Cultura

PIZARRETE, CATALINA Y CARRETÓN, ENTRE EL MAR Y LA MONTAÑA



POR TEÓFILO LAPPOT ROBLES

La cara fea de la pobreza

Cuando se recorren los pobladitos y aldeas que conforman la geografía de los distritos municipales Pizarrete, Catalina y Carretón se observan las carencias de todo tipo en que viven sus moradores y se constata que en materia de ingresos para vivir están en eso que los economistas llaman el primer quintil, vale decir que están encajonados en un círculo de pobreza lastimosa.

En esos tres pueblos con sus caseríos y vecindarios cercanos está anclada, al parecer con pretensiones permanentes, la pobreza con su cara fea y sus tenazas tenebrosas.

Frente a esa cuadro de indefensión socio-económica hay que reivindicar (sin entrar en particularidades filosóficas) el pensamiento del sabio colombiano Germán Arciniegas cuando en su obra América Ladina señala que: «América surge en el mundo, con su geografía y sus hombres, como un problema…De todos los personajes que han entrado a la escena en el teatro de las ideas universales, ninguna tan inesperado ni tan extraño como América.»1

Agua de riego

Para no detallar una ristra de privaciones me limitaré a indicar el que tal vez sea el problema mayor de esa demarcación del país: la poquedad del agua de riego para los cultivos de los agricultores pequeños y medianos. El Ing. Agrón. Ramón Arturo Guerrero Valera (quien fuera un brillante experto en asuntos agropecuarios) denunció esa situación hace más de 40 años.

Se refería él a la lucha de intereses y dificultades en torno al sistema de regadío del Canal Marcos A. Cabral, varias regolas y otras obras vinculadas con la presa de Valdesia, con afectación directa a las esperanzas de un mejor porvenir para los productores agrícolas de los mencionados poblados de Pizarrete Carretón, Catalina y comarcas circunvecinas.

En una formidable labor de investigación, efectuada en julio de 1979, y cuya veracidad se proyecta hasta el presente, Guerrero Valera planteó una palpable discriminación, resumida en la inseguridad, ineficiencia e inequidad en la conducción y distribución del agua de riego.

Desgraciadamente, con el paso del tiempo, se han cumplido allí los efectos negativos de esa situación, los cuales fueron previstos por ese gran dominicano nacido en el Municipio de Guerra y fallecido a destiempo.2

Los ramales de agua para irrigación de una parte de la tierra de las llanuras y mogotes de esa zona han favorecido a un emporio agroindustrial que opera en el lugar, y a dos o tres grandes propietarios de fincas, castrando así las posibilidades de que los campesinos reciban en la cantidad y frecuencia necesarias el vital líquido para sus pequeñas parcelas.

Las reiteradas denuncias que con el paso de los años han venido haciendo los labriegos por diferentes vías, y particularmente a través de la junta de regantes Nizao-Valdesia, es una prueba elocuente de sus apuros.

Distrito Municipal Pizarrete

El Distrito Municipal Pizarrete está situado a piedemonte del último tramo de la vertiente sur de la Cordillera Central. Por uno de sus laterales cruza el río Nizao, el cual contribuye con la agricultura de una porción de su territorio.

Antes de llegar a esa población, por su principal ruta de entrada desde la carretera Sánchez, a unos tres kilómetros de distancia de la misma, se contempla un paisaje exuberante, al margen de la plantación de caña de azúcar que le precede, la cual resulta monótona a la vista.

Es un pueblo pequeño, integrado al Municipio Nizao, Provincia Peravia. Una regola le cruza por el medio.

Los límites del Distrito Municipal Pizarrete son los siguientes: Al Este el Río Nizao. Al Sur el D.M. Santana. Al Oeste el D.M. Carretón y al Norte el D.M. Las Barías.

El IX Censo Nacional de Población y Vivienda, efectuado en el año 2010, arrojó como resultado que Pizarrete tenía para entonces 6,369 habitantes, la mayoría de ellos dedicados a labores agrícolas de conuquismo.3

Por el paisaje arquitectónico y otros elementos que se captan al primer golpe de vista se trata de un pueblo con mayoría de moradores de extracción social humilde, pero con deseos de ser hospitalarios, lo cual se comprueba cuando un foráneo se acerca a preguntar cualquier cosa sobre la comunidad.

