Cultura

LA FED Y LA AUTONOMÍA DE LA UASD CON CARO ÁLVAREZ

Por Sebastián del Pilar Sánchez

La tarde del jueves 13 de julio de 1961 se convocó una asamblea de estudiantes en la antigua Universidad de Santo Domingo, para formar una entidad gremial con el nombre de Federación de Estudiantes Dominicanos (FED), que lucharía por la autonomía económica, financiera y administrativa de ese alto centro de estudios, a fin de ponerlo a tono con la modernidad generada por el movimiento de reforma universitaria que surgió en la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina, en junio de 1918 y que tuvo un gran impacto en la antigua capital inca del Cuzco, en el Perú, donde en 1919 se realizó el primer congreso estudiantil liderado por el joven Víctor Raúl Haya de la Torre, quien en su calidad de presidente de la Federación de Estudiantes adhirió a la reforma su proyecto de creación de universidades populares para el desarrollo de los conceptos de autonomía, cátedra libre, representación estudiantil, derecho a huelga y relación obrero-juvenil.

Los dirigentes estudiantiles dominicanos estaban influidos por la reforma de Córdoba y las elevadas metas sustentadas no sólo por Haya de la Torre, sino también por otros líderes latinoamericanos de mucha valía como Julio Antonio Mella, fundador de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), de Cuba, que dieron brillo a la actividad gremial conduciendo adecuadamente el movimiento universitario en sus respectivos países.

La revolución educativa y gremial en América Latina marcó sus huellas en el fortalecimiento de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECH), fundada el 21 de octubre de 1906 y el surgimiento de las primeras asociaciones estudiantiles que fueron la Federación Universitaria Argentina (FUA), creada el 11 de abril de 1918; la FEU, de Cuba, establecida el 20 de diciembre de 1922 y la Federación de Estudiantes de Costa Rica, instaurada el 28 de septiembre de 1953.

La tarde del jueves 13 de julio de 1961, decenas de jóvenes se congregaron temprano en la Universidad de Santo Domingo, en el paraninfo de la Facultad de Ciencias Médicas «Doctor Defilló», para constituir el primer gremio de estudiantes dominicanos que exigiría al gobierno del presidente Joaquín Balaguer dictar una ley de autonomía y fuero universitarios como las que normaban la existencia de varias universidades latinoamericanas.

El principio de autogestión imperaba en la Universidad de San Carlos de Córdoba, Argentina, desde 1919; en la Universidad Nacional Autónoma de México, desde 1929; en la Universidad de Bolivia, desde 1931; en la Universidad de Chile, desde 1931; en la Universidad de San Carlos de Guatemala, desde 1944; en la Universidad de Costa Rica, desde 1949; en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, desde 1957; en la Universidad de la República de Uruguay, desde 1958; en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, desde 1958 y en la Universidad Central de Venezuela, desde 1958.

El pedimento de autonomía era el principal planteamiento de aquella asamblea estudiantil, en la que se encontraban como aparentes espectadores el arquitecto José Antonio Caro Álvarez, rector universitario y los doctores Rogelio Lamarche Soto y Salvador Lluberes Peña, vicerrectores, quienes ocupaban los asientos principales en la mesa de honor.

Una gran algarabía provocó la llegada de un grupo de jóvenes que lucían impecables de los pies a la cabeza, con sus camisas de color azul marino, pantalones de kaki y zapatos lustrados, los cuales entraron ordenadamente al salón, llevando una pancarta anunciando su apoyo a la creación del nuevo gremio estudiantil. Eran estudiantes de secundaria del Colegio Dominicano de La Salle y portaban un gigantesco cartel donde se podía leer a distancia: «El estudiantado lasallista se une a la FED», que fue paseado por todo el salón, en medio de una cerrada y estruendosa ovación de los presentes.

También se sumó al acto una delegación de la influyente Unión de Estudiantes Revolucionarios (UER), que operaba en los liceos y escuelas públicas del país, llevando otro letrero más pequeño que tenía un mensaje de solidaridad con los universitarios; y enseguida, la concurrencia comenzó a cantar el himno nacional y se inició el acto con las palabras de apertura del estudiante de medicina Víctor Manuel De Camps Cáceres, quien fungía de maestro de ceremonias y presentó la agenda y al primer orador, Armando Antonio Hoepelman Ripley, un joven estudiante de Filosofía.

