por el sociólogo Carlos Andújar Persinal en campos, bateyes y comunidades carenciadas del país.18
Política y religión en Villa Altagracia
Los vasos comunicantes entre religión y política han existido siempre, en cualquier parte del mundo, con sus altas y sus bajas. Así lo demuestra la historia de la humanidad. Huelga repetir ejemplos sonoros sobre esa realidad con distintivo universal.
Villa Altagracia, por ejemplo, a pesar de que en las primeras décadas del siglo pasado era una simple aldea, con más signos rurales que urbanos, fue un centro de mucho laborantismo político, donde la religión se usaba como mascarón de proa en el barco a la deriva que era la vida cotidiana criolla.
Dos ejemplos ilustran lo anterior: Una carta fechada 9 de agosto de 1940, bajo la firma de Bienvenido E. Vallejo, Presidente de la Junta Comunal del Partido Dominicano, dirigida al Arzobispo de Santo Domingo, Ricardo Pittini, en la cual solicitaba el envío a Villa Altagracia «el 16 de los corrientes, a las 10 horas de la mañana, de un sacerdote que oficie una misa a la preciosa salud del generalísimo doctor Rafael Leónidas Trujillo Molina, ilustre Benefactor de la Patria, jefe único y director del Partido Dominicano…Es deseo de todos los habitantes de esta villa, de orar en la casa de Dios por tan preciosa salud de su jefe amado…»
La respuesta positiva llegó de inmediato, pues al día siguiente de la dicha solicitud el canónigo Octavio Antonio Beras Rojas, a la sazón Canciller y Secretario General del Arzobispado de Santo Domingo, además de calificar el evento como una «manifestación de amor al gran dominicano…Benefactor de la Patria», le informaba al referido politicastro villaaltagraciano lo siguiente:
«Estando bajo mi directo cuidado toda la parroquia de Los Alcarrizos, bajo cuya jurisdicción se encuentra la iglesia de Villa Altagracia, comunico a Ud. que con mucho gusto enviaré el sacerdote que deba oficiar la misa del 16 a las 10 de la mañana en esa población…Deseo saber si la misa que Uds. quieren debe ser rezada o cantada.»19
Fin de la guerrilla de Caamaño
El desembarco por Playa Caracoles, en el hoy Municipio Las Charlas, provincia de Azua, que en sí fue la gesta reivindicativa conocida como la Guerrilla de Caamaño, terminó en horas de la noche del 25 de marzo de 1973, en territorio del municipio Villa Altagracia.
Uno de los guerrilleros sobrevivientes, Hamlet Hermann, lo narra así: «…Me refugié en una loma cercana al central Catarey de Villa Altagracia…empecé a hacer cálculos para entrar a la ciudad de Villa Altagracia. Una locura, pero fue así…Estuve aquel domingo en la mañana acumulando energías para el intento que haría de penetrar a Villa Altagracia a buscar alimentos…El desconocimiento del barrio en que me encontraba me llevó a pasar por delante de la oficina de guardacampestres del Central Catarey…a mí me capturan…luego de haber comprado provisiones en un colmado frente al ingenio azucarero.»20
Dos días antes de esa captura cayeron en la zona dos guerrilleros, abatidos por la avasallante superioridad militar del gobierno dominicano.
Orlando Martínez, dotado de un gran olfato político y conocedor de los entresijos de la política criolla de ese entonces, refiriéndose a la aludida captura llevada a cabo en Villa Altagracia, puntualizó al día siguiente, en su columna periodística, lo siguiente: «El testimonio de un guerrillero vivo pondrá las cosas en su lugar y nos informará a todos sobre la segunda parte del misterio del coronel Caamaño.»21
Distritos Municipales
Al municipio Villa Altagracia pertenecen los Distritos Municipales San José del Puerto, Medina y La Cuchilla. Los tres fueron creados en el año 2002.-22
El Congreso Nacional hizo en cada caso las consabidas ponderaciones sobre crecimiento poblacional, potencial económico y la existencia de entidades sociales, deportivas y culturales que permitían elevar esas comunidades de Secciones a Distritos Municipales.
Lo cierto es que recorriendo esos lugares se observa que a pesar de la mano depredadora del hombre todavía hay en cada uno de esos pequeños pueblos descendientes de aquellos robustos árboles de pino, cedro, coco, espino, roble, palma, y caoba que describió Gonzalo Fernández de Oviedo en la Historia General y Natural de las Indias.23
Bibliografía:
1- Clío No.194, año 1986, julio-diciembre 2017.P198. Emilio Cordero Michel.
2- Resolución fechada el 21 de abril de 1936, dictada por el Ayuntamiento de San Cristóbal.
3- Ley No.4882, promulgada el 27 de marzo de 1958.Bloque de Leyes del 1958.
4- Trujillo amado por muchos, odiado por otros, temido por todos. Editora Búho,2000.p182.Hans Paul Wiese Delgado.
5- Memorias de la Era de Trujillo1916-1961.Editora Amigo del Hogar, 2002.pp255 y 256. Ramón Emilio Saviñón.
6- Apologética Historia. Libro Primero, capítulo VII. Crónicas Escogidas. Editora Corripio, 1988.Pp592-596. Oviedo. Las Casas.
7- Sobre la topografía y geología de Santo Domingo. Editora Amigo del Hogar, 2005.Pp175,176. William M. Gabb.
8- El oro en la historia dominicana. Editora Amigo del Hogar, 2016.Pp 286,287.Frank Moya Pons.
9- Crónicas de San Cristóbal. Editora Corripio, 2001.P15. Ramón Puello Báez.
10-El celoso extremeño. Miguel de Cervantes Saavedra.
11-La Naturaleza Dominicana. Tomo 4.Editora Corripio, 2006.P501. Félix
Servio Ducoudray.
12-El Pueblo Dominicano (1850-1900). Editora UCMM, 1985.P173. Harry
Hoetink.
13-Misiva al general Manuel de Jesús Jiménez. 22 de junio de 1888. Antología
de Cartas del año1888.Ulises Heureaux.
14-Ley No.159-03.Bloque de Leyes del año 2003.
15-Migración, Raza y Etnia al interior de la periferia. Revista Ciencia y
Sociedad. Volumen XX, números 3 y 4.Julio-Septiembre 1995.Octubre-
Diciembre1995. P288. Carlos Dore Cabral.
16- Vudú y Magia en Santo Domingo. Fundación Cultural Dominicana, 1992.
Carlos Esteban Deive.
17- Mi Compadre el General Sol. Editora Taller,4ta. edición, 1974.P135. Jacques
Stephen Alexis.
18-Identidad popular y religiosidad popular. Editora Letra Gráfica, 2004. Carlos
Andújar Persinal.
19-La sumisión bien pagada. La iglesia dominicana bajo la Era de Trujillo (1930-
1961).AGN. Volumen LX, 2008.Editora Búho. José Luis Sáez. S.J.
20-El guerrillero y el general. Editora Alfa y Omega, Julio 1989.P332-335.
Hamlet Hermann Pérez y Ramiro Matos González.
21-La captura de Hamlet Hermann, 26 de marzo de 1973. Microscopio, tomo II.
Editora Taller.P89.Orlando Martínez.
22-Ley No.181-02. Ley No.188-02 y ley 189-02, respectivamente. Bloque de
Leyes del año 2002.
23-Historia General y Natural de las Indias. Libro Noveno, capítulos I, II, IV, VII,
VIII y IX. Crónicas Escogidas. Editora Corripio,1988.P287-303. Oviedo.Las Casas.
2019-04-27 01:01:18