A pesar de sus precariedades cotidianas los pizarreteros son optimistas, y jamás practican aquello de la mística barata del sufrimiento, de la cual habló con gran sabiduría, no hace mucho tiempo, en su autobiografía, el cardenal italiano Ángelo Scola.4

Enfrentamientos armados en Pizarrete

En el circuito territorial de Pizarrete hubo varios enfrentamientos entre los restauradores y los anexionistas. Su ubicación entre una parte de la vertiente sur de un ramal de la Cordillera Central y un extenso valle lo hacía un objetivo militar importante a conquistar.

En uno de esos combates fue apresado, en el 1864, el escritor y luchador patriótico Francisco Gregorio Billini, quien 20 años después llegó a la Presidencia de la República y más tarde legó a las letras nacionales la clásica novela costumbrista Baní o Engracia y Antoñita.

Al ser capturado en Pizarrete por tropas anexionistas fue mantenido en prisión hasta que varios meses después las tropas españolas salieron en desbandada del territorio dominicano.

Baecistas sublevados contra Presidente Espaillat

A finales de julio del 1876 hubo enfrentamientos en Pizarrete entre tropas gubernamentales y milicias baecistas, estas últimas encabezadas por los generales Marcos A. Cabral, banilejo, y el azuano Valentín Pérez, quienes pretendían derrocar al gobierno del presidente y prócer nacional Ulises Francisco Espaillat.

En su obra Reseña Histórica de Baní Joaquín S. Incháustegui recoge el siguiente detalle: «En Pizarrete. En su avance, la revolución tuvo que librar en Pizarrete una acción con fuerzas del Gobierno al mando de Damián Lugo, quien tuvo que retroceder ante el número de los contrarios.»5

Lo cierto es que los hombres armados partidarios del Partido Rojo no pudieron derribar entonces al gobierno constitucional del digno Presidente Espaillat, aunque eventos posteriores le impidieron cumplir el período gubernamental para el cual había sido electo.

La anarquía de diferentes grupos civiles y militares, contrarios al progreso, la honestidad y la democracia, hicieron sucumbir esa especie de interludio de decencia política que fue su administración.

Esas y otras acciones armadas desarrolladas en Pizarrete validan plenamente los conceptos del médico y novelista capitaleño Francisco Moscoso Pueblo cuando en su Carta No.4 a Evelina dice: «El corazón de mis compatriotas se hincha de satisfacción cuando se les habla de escaramuzas, de emboscadas, asaltos, triunfos o derrotas…la sangre nos fascina y nada nos parece más bello que una sonata de balas.»6

Huracanes en Pizarrete

Pizarrete ha tenido el infortunio de ser visitado varias veces por esos huéspedes indeseados que son los huracanes y las tormentas tropicales, los cuales han dejado daños considerables, especialmente en su agricultura.

Cuando la fuerza incontenible de esos fenómenos de la naturaleza llegan y afectan a Pizarrete parece que una fuerza misteriosa impulsa a sus habitantes para no dejarse aniquilar. Con una descomunal fuerza de voluntad se ponen en acción y en poco tiempo comienzan reponerse de manera admirable.

El mejor ejemplo de lo anterior está en una laboriosa y distinguida comunitaria de esa localidad, dueña de un pequeño comercio, cuyo espíritu vivaz y tenacidad para enfrentar los desafíos de la vida, le han permitido romper estereotipos de mojigatería social.

Al conversar con la aludida pizarretera me hizo recordar a poeta francés Charles Baudelaire, el cual en su poema La Máscara se refiere a la Fuerza y a la Elegancia, a cuya mancuerna él le da condición de hermanas divinas: «La Elegancia y la Fuerza abundan, hermanas divinas/ Esta mujer, trozo verdaderamente milagroso/ Divinamente robusta, adorablemente esbelta…»7

El Presidente Mota era dueño de Pizarrete

El que fue primero Vicepresidente y luego Presidente de la República (mayo-octubre de 1856), Manuel de Regla Mota, les compró en el 1820 los terrenos que hoy forman el Distrito Municipal de Pizarrete a los hermanos Correa y Cidrón, quienes eran, entre otras cosas, curas jesuitas.

