

POR TEÓFILO LAPPOT ROBLES
Tres pueblos que pujan por su progreso
Veragua, Joba Arriba y Villa Magante son tres pueblos pequeños emplazados en el centro norte de la República Dominicana.
Los colores y olores de su flora variada convierten esas aldeas en lugares para la máxima contemplación de los viajeros que a ellas llegan en plan de conocer rincones del país. Su potencial turístico merece un impulso que permita su despegue hacia metas cada vez más elevadas.
La panorámica de esa zona está formada por un reino de mogotes, árboles, aves, peces, mariscos, agricultura, ganadería aguas espumosas con olas ondulantes del Océano Atlántico y personas laboriosas y hospitalarias.
Cuando se transita por estos ángulos del norte dominicano tentado está uno a pensar que detrás de la belleza que en ellos brinda la naturaleza hay toda una población con cuajadas jornadas de sacrificios colectivos. Demostrado está que las generaciones presentes y sus ancestros han contribuido al acervo de la historia del país.
Al visitar esos pobladitos y conectar su agitada actualidad con los hechos del pasado en que fueron escenarios de acciones de resonancia nacional llegan de golpe a la memoria muchas de las reflexiones del gran banilejo Rafael Herrera Cabral; como aquella que publicó el 24 de junio de 1964:
«…a través de las alternativas favorables o adversas que han afectado la vida institucional dominicana, siempre han surgido, como obra de milagros y en la hora necesaria, hombres que han sabido asumir en los momentos más críticos y angustiosos, la patriótica responsabilidad de mantener, con desinterés y sacrificio, la estabilidad y hasta la propia supervivencia de la República.»1
En Veragua un haz de flores que eclosiona en primavera se convierte en un maravilloso espectáculo de la creación.
En Joba Arriba el brote en serie de mazorcas de cacao en la superficie del tallo principal de un robusto cacaotero es un deleite visual.
Quien pueda extasiarse en Villa Magante a contemplar las olas espumosas de playa Rogelio disfrutará de un espacio-tiempo ideal (sin complicaciones teóricas de la relatividad) para reflexionar sobre los encantos de la naturaleza dominicana.
Los tres pueblitos mencionados han sido, en diferentes etapas, parte de la historia nacional, pero se caracterizan más por servir de lugar de destino de familias dedicadas al trabajo productivo y a la vida sencilla, que en resumen es la modalidad pueblerina típica de cualquier comarca criolla.
Son pequeños núcleos con perfiles urbanos que conquistan a los visitantes por su tranquilidad y, también, por el suave carácter del conjunto de sus moradores.
Cuando un forastero curioso entra en conversaciones abiertas con habitantes de Villa Magante, Veragua o Joba Arriba puede captar que de sus palabras brotan frases que reflejan su apego a la tierra donde viven y su orgullo por los aportes que hacen a la sociedad dominicana, todo lo cual se traduce en aquello que de diferentes maneras se ha expresado sobre la objetividad y la subjetividad que acompañan a los seres racionales.
En conexión con lo anterior es válido citar, para aplicarlo a los moradores de esa zona país, un brevísimo extracto de la Carta Pastoral que el 21 de enero del 2004 publicó el Episcopado Dominicano: «El ser humano no sólo conoce lo que le rodea-qué es y para qué sirve-, sino que es capaz de valorarlo, de calibrar qué grado de necesidad o conveniencia tiene para él…El valor de las cosas es objetivo…El mundo de los valores subjetivos es importantísimo, ya que un ser humano será siempre lo que sean sus valores…»2
Hasta no hace muchos años Veragua, Joba Arriba y Villa Magante eran simples Secciones, donde la vida campestre, con claras señales bucólicas, estaba presente en el desenvolvimiento diario de sus habitantes, lo cual se ha proyectado hacia el presente, ya teniendo las tres categoría de Distritos Municipales.
Pudiera decirse de ellas, guardando el tiempo de más de mil ochocientos años, lo que se atribuye a Rodrigo Díaz de Vivar, en el Cantar del Mío Cid, refiriéndose a un pueblo de la ribera del río Duero, en la España Medieval:»muy buena villa, de habitantes siempre mesurados.»3
Esas tres comunidades se caracterizan por tener una producción combinada de frutos de la tierra las dos primeras y del mar la última.
Pescados, mariscos y moluscos llegan por las costas de Villa Magante, y desde los surcos rurales de Veragua y Joba Arriba brotan plátano, cacao, yuca, yautía, maíz, ñame, guineo, etc.