Hoepelman comenzó su discurso diciendo que el propósito de esa reunión era «constituir y organizar una agrupación de estudiantes que, dentro del respeto de las leyes y el orden público, sirviese de un modo eficaz a la defensa de los derechos y los intereses legítimos de los estudiantes, así como a la consecución de todo aquello que contribuya al progreso y el bienestar tanto del estudiantado como de la Universidad».

El joven bachiller se refirió al derecho que tenían los estudiantes dominicanos a estar en una universidad donde recibiesen educación libre de trabas y normas compulsivas propias de una escuela elemental; y defendió la «libertad académica», el concepto desarrollado en 1897 por el profesor y economista estadounidense Edward Webster Bemis, de la Universidad de Chicago, incorporado luego a todas las constituciones universitarias democráticas.

Hoepelman ilustró que se entendía por libertad académica el derecho de alumnos y profesores universitarios a investigar la verdad en torno a cualquier tema de su libre elección, así como el derecho a interpretar sus descubrimientos y comunicar sus conclusiones al público sin ser penado o molestado dentro o fuera de la institución.

También valoró «el derecho de un profesor y un alumno a ejercer la libertad de hablar, de escribir, de asociarse en federaciones o instituciones análogas, sin ser molestado por nadie ni ser despedido del cargo académico o cancelado su matrícula universitaria». Y resaltó asimismo que era de vital importancia para la universidad conseguir su autonomía y fuero para poder administrar con libertad los fondos asignados por el Estado y seleccionar su propio personal docente en beneficio de catedráticos, funcionarios y estudiantes.

Dijo que con esa autoridad de gestión, la Universidad podría organizar y administrar su patrimonio y darse una estructura de gobierno tipo colegiado que resultare de un proceso interno de votaciones, para poner fin a la era de autoridades designadas por decreto del Poder Ejecutivo, donde un rector tenía categoría de ministro de Estado, según señalaba el decreto emitido por el presidente Jacinto Bienvenido Peynado, con el número 530 de enero de 1940.

Hoepelman aseguró que el gremio estudiantil que se estaba constituyendo no tendría intereses partidistas, «porque esto crearía divisiones dentro de los mismos miembros de nuestra institución que pertenezcan a facciones políticas diferentes», y dijo que éste debía erigirse «sobre todo en la unidad del estudiantado dominicano encaminada hacia los más altos fines que son prepararse para la obtención del bien común, para su mantenimiento y su defensa».

Luego habló el bachiller Eduardo Delgado y se refirió a la manera como se desenvolvería la federación estudiantil, con una correcta orientación ajena a las riñas partidarias, para no desviarse a «los enfangados caminos del oportunismo». Y señaló que esa reunión tenía por fin «dejar ya formada para siempre nuestra Federación de Estudiantes Dominicanos.

Dijo que correspondía a sus fundadores el honroso atributo de explicar el tema de que «la Sociología moderna nos está pidiendo a viva voz la unión de estas masas estudiantiles hasta ayer informes, para que ya debidamente unidas puedan luchar por los intereses propios que deberíamos poseer, y son precisamente los estudiantes universitarios los individuos que al estar debidamente capacitados contribuyan a la educación cívica del pueblo».

El joven bachiller afirmó que «los tímidos, los cobardes, los perezosos y los retraídos no son más que escorias que tarde o temprano serán dejados a un lado, no admitiremos estancamientos de ninguna especie, nuestra juventud debe ser fuerza viva en constante trabajo; trabajo que nos dignifique, trabajo que nos ennoblezca, tenemos que seguir el ritmo sociológico de los primeros países del mundo, y para seguir el ritmo de transformación es necesario una acción mental única, una invariable valentía y una fuerza moral indestructible, y por eso somos nosotros precisamente los más aptos, ya por razones naturales, ya por necesarias».