Ese renombrado caudillo banilejo vivió por muchos años en dicho territorio y desde allí, en su condición de santanista absoluto, celebró la Anexión a España e hizo oposición armada a los dignos restauradores que luchaban por devolverle al pueblo dominicano su soberanía conculcada.

Ex Presidente Guillermo escondido en Pizarrete

Los relatos sobre las peripecias del fugitivo ex Presidente de la República Cesáreo Guillermo describen que (antes de proseguir en huida hacia donde encontró la muerte por suicidio) hizo una parada breve en Pizarrete, pasando de ahí a la comarca de Sombrero, donde dio los toques finales a su alzamiento fallido contra el gobierno presidido por el famoso general seibano y fervoroso lilisista Alejandro Woss y Gil, hombre de gran bravura y excelente acervo cultural, de quien Max Henríquez Ureña indicó, en su libro Panorama histórico de la literatura dominicana, que era «el intelectual desconocido.»

Luego de Pizarrete y Sombrero Cesáreo Guillermo estuvo en el hoy Municipio Estebanía. En el puente de Boca del Vía se salvó de una lluvia de balas. Finalmente se suicidó en el paraje El Orégano, de Azua, el 8 de noviembre de 1885.

Arzobispo Roque Cocchia en Pizarrete

Al parecer las paradisíacas condiciones que brindaba la naturaleza en Pizarrete, sobrepasada la mitad de la centuria del siglo XIX, hacía que los más ilustres visitantes de la principal ciudad del valle de Peravia visitaran esa entonces aldea.

Fue el caso el famoso Arzobispo Roque Cocchia, Delegado Apostólico del Papa Pío IX, quien cubría Santo Domingo, Venezuela y Haití; con funciones eclesiásticas de carácter administrativo en el país.

En julio de 1875 el Arzobispo Cocchia hizo una visita de trabajo a Baní. Durante 6 días no sólo revisó los paramentos de las iglesias, los libros parroquiales, el cementerio banilejo, al cual calificó de corral, por los cerdos y vacas que vio pululando en su interior, sino que también pudo ir a varios puntos rurales con algunas casas habitadas por campesinos depauperados. Visitó a Pizarrete cuando retornaba a la ciudad primada de América.

Antes de salir de los dominios del valle de Peravia Roque Cocchia, al tiempo que otorgaba su «Pastoral bendición», emitió un auto de excomunión, con carácter de ipso facto, para los que se dedicaban a incendiar propiedades en la zona.8

Fue una visita de gran impacto, pues se trataba de un alto prelado con condiciones excepcionales, que ejerció como vicario apostólico de Santo Domingo desde el 21 de septiembre de 1874 hasta el 18 de abril de 1882.

Para que se tenga una breve pincela del personaje que posó su mirada y pisó varios rincones del valle de Peravia es pertinente consignar que de Fray Roque Cocchia y Vitale escribió el historiador Vetilio Alfau Durán lo siguiente:

«Era capuchino y escribió una historia de las Misiones de su Orden. Este ilustre prelado fue el verdadero descubridor de los restos del gran almirante Cristóbal Colón en la Catedral de Santo Domingo el 10 de septiembre de 1877.»9

Distrito Municipal Catalina

Cuando el Congreso Nacional decidió convertir a Catalina en un distrito municipal adherido a Baní, dentro de la Provincia Peravia, tomó en cuenta una serie de elementos positivos que especialmente sus moradores invocaron para dejar atrás su condición de Sección.

Su producción agrícola, a pesar de las dificultades, el espíritu emprendedor de sus habitantes, la creación de clubes culturales y deportivos, las escuelas y centros comunales para impulsar proyectos colectivos hacen de ese distrito municipal una comunidad interesante.

Además del poblado cabecera, llamado también Catalina, ese Distrito Municipal tiene en su geografía a las aldeas La Delicia, Carretalina, Batey, Colonia Catalina y San José.

Está enmarcado entre el Mar Caribe que baña su lado Sur; al Este colinda con territorio de Nizao; al Oeste se encuentra con Paya y al Norte con Carretón.

En el 2004, cuando se debatía en el Congreso Nacional la pertinencia de convertir a Carretón en Distrito Municipal se indicó, y así consta en los documentos legales de su creación, que ese lugar del valle de Peravia tenía 7,000 habitantes.