Esos pueblos también tienen una tradición ganadera que forma parte de sus más significativos activos. Son considerables sus aportes a alimentación de una parte del pueblo dominicano.
Del estudio y la verificación in situ de esas tres pequeñas comarcas se comprueba que están dotadas una de hermosas playas, abundantes mangles y cocotales y otras de fértiles valles y extensas lomas que contribuyen al esplendor de la serranía de esa área del país en la colindancia con vista al Océano Atlántico de la Cordillera Septentrional.
La espléndida belleza natural que exhiben con orgullo esos poblados reclama la intervención tanto del Estado Dominicano como del sector privado, a fin de que se creen infraestructuras que hagan posible que el desarrollo social y económico llegue allí.
Oportuno es indicar que desde su anonimato del pasado emerge la convicción de que fueron lugares por donde transitaron patriotas restauradores, en sus afanes de devolver la soberanía a la patria.
Joba Arriba, Villa Magante y Veragua no figuran en los manuales de historia con sus nombres, sino englobados en las comunidades grandes que son más cercanas, y de las cuales tradicionalmente han formado parte, pero del contexto general de los análisis de nuestro pasado se extrae la conclusión lógica de que contribuyeron, en la medida de sus pequeñas posibilidades, a las luchas libertarias del pueblo dominicano.
Distrito Municipal Villa Magante
El Distrito Municipal Villa Magante fue creado mediante la Ley 15-06, cuando la entonces Sección Magante fue elevada de categoría.4
Es un pueblo costero, con una extensión territorial de 90 kilómetros cuadrados, dentro de los cuales viven miles de habitantes. Pertenece al municipio Gaspar Hernández y hace parte de la provincia Espaillat.
Al analizar el texto legal mediante el cual este pequeño pueblo, ubicado a la orilla del Océano Atlántico, fue impulsado en la tablilla municipal dominicana se comprueba que desde hace más de 15 años ha mantenido cierto nivel de movilidad ascendente de su población, así como la creación de entidades escolares, deportivas y culturales para la mejor formación de los niños y jóvenes que componen parte de su demografía.
En la actualidad el turismo ocupa el principal renglón de su diversificada economía, con visitas diarias de turistas nacionales y extranjeros, los cuales encuentran allí y en sus alrededores habitaciones hoteleras y una gastronomía capaz de satisfacer exigentes paladares.
Necesario es destacar que Villa Magante es un Distrito Municipal reconocido en la escala económica nacional como gran productor de cacao y una amplia gama de otros productos agrícolas.
La ganadería bovina, tanto intensiva como extensiva, es también uno de los ejes fundamentales de los ingresos de una parte de sus habitantes. Hay allí predominio de pequeños hatos para el fomento de vacas lecheras.
La cabecera del Distrito Municipal Villa Magante tiene un nombre vegetal: Las Yaguas.
Las Secciones que integran la parte rural de ese territorio dominicano son Vereda al Medio, La Cantera y Tres Ceibas, las cuales se mantienen con sus hábitos rurales de antaño.
Entre los parajes que también forman parte de Villa Magante, de conformidad con la mencionada ley, caben mencionarse Los Firmes, El Oro, El Mango, La Hicotea, Arroyo Prieto, La Ciénaga, El Limón, Los Puyones, El Tablón, Los Pinos, El Gajo, Churumbunés, El Bachateo y La Sufridora. Así de surtida y sonora es la toponimia dominicana!
Playa Rogelio
La famosa playa Rogelio, con su boulevard y sus chiringuitos para la venta de comidas, especialmente de pescados y mariscos, está dentro del territorio de Villa Magante.
La temperatura cálida de sus aguas y su arena entre blanco hueso y dorado son atractivos para que sea un destino preferido de muchos turistas criollos y extranjeros.
Las actividades que allí se realizan contribuyen con la economía familiar de sus moradores, constituyéndose en los últimos años en una especie de motor impulsor de esa pequeña comunidad, habitada por personas laboriosas, simpáticas y acogedoras.
Álvarez Chanca en el 1493
Por los frentes de la frontera marítima de lo que hoy es el Distrito Municipal de Villa Magante cruzó Cristóbal Colón en su segundo viaje intercontinental.
El doctor Diego Álvarez Chanca, célebre médico que acompañó al almirante genovés en dicho viaje, escribió en el 1493 una carta al cabildo de Sevilla, en la cual desgranó muchos detalles de esa travesía atlántica.
