

POR TEÓFILO LAPPOT ROBLES
Municipio Eugenio María de Hostos
El antropónimo del Municipio Eugenio María de Hostos es un merecido homenaje del pueblo dominicano a ese gran puertorriqueño, antillano por antonomasia, que en el siglo XIX hizo grandes aportes en favor de la educación del pueblo dominicano.
El hoy Municipio Eugenio María de Hostos fue la primera Sección del país que tuvo la categoría de Distrito Municipal, para aquel tiempo con el topónimo de La Ceiba, tal y como se comprueba al examinar las actas edilicias de la entonces común de Castillo, fechadas el 13 de septiembre del 1913.-1
Además de La Ceiba también se llamó en el pasado Monte Abajo. Luego se le identificó como Ceiba de Hostos, a partir de que el ilustre educador antillano se guareciera de los rayos furentes del sol debajo del frondoso follaje de una ceiba gigantesca que allí vivía, aprovechando una parada técnica del tren que lo llevaba desde Sánchez hacia La Vega.
Tal vez bajo el cobijo de ese generoso árbol, que luego estaría vinculado con su memoria, Hostos pensaba en la convulsa historia dominicana para desde su conocimiento difundir por todos los rincones del país la necesidad de construir mejor el presente que se vivía entonces.
La expresión popular e informal de «La Ceiba de Hostos» fue el germen para que después se oficializara su nombre para ese municipio apacible, pero cargado de historia.
Más de 90 años después alcanzó la categoría de Municipio, por disposición de la Ley 124-04, promulgada el 5 de marzo del 2004.
De conformidad con dicha ley para darle la calificación política-administrativa de Municipio a ese territorio del Nordeste se tomó en cuenta su movimiento económico, social, cultural y demográfico.
Vista la cartografía nacional se verifica que ese municipio tiene una extensión territorial de 78 kilómetros cuadrados. La composición de esa tierra es de alta calidad, muy propicia para la agropecuaria y también para la silvicultura.
El artículo 4 del referido texto legal dispone que: «La zona urbana del municipio Eugenio María de Hostos estará compuesta por la población de Hostos y la rural, por las Secciones y parajes siguientes: Sección Acicate, con sus parajes Juan Díaz Abajo y La Sabana de la Ceyba. Sección Cerrejón, con su paraje El Atoro. Sección Isleta, con sus parajes Cruce de Los Javieles y Cien Tareas.»2
Al amparo de la ley de su creación el Municipio Eugenio María de Hostos tiene como límites los siguientes puntos: Al Norte el Municipio Castillo. Al Sur: la provincia Sánchez Ramírez. Al Este: Municipio Villa Riva y al Oeste: Municipio Pimentel.
Aunque la ley no lo precisa la realidad es que por su lado austral este municipio recibe al río Yuna; por el lateral oriental discurre el río Yaiba; por su costado poniente va el agua del río Jaiguá. Al llegar al punto limítrofe con el territorio de Castillo se encuentra también con la antigua vía férrea y el río Cemí.
Municipio Hostos, Río Cemí y La Cohoba
No es ocioso decir que el nombre de ese último río (Cemí) es mencionado 41 veces por Ramón Pané, el fraile de la orden de San Jerónimo que durante 4 años (1496-1500) recogió muchas informaciones de la cultura de los indígenas, dadas por ellos mismos, quienes «creyeron en él».
Pané fue el primero en dejar constancia escrita de la teogonía de los habitantes que encontraron aquí los españoles en el 1492, quienes tenían una visión de la vida y del Universo que en nada se parecía a la épica grecolatina descrita poéticamente por el filósofo griego Hesíodo.
El clérigo jerónimo Pané, que llegó a esta tierra caribeña en el segundo viaje de Cristóbal Colón a América, plasmó sus informaciones en su obra Relación Acerca de las Antigüedades de los Indios. Ese libro fue publicado en el país con prólogo del Obispo e historiador Hugo E. Polanco Brito, en el 1988.-3
Tal vez ese río llamado Cemí, que pasa por los contornos del Municipio Eugenio María de Hostos, era uno de los lugares donde presidían ceremonias indígenas esos sabios espirituales de los tiempos precolombinos conocidos como shamanes o behíques, quienes en medio del rito de la cohoba dejaban extasiados a los concurrentes.
Por algo ese cinturón de agua dulce que se acerca al territorio bautizado como Eugenio María de Hostos se llama Cemí, la figura taína tan mencionada por el citado fray Ramón Pané, de quien dicen Marcio Veloz Maggiolo y Daniela Zanin que «habiendo vivido por un período junto a los indios para recoger sus testimonios, este autor puede ser considerado como el primer etnólogo o etnógrafo del Nuevo Mundo.»4
Hasta finales del siglo XIX el hoy Municipio Eugenio María de Hostos estaba dedicado exclusivamente a la agricultura y la ganadería, siendo sus tierras ubérrimas para ambas actividades.