No obstante lo anterior, el último Censo de Población y Vivienda del país, realizado en el año 2010, arrojó para el Distrito Municipal Catalina la cifra de 3,436 habitantes.10

En ese caso, como quién sabes en cuántos más, alguien dio puntadas sin hilo, puesto que sería extraño que en pocos años se haya producido una emigración superior a la mitad de la población de Catalina. O los manejadores del referido Censo erraron o los congresistas abultaron el número de sus moradores.

Punta Catalina

En el siglo XIX el historiador José Gabriel García, en su labor de investigador de la geografía nacional, describió a una parte del extremo sur del hoy distrito municipal de Catalina así: «Punta situada en la costa del Sur en la desembocadura del río de su nombre, formando el extremo occidental de una ensenada que abarca a Boca Nigua y Puerto Viejo y tiene por término al oriente la punta de Palenque.11

Ahora en esa referida Punta Catalina hay un muy controversial y gigantesco recinto electrógeno, que ha creado un mar de discusiones en los ámbitos políticos y económicos nacionales.

Desde el ámbito gubernamental se alega que esa usina eléctrica (como dicen en Sudamérica) resolverá el antiquísimo problema nacional de electricidad, pero otros sectores importantes del país consideran que no hubo la debida transparencia en el coste de la misma. Se considera que esa obra ha sido una mala inversión para las arcas públicas.

Las cacicas Catalina

Aunque en el rastreo informativo sobre la onomástica geográfica de esa comunidad no hay nada que indique cómo surgió su nombre, y en razón de que el poblado existe desde los tiempos coloniales, es bien fundada la creencia de que fue puesto en honor a una de las tantas cacicas de nombre Catalina que pueblan nuestra más remota historia.

El historiador Emilio Rodríguez Demorizi, en un laborioso trabajo sobre el papel que en defensa de los indígenas tuvieron los sacerdotes de la orden predicadores o dominicos («héroes espirituales de América») con motivo de la aplicación de Las Encomiendas de indios en la isla La Española, recopiló breves historias sobre el destino de varias cacicas de nombre Catalina, víctimas todas de ese horrible sistema de esclavitud.

Catalina de Curiama y 40 otros indígenas fueron dados en encomienda a un tal García de Aguilar. Catalina de Mayama fue entregada al potentado Juan Guillén en un grupo que incluía «treinta personas de servicio, con más todos los niños que pareciesen ser sus hijos». Catalina de Ayalibix, y otras 112 personas pasaron al dominio del regidor colonial Gil González. Catalina de Habacoa y 24 de sus congéneres fueron encomendados al jefe colonial Francisco Hernández. Otro beneficiario con la dicha práctica esclavista fue Antonio Villasante, a quien se le dio a Catalina de Ayaybex junto a una masa humana de «veinticinco personas de servicio, con más los niños que parecieren ser sus hijos que no sean de servicio.»12

Los restauradores en Catalina

Algunos historiadores y comentaristas del pasado dominicano, parcializados con el bando anexionista, pasan casi de soslayo sobre la realidad de un fiero combate desarrollado en el lugar donde está enclavado el hoy Distrito Municipal Catalina.

Esos pocos justificadores de la entrega de la soberanía nacional, que preconizan las supuestas bondades que tenía para la República Dominicana la Anexión a España, minimizan el valor de la gesta Restauradora hasta pretender reducirla casi a nada, como si hubiese sido un hecho anodino lo que en la realidad fue una epopeya que trascendió más allá de toda América.

Uno de ellos llegó a presentar al batallón Cazadores La Unión, integrado por españoles y criollos traidores a su patria, como una especie de cuerpo armado invencible. Así lo dejó escrito: «Después de media hora de descanso, se continuó la marcha hasta Catalina, donde llegó la columna a las dos de la tarde y donde acampó, sin otra novedad que un herido.» Así se ha manipulado la historia desde el lado de los derrotados anexionistas.

Distrito Municipal Carretón

Aunque entrado el siglo XXI la comunidad de Carretón luce con grandes carencias es oportuno decir que no se trata de una aldea creada de la noche a la mañana. Su existencia se remonta varios siglos atrás, tal y como ha quedado recogido en páginas de nuestra historia.

En una descripción de antaño Carretón aparece como una Sección de Baní, desde antes del 1764.-13

Después se hicieron cambios en su categoría comunal, producto de los