También indicó que se debía preparar a cada miembro de la sociedad para que fuese a la vez discípulo y maestro y se transforme en un ciudadano consciente de sus deberes y derechos; pero con una conciencia clara de que «la educación debía comenzar en la niñez, para formar en el chico el primordial y básico concepto de la responsabilidad social», que unida a una intensa vida cívica escolar formaría un verdadero ciudadano, «que actúe no pasivamente en asambleas, sino marcando errores, ganando el hábito de la libertad y la idiosincrasia, arrebatando de sus manos la tea incendiaria de la ignorancia que tantas lágrimas nos había ocasionado».

El tercer orador fue el estudiante de medicina José Eugenio Villanueva, quien pidió la libertad inmediata del bachiller Manuel de Jesús (Cucho) Rojas Fernández, un joven que había sido hasta entonces la figura principal del proyecto de constituir la FED y dirigió la primera manifestación estudiantil celebrada en la Universidad durante la mañana del domingo 9 de julio de 1961.

Esa manifestación fue reprimida y dispersada por patrullas que encabezaba el propio jefe de la Policía, coronel Luis Enrique Montes de Oca, con el alegato de que no había sido autorizada por el Ministerio de Interior y Policía, y Cucho guardaría prisión en el cuartel general policial, acusado de formar parte de un grupo de jóvenes incendiarios que le pegó fuego a la radioemisora oficialista Radio Caribe.

Villanueva lo defendió señalando que su acusador, llamado Fabio Inoa, era «un asalariado personaje de una empresa afectada» y un «cínico delator de lo falso», y al final de su defensa le pasó el micrófono a su compañero Rafael Francisco Alburquerque De Castro, quien leyó una carta enviada al presidente Balaguer por el comité gestor de la FED, donde se le decía que esa organización no tenía carácter político y comenzaba agrupar a todos los estudiantes que quisieran ingresar en ella para promover entes activos en la comunidad, y fomentaría una serie de actividades dentro de las normas y prácticas consagradas por el uso y la costumbre del mundo occidental, para contribuir a un eficaz cumplimiento de la misión que compete a la Universidad.

La misiva también decía que para alcanzar sus metas se emplearían «medios y procedimientos estricta y rigurosamente legales que mantengan y aumenten la simpatía de que estamos seguros gozamos ya en todo el orbe americano».

También, la carta le pedía al mandatario garantías de apoyo a los estudiantes «que por motivo de encarcelamiento político se vieron obligados a suspender sus estudios en la Universidad» y no habían podido aún reanudarlos.

El acto continuó con la escogencia del comité provisional de la FED, que quedó integrado por su vocero, Manuel de Jesús (Cucho) Rojas Fernández; Asdrúbal Domínguez Guerrero, Eduardo Delgado, Leopoldo Grullón, Oscar Lama Habib, Miguel Genao y Daniel Céspedes, de la Facultad de Ingeniería y Arquitectura; Víctor De Camps Cáceres, José Eugenio Villanueva y Alfredo Loinaz, de la Facultad de Ciencias Médicas; Rafael Francisco Alburquerque De Castro, Antonio Isa Conde, Joselyn Rodríguez Conde y Zaidita Lovatón Ginebra, de la Facultad de Ciencias Jurídicas; Armando Antonio Hoepelman Ripley, de Filosofía; Mariano Fiallo, Rubén Álvarez Rodríguez y Antonio Cuello Hernández, de Finanzas; Eduardo -Petit- Houellemont Roque, de Farmacia; y Ubaldo Francisco Roa, de Química Industrial.

El vocero escogido -Rojas Fernández- era el único de esos dirigentes electos con problemas judiciales, ya que la Policía lo mantenía prisionero y lo investigaba por su presunta participación en la quema de la estación radial señalada, en la que murieron dos personas y hubo pérdidas materiales estimadas en un millón de dólares. Pero tres días más tarde, el presidente Balaguer anunció que sería libertado, tras comprobarse la falsedad de la imputación y ser declarado libre de culpa por la justicia.

La mañana del 16 de julio de 1961, el presidente Balaguer dispuso la celebración de un acto en el Palacio Nacional, para hacer formal entrega del estudiante de Derecho Cucho Rojas, de 25 años, a su padre, el señor Manuel de Jesús Rojas Delgado, en una audiencia realizada en un salón contiguo a su despacho, donde exhortó al joven libertado a proceder siempre dentro del marco de las leyes y el orden. El estudiante agradeció al primer mandatario que ordenara su libertad, elogió la ecuanimidad de la justicia al juzgar su caso y se comprometió a actuar siempre de acuerdo a las leyes.