El paso cercano por allí del ferrocarril que enlazaba el puerto de Sánchez con La Vega, una gran ciudad mediterránea, en su sentido de interior del valle del Cibao, provocó un frenético intercambio comercial en la comunidad entonces conocida como La Ceiba. Las pruebas documentales son abundantes al respecto.
Eugenio María de Hostos, el personaje
Hostos creo la conocida Escuela Normal del país, cuya filosofía descansaba en enseñar de manera metodizada, mediante sistemas pedagógicos modernos para su época, y priorizando el aprendizaje de las ciencias.
El boricua nacido en Mayagüez fue orientador político, forjador de conciencias, creador de libros, director de periódicos, como el llamado Las Tres Antillas, ahogado en su tercera edición por presión gubernamental, en agosto de 1875.
La admiración hacia su esplendente figura era inmensa, a pesar de sus adversarios gratuitos. El historiador higüeyano Vetilio Alfau Durán lo bien calificó así: «Hostos, el político moralista.»5
El humanista Mariano Lebrón Saviñón tuvo hermosas palabras para él:»La educación florece bajo el impulso de gente abnegada como el padre Billini, pero alcanza grados de primera magnitud con la llegada al país del gran americano, nacido en Puerto Rico, Eugenio María de Hostos…»6
En la introducción de un anecdotario de Víctor M. De Castro sobre Lilís, Américo Lugo denominó a Hostos como «el más formidable adversario que tuvo nunca Heureaux», y concluye con esta sabrosa anécdota:
«-Señor Hostos, le dijo Lilís, yo le recibo como recibía Napoleón a Talleyrand. ?General Heureaux, le respondió el Sr. Hostos, descubriéndose de nuevo, ni usted es Napoleón ni yo soy Talleyrand. El general se quitó el gorro.»7
Hostos, que era masón, como muchas meritorias figuras de la humanidad, sostenía que «la política sin moral es indignidad.» El creía que con esfuerzo y educación la República Dominicana sería respetada fuera de sus fronteras.8
El prócer cívico Pedro Francisco Bonó, en carta fechada el 15 de junio de 1884, luego de hacer un largo recuento de las vicisitudes sufridas por el pueblo dominicano, invitó al ilustre antillanista Eugenio María de Hostos «a luchar contra los imbéciles.»9
Bonó alentaba a Hostos desde su rectitud moral, y desde su atalaya de grandes conocimientos. Valga la digresión para decir que para ambos, que privilegiaban el sentido racional de las cosas y priorizaban la búsqueda de la verdad desde la objetividad de la investigación, no era ajeno el pensamiento del ilustrado San Ambrosio, quien sostenía que «toda verdad dicha por quien sea es del Espíritu Santo.»
Como se sabe, Hostos fue víctima de muchas persecuciones, que no se limitaban al hostigamiento político de Lilís y otros políticos en ejercicio del poder, sino también desde el ámbito del pensamiento, por sus orientaciones docentes. Aún muchos años después de su muerte Trujillo y Balaguer, entre otros, fueron persecutores de su hazaña educativa a favor del pueblo dominicano.
Uno de los casos tal vez más emblemáticos sobre el acoso contra el abnegado educador caribeño está contenido en una carta de Meriño, fechada el 15 de marzo del 1900, en la cual tildaba de sofistas a los seguidores de Hostos: «…Salimos de un tiranuelo y caímos en brazos de los sofistas…»10
En diferentes ocasiones Eugenio María de Hostos se refirió a la importancia de la equidad entre los dominicanos y explicó los escollos que tenían los pobres para vivir con dignidad, al tiempo que denunciaba los problemas que tenía la producción agrícola criolla, planteando soluciones para enfrentar los males que denunciaba.11
Hostos murió en Santo Domingo el 11 de agosto del 1903, pero Rodríguez Demorizi sostenía que estaba sano de cuerpo y que falleció de «asfixia moral», por las incomprensiones y especialmente por las revueltas escenificadas en diversos lugares del país en los años 1902 y 1903. Sus restos descansan en el Panteón Nacional.