Viajando en ruta de cabotaje desde Samaná hasta Montecristi los integrantes de la flota española pudieron verificar los encantos naturales de esa zona del país. Por las múltiples descripciones que a través del tiempo se han hecho de lo que hoy es Villa Magante y sus entornos, y lo que hoy mismo se observa como belleza tropical, la conclusión es que Álvarez Chanca en parte de su largo relato se refería a esos lugares.
Álvarez Chanca, con sus notas cargadas de anomalías gramaticales, viéndolas desde las técnicas de redacción de nuestros días, quedó impresionado por muchas de las cosas que vio.
Hace referencia a una tierra muy singular, donde alcanzó a ver ríos, sierras, valles, montañas. Dijo: «sospecho que nunca se secan las yerbas en todo el año…»
La alusión del médico viajero era al extendido territorio de la faja norte del país, donde está enclavada Villa Magante.
Al referirse a los indígenas el referido galeno español dijo: «Toda esta gente, como dicho tengo, andan como nacieron, salvo las mujeres de esta isla traen cubiertas sus vergüenzas, dellas con ropa de algodón que les ciñen las caderas, otras con yerbas e fojas de árboles…Lo que parece desta gente es que si lengua toviésemos, que todos se convertirían, porque cuanto nos ven facer tanto facen, en hincar las rodillas a los altares, e al Ave María, e a las otras devociones e santiguarse…»5
Distrito Municipal Joba Arriba
Joba Arriba es una tierra de agricultores y criadores de vacas en pequeña escala. Pudiera decirse que en esta comarca, más rural que urbana, es tradición que existan familias donde los miembros se reparten las labores agrícolas y pecuarias.
Antes el destino casi exclusivo de las proles familiares de esa comunidad era el de ser labradores esforzados, para sacar el mejor provecho a la tierra, o avispados pastores de vacas y otros animales domesticados.
Por fortuna nunca se ha producido en ese asentamiento humano un hecho como el que se narra en el Génesis de la Biblia, con el fundador de la primigenia ciudad de Henoc, que lo fue el labrador y fratricida Caín, y su hermano y víctima, el pastor de ovejas Abel.6
Hasta entrada la última década del siglo pasado Joba Arriba era una Sección del Municipio Gaspar Hernández. El último día del año 1993 se promulgó la ley que cambiaría muchas cosas para sus moradores, en términos de administración pública.7
En efecto, la antigua Sección de Joba Arriba fue llevada a la categoría de Distrito Municipal mediante la Ley 47-93, promulgada por el Poder Ejecutivo el 31 de diciembre del 1993. Está claro que merecía ese ascenso en el nomenclátor dominicano.
Para esa fecha la aldea contaba con más de 15 mil habitantes distribuidos entre sus diferentes parajes, dedicados en su gran mayoría a labores agropecuarias. Ya para entonces había allí clubes sociales, centros comunales y asociaciones de productores de cacao, todo lo cual hacía factible que la entonces Sección subiera un peldaño en la escalera de la distribución administrativa del país, de conformidad con las bases de sustentación que dieron origen al referido texto legal.
El Distrito Municipal Joba Arriba está situado en el cuadrante comprendido al Norte por la Sección Bejuco Blanco, al Este la provincia Duarte y el Río Arroyazo, al Sur el Municipio Tenares y al Oeste la Sección El Jobo.
En la cartografía de Joba Arriba se observan integradas a la misma tres Secciones: La Piragua, Jagua Clara y El Higüero.
Entre los parajes que también integran ese Distrito Municipal están La Culata, Los Ramones, El Sisal, La Vereda, La Sabaneta, Legía, Guaranal, Gajo Malo, Arroyo Blanco, La Lomota, La Jíbara, Los Alcarrizos, Piragua al Medio, Gina Clara, El Majagual, Boca Meneguén, Caliente, La Filipina, Quezada y Los Hoyos.
Distrito Municipal Veragua
El nombre de Veragua viene del título nobiliario que como parte del conjunto de prebendas se le otorgó a un personaje que fue Gobernador de la Colonia La Española.
Es pertinente indicar que a partir de la llegada de Cristóbal Colón y sus acompañantes a esta parte del mundo las ciudades, aldeas y villorrios que los españoles iban formando a lo largo y ancho de la isla La Española los bautizaban igual que pueblos y personajes de la llamada madre Patria. Una simple mirada lineal a un mapa del país revela esa realidad.