En el acto también habló el padre de Cucho, quien a nombre de su hijo, de su esposa Corina Fernández de Delgado y de toda su familia, agradeció el gesto de consideración del jefe del Estado.

Por último, vale señalar que el principal propulsor de la iniciativa de lucha por la autonomía de la Universidad, fue el rector, arquitecto José Antonio Caro Álvarez, aunque fue separado del cargo el 15 de septiembre de 1961 por un decreto del Poder Ejecutivo que nombró en su lugar al procurador general de la República, licenciado José Manuel Machado.

Caro Álvarez había llegado a la rectoría el 8 de julio de ese año en lugar del propio Machado y se había desempeñado antes como ministro de Obras Públicas, contribuyendo a la modernización del país al ejecutar proyectos importantes como la construcción del Palacio de la Policía, los edificios de las facultades de Ingeniería y Ciencias Médicas de la UASD, el Ministerio de Educación, la Maternidad Nuestra Señora de la Altagracia, el Banco Central y el hospital Robert Reid Cabral.

Se dijo entonces que Caro Álvarez había sido víctima de la malquerencia de Ramfis Trujillo, que pidió su destitución; pero se nos ocurre creer que pudo tener otra causa, tal vez fue un adelanto del patrón de conducta que observaría el presidente Balaguer con sus subalternos, los cuales no tendrían en el futuro luz propia o brillo en sus cargos.

Poco después de la destitución del reconocido arquitecto, el 31 de diciembre de 1961, el presidente Balaguer promulgó la Ley No. 5778, que concedía autonomía y fuero a la Universidad, recayendo así en otra rectoría el mérito de ese logro político que le hubiera dado fama y reconocimiento histórico.

La transformación de la Universidad, a partir de la puesta en vigencia de esa ley, fue acelerada por la convulsión política que afectaba al país en 1961, con la comunidad internacional en acecho y sometido a un severo bloqueo económico impuesto desde el año anterior al régimen de Trujillo por la Organización de Estados Americanos (OEA), durante la VI Conferencia de Cancilleres celebrada en San José, Costa Rica, en represalia contra el atentado criminal dispuesto por el dictador contra la vida del presidente de Venezuela, Rómulo Betancourt, ocurrido el 24 de junio de 1960.

No hay que olvidar que el 30 de mayo de 1961 ocurrió la muerte de Trujillo y el presidente Balaguer se vio compelido a desmontar la estructura dictatorial del régimen, permitiendo el 5 de julio la llegada al país de la Comisión de la Libertad encabezada por los exiliados dirigentes perredeístas Ángel Miolán, Nicolás Silfa y Ramón A. Castillo, para iniciar el proceso de democratización de la sociedad dominicana que culminaría en la realización de unas elecciones libres en 1962.

Tampoco se debe olvidar que la familia Trujillo seguía detentando el poder y por esa situación Balaguer confrontó muchas complicaciones, hasta el punto de que en septiembre de 1961 y en presencia de una comisión de la OEA, el país fue estremecido por el ametrallamiento de miles de personas que se habían concentrado en el lado occidental del puente Juan Pablo Duarte de la Capital, para ver pasar a los comisionados del organismo regional. Entonces se produjo allí el asesinato del doctor Víctor Rafael Estrella Liz y del señor Manuel Martínez Cabrera, así como una gran cantidad de heridos.

La represión volvería a manifestarse poco más tarde, el día 20 de octubre, con los violentos sucesos de la calle Espaillat, donde murieron el obrero José Ignacio Cerda y el estudiante Tirso Roldán Vargas Almonte, lo que originó que cuatro días más tarde la OEA enviase a Santo Domingo una nueva comisión de derechos humanos para conocer la realidad dominicana.

No debe tampoco olvidarse que en medio de esa situación de inestabilidad social y anarquía, advino la matanza de los héroes del 30 de Mayo, la salida definitiva del país de Ramfis Trujillo y la decisión de Balaguer de complacer a los estudiantes universitarios, mediante la concesión de la Ley No. 5778, que dio autonomía y fuero a la más vieja universidad del nuevo mundo.

2019-09-25 11:28:24