Muchas obras se han escrito sobre Eugenio María de Hostos, pero tal vez una de las más significativas fue la publicada en el 1904 por sus alumnos, titulada «Eugenio M. de Hostos. Ofrenda a su memoria», en la cual condensan una miríada de opiniones muy merecidas a su ilustre persona e incluyeron dos páginas que cual tesoros le dieron más alta relevancia al contenido de la misma.12
Municipio Castillo
Castillo antes se le conocía como Los Yayales, después le decían Juana Díaz y a partir de 1895, ya convertido en un cantón, su nombre era Nigua, por el río que por allí pasa.
Es uno de los municipios de la provincia Duarte, en el Nordeste del país. Es, también, una de las comunidades más antiguas de las que integran el territorio con el cual se honra al Padre de la Patria Juan Pablo Duarte, después de que la capital provincial, con la oposición del pueblo, pasara durante décadas por el oprobio de haber sido bautizada como Pacificador, que era uno de los apodos del dictador Ulises Heureaux.
En la segunda década del siglo XVIII comenzó a formarse el caserío que con el tiempo se convertiría en la dinámica población que sirve de enlace a diferentes ciudades, pueblos y aldeas del Nordeste.
Para el 1885 era solo una Sección, con el aspecto bucólico de todo lo rural, pero 11 años después fue elevado a Distrito Municipal. El 9 de septiembre de 1907 lo transformaron en municipio, momento en el cual también se le cambió el nombre de Nigua por Castillo para honrar al héroe independentista y gran munícipe de la zona Manuel Castillo Álvarez.
En el año 2010, cuando se realizó el más reciente censo de población y vivienda, se registró que en esa comunidad había 15,709 habitantes; de los cuales 9397 vivían en la zona rural, constituyendo el 59.82% del total. En la parte urbana se censaron 6,312 personas, para un 40.18%.-13
Cementerio indígena
En el poblado de Los Cachones, perteneciente al Municipio Castillo, investigadores de la arqueología nacional descubrieron un cementerio indígena en cuyo interior se encontraron cadáveres humanos, restos de cerámicas, conchas de moluscos, cemíes y otras expresiones propias de la cultura precolombina.
Por las especificaciones de dichas piezas se pudo determinar que era un camposanto de taínos y ciguayos y que correspondía a la etapa en que el cacique Guarionex dirigía el Cacicazgo de Maguá, el cual con sus 21 nitaínos abarcaba lo que ahora es el Nordeste y parte del Noroeste de la República Dominicana y una porción del Norte de Haití.
El cacao de Castillo
El Municipio Castillo está considerado como uno de los mayores productores de cacao del país, con un significativo aporte que supera el 25% de la producción nacional.
El cultivo del alimento llamado por los griegos de la antigüedad como el manjar de los dioses hizo acto de presencia en esa hermosa tierra Nordestana desde hace más de cien años, bajo el impulso visionario del mocano de origen suizo Gregorio Riva, y otros productores y comerciantes que como él entendieron tempranamente la importancia del teobroma cacao en la economía criolla.
De acuerdo a las clasificaciones internacionales el cacao del Municipio Castillo está certificado como de los mejores del mundo. Sigue siendo uno de los pilares fundamentales del sustento de cientos de familias de la zona.
En el Municipio Castillo no se practica el monocultivo, pues allí también hay una gran producción de café, arroz, musáceas, tubérculos, frutos menores y, también, se observa una ganadería bovina con un eficiente y tecnificado manejo.
Manuel Castillo Álvarez, el personaje y sus genes
Manuel Castillo Álvarez fue un héroe independentista, cuyos méritos nadie ha osado cuestionar. Fue un aguerrido y sobresaliente combatiente por la libertad del pueblo dominicano.
Nació en la ciudad de Santo Domingo el 2 de febrero de 1796, pero desde joven se estableció en San Francisco de Macorís, donde formó familia y fue una figura pública destacada. Falleció en el 1856.
Los infolios amarillentos de nuestra historia recogen su accionar, antes y después del trabucazo de su pariente Mella, en la Puerta de la Misericordia.
Antes de proclamarse la Independencia Nacional fue víctima de la persecución y captura de los ocupantes haitianos que mancillaban desde hacía más de dos décadas la soberanía nacional.
El aludido apresamiento de Manuel Castillo Álvarez lo describe José Gabriel García indicando que cuando el general Charles Hérard Ainé recorría los pueblos del Cibao, en el 1843, para imponer su autoridad usurpada, se encontró con obstáculos en varios sitios de la zona. En ese estado de rebeldía inocultable se movía con gran diligencia esa figura procera de nuestro pasado, que lo fue Castillo Álvarez.