En sentido general respetaron la toponimia de los caseríos de los taínos, pero a partir del lejano 5 de diciembre de 1492, y mientras los conquistadores españoles tuvieron el más mínimo control, no hubo designaciones nuevas con referencias indígenas.
En esa fecha, para decirlo con palabras del gran intelectual e historiador mexicano Fernando Benítez, «Colón, vestido de calzas, con unos gregüescos bordados, un sombrero emplumado y un capotillo, llevando en una mano el estandarte real y en la otra una espada desnuda, acuchilló un árbol y pronunció, arrogante, estas palabras: -Tomo posesión de esta tierra en nombre de sus majestades los Reyes Católicos, Doña Isabel de Castilla y Don Fernando de Aragón.»8
Esa prohibición de los nombres indígenas para denominar lugares se extendió hasta la llamada España Boba. Pasó mucho tiempo para que otros pueblos dominicanos fueran bautizados como Enriquillo, Tamayo, Anacaona, Bohechío, etc.
El caso de Veragua es un ejemplo que edifica lo anterior. El Ducado de Veragua fue creado por el rey Carlos I de España en el 1537, siendo su primer titular el almirante Luis Colón, el hijo mimado de Diego Colón y de María Álvarez de Toledo, y por lo tanto descendiente directo, a título de nieto, del Cristóbal Colón.
El historiador Washington Irving hace un largo recuento sobre este personaje, que fue gobernador de La Española durante tres años, y cuyo título nobiliario se le impuso a una porción de tierra que ahora es el Distrito Municipal Veragua.9
El Distrito Municipal Veragua fue creado a partir de la Sección del mismo nombre, la cual fue elevada de categoría mediante la Ley 107-99, promulgada el 16 de noviembre del 1999.10
El Congreso Nacional decidió crear ese nuevo Distrito Municipal tomando en consideración que la entonces Sección Veragua había mantenido un considerable movimiento social y económico con el incremento de su población, la creación de escuelas, iglesias, clubes deportivos, culturales y diversos establecimientos comerciales.
Por los encantos naturales del lugar también influyó en esa decisión el incipiente turismo que para entonces se abría paso, el cual al presente ha ido avanzando, aunque su reducida infraestructura ha impedido su pleno florecimiento.
El Distrito Municipal Veragua es clave, en términos agrícolas, para la zona donde está ubicado, pues es el mayor productor de plátanos, con inmensas plantaciones de esa musácea en el Batey Ginebra y otros puntos de su demarcación.
Además, Veragua tiene una alta cuota en las cosechas de maíz, yuca, batata y otros productos extraídos de sus fértiles tierras.
En la parte pecuaria también dispone de un papel importante en la economía de su región, con el fomento de una ganadería de leche y una creciente producción de carne de reses y cerdos.
Por disposición del artículo 3 de la ley de su creación el Distrito Municipal de Veragua tiene tres Secciones, a saber: Batey Ginebra, Rincón de Veragua y Caño Dulce.
Otros lugares de la campiña de Veragua son los parajes Las Marías, Calolín, Boca de Yásica, La Lometa, La Piña, La Cuchara, La Hebra, Alto Grande, Los Guaos, Cruz de Gen y Las Canas.
Bibliografía:
1-Vida Dominicana. Tomo I Editora del Caribe, 1979.P103. Rafael Herrera Cabral.
2-Documentos de la Conferencia del Episcopado Dominicano 1998-2006-Impresora Amigo del Hogar, 2008.Pp242, 243.
3-El Cantar del Mío Cid. Autor anónimo. Edición popular, 2012.
4-Ley No.15-06, promulgada el 3 de febrero del 2006. Bloque de Leyes del 2006.
5-Cristóbal Colón. Diario de Navegación y otros escritos. Carta del doctor Diego Álvarez Chanca al cabildo de Sevilla, 1493.Pp 255-276.Editora Corripio,1988.
6- Génesis, capítulo 4, versículos 2-15.
7-Ley No.47-93, del 31 de diciembre del 1993. Bloque de Leyes de 1993.
8-1992¿Qué celebramos, qué lamentamos?Editora Taller,1992.Pp17 y 18.Fernando Benítez.
9- Historia de la vida y viajes de Cristóbal Colón. Traducción de la primera edición por José García Villalta. Washington Irving.
10-Ley No.107-99, promulgada el 16 de noviembre de 1999. Bloque de Leyes de 1999.
2019-07-06 08:12:23