Los movimientos represivos de Hérard estuvieron motivados, entre otras razones, por «la denuncia dada por La Chicharra». Ese era un periódico manuscrito, creado en 1834 por Manuela Rodríguez.14
La historia registró que el presidente Charles Hérard: «Prosiguiendo su camino llegó a San Francisco de Macorís sin anunciarse, y fue recibido con tanta indiferencia, que le pareció encontrar «sumidos en una especie de estupor», no solo al pueblo, sí que también a la Guardia Nacional y a la municipalidad, la cual acababa de destituir al teniente coronel Charlot, que mandaba la común. Comenzó por dar orden de prisión contra el cura, presbítero Salvador de Peña…concluyendo por encarcelar como cómplices suyos a Manuel Castillo Álvarez, a José de Peña, a Ildefonso Mella, a Juan Bautista Ariza, a Baltazar Paulino, a Alejo Jerez y a Esteban de Aza….»15
Quedó anotado para la posteridad que en febrero de 1844: «San Francisco de Macorís había respondido al pronunciamiento de la capital, a diligencia de Manuel Castillo y Álvarez y sus demás compañeros durante las persecuciones de 1843.»16
Al proclamarse la Independencia Nacional se creó, en fecha 30 de mayo de 1844, una sociedad de carácter patriótico denominada Amigos del País, la cual tenía entre sus objetivos principales recaudar fondos para cubrir el pasaje de retorno a la República Dominicana de todos los exiliados carentes de dinero.
Para tales fines se crearon agencias recaudadoras en los principales pueblos de la naciente República. En San Francisco de Macorís se designó como representante de esa benemérita institución a Manuel Castillo Álvarez.
Su hijo Manuel María Castillo Medrano fue un héroe restaurador, consagrado como tal por sus hechos en diversas batallas bélicas. En su clásica obra de genealogía dominicana Carlos Larrazábal Blanco lo presenta así: «Manuel Castillo Medrano, prócer de la Restauración, murió en San Francisco de Macorís.»17
Un hito de la valiosa vida de Castillo Medrano que merece resaltarse es que fue uno de los principales actores de la rebeldía del pueblo francomacorisano, el 23 de marzo de 1861, cuando allí se arriaba la bandera tricolor dominicana confeccionada por Concepción Bona para en su lugar izar la insignia española.
También se rebeló contra los múltiples intentos de Buenaventura Báez por hacer del país un protectorado de los EE.UU. Siendo diputado, en representación de La Vega, hizo trizas el contrato de arrendamiento de la Bahía de Samaná que le presentaron en el Congreso para su firma, lo que motivó que lo encarcelaran en la fortaleza Ozama. Su intrépida acción, que encolerizó a Báez y sus secuaces, evitó que se enajenara esa hermosa península del Nordeste dominicano.
Ya octogenario Castillo Medrano se opuso vigorosamente, en el año 1916, a la intervención en el país de tropas estadounidenses, y activó fuerzas cívicas para no hacerles grata la estadía en tierra dominicana a los intrusos armados que vinieron «del Norte revuelto y brutal.»
La estirpe patriótica de la que formó parte prominente el General Manuel Castillo Medrano sufrió un gran retroceso cuando su nieto Pelegrín Castillo Agramonte (hijo del referido combatiente anti anexionista Manuel María Castillo Medrano) apoyó de manera entusiasta, en el 1916, la ocupación del país por parte de grandes contingentes de soldados estadounidenses, tal y como se comprueba en una colección de artículos que publicó en el Listín Diario ese fatídico año, y que luego se recogió en un pequeño tomo titulado La Intervención Americana, 1916.
Incluso sostenía dicho señor que la República Dominicana no nació viable, sin ni siquiera reparar, para sostener ese despropósito, en su vínculo familiar colateral con el patricio Ramón Matías Mella Castillo. Es evidente que el jurista y orador de fácil verbo Pelegrín Castillo Agramonte tenía una visión muy lábil sobre el concepto de la dominicanidad.
Rompiendo todo criterio de sensatez ese nieto de un héroe independentista e hijo de un héroe restaurador llegó a escribir que la lucha que libraba el pueblo dominicano para zafarse de las garras del invasor de entonces no era más que «vanidades e imperdonables ligerezas, la neurosis de nuestro patriotismo literario.»18
En la obra titulada Defender La Nación, puesta a circular en junio de este año en Madrid, Isabel De León Olivares aborda el papel de los intelectuales dominicanos durante los ocho años en que los EE.UU. ocuparon el país, en la segunda década del siglo pasado. Ella cita algo de las muchas declaraciones de Pelegrín Castillo Agramonte en favor de los invasores.19
En cambio, resulta al menos extraño que esos virulentos ataques hechos por Pelegrín Castillo Agramonte a la Patria intervenida por una feroz soldadesca extranjera fueran excluidos por un señor de nombre Alejandro Paulino, compilador de un libro que recoge las opiniones de intelectuales criollos sobre ese abominable tramo de nuestra historia. Es como si se quisiera sepultar en un olvido maquinado ese baldón ignominioso.20
Distrito Municipal Sabana Grande, de Hostos
La Sección Sabana Grande fue elevada a Distrito Municipal, como parte del Municipio Eugenio María de Hostos, en virtud de lo que así disponen los artículos 2,6 y 7 de la ya mencionada Ley 124-04.
Sabana Grande, de Hostos, posee tres Secciones: Culata Abajo, La Culata y María Hernández. También tiene tres parajes: La Yuca, La Culata al Medio y El Resbalón.
Su ámbito territorial está enmarcado en el cuadrante que tiene al Norte la Sección Los Cachones, de Castillo. Al Sur el Río Yuna, en su desplazamiento por el Distrito Municipal Platanal. Al Este el Municipio Eugenio María de Hostos y al Oeste una de las orillas del Municipio Pimentel, por donde le llaman Campeche Abajo.21
Por el interior de ese distrito municipal cruzaba el camino de hierro que a finales del siglo pasado revolucionó la economía de gran parte del Cibao con las exportaciones e importaciones que se hacían a través del puerto de Sánchez.
Sabana Grande, de Hostos, tiene una considerable producción de cacao de óptima calidad y, además, produce con facilidad productos diversos, especialmente plátano. Las dificultades de tránsito por allí son extremas, lo cual mantiene en una especie de adormecimiento a esa comunidad.
En el pasado Sabana Grande, de Hostos, era reconocida como productora en alta escala de arroz, pero con la merma del caudal de agua de ríos de la zona como Yuca y Tablón se fue extinguiendo de allí el cultivo de ese producto básico de la dieta dominicana.
Ahora hay grandes fincas para el fomento de una ganadería vacuna extensiva, a cielo abierto. El conjunto de su producción agropecuaria contribuye de manera notoria con la economía del municipio y de la provincia de los cuales forma parte.
Bibliografía:
1-Actas sala capitular del Ayuntamiento Común Castillo. Septiembre 1913.
2-Ley No.124-04, artículo 4, promulgada el 5 de marzo del 2004.Bloque de Leyes 2004.
3-Relación Acerca de las Antigüedades de los Indios. Editora Corripio. Mayo,1988. Fray Ramón Pané.
4-Historia, Arte y Cultura del Nuevo Mundo. Editora Universitaria UASD, 1999. P182.Marcio Veloz Maggiolo y Daniela Zanin.
5-Vetilio Alfau Durán en Anales. Escritos y Documentos. Editora Corripio, 1977.P196.
6-Historia de la Cultura Dominicana. Amigo del Hogar, 2016.P23.Mariano Lebrón Saviñón.
7-Cosas de Lilís. Editora Taller, 1977.Pp 9 y 10. Prólogo de Américo Lugo. Autor Víctor M. de Castro.
8-Hostos en Santo Domingo. Editor Sociedad Dominicana de Bibliófilos, 2004.Compilador Emilio Rodríguez Demorizi.
9-Papeles de Pedro F. Bonó.P13.Editora del Caribe, 1964.
10-Carta de Meriño a Bonó.15 de marzo de 1900.
11-Periódico La Industria, edición No.5.Junio 1882.Eugenio María de Hostos.
12-Eugenio M. de Hostos. Ofrendas a su memoria. Imprenta Oiga, Sto. Dgo.1904.
13-IX Censo de Población y Vivienda, año 2010.
14-Historia del periodismo escrito en la República Dominicana, 2018. Autoría colectiva.
15-Obras Completas, tomos I y II. Editora Amigo del Hogar, 2016.P427. José Gabriel García.
16-Ibídem.P446. José Gabriel García.
17-Familias Dominicanas. Tomo II.P122.Editora del Caribe, 1969.Carlos Larrazábal Blanco.
18- La Intervención Americana, 1916. Imprenta Listín Diario, 1916.Pelegrín Castillo Agramonte.
19-Defender la Nación, intelectuales dominicanos frente a la primera intervención estadounidense 1916-1924.Pp219 y 220.AGN.Volumen CCCLIV, 2019. Isabel de León Olivares.
20-Los intelectuales y la intervención militar norteamericana, 1916-1924.Editora Centenario, 2017.AGN.volumenCCCII.Alejandro Paulino Ramos.
21-Ley No.124-04.Artículo 7. Promulgada el 5 de marzo del 2004. Bloque de Leyes del 2004.
2019-10-05 04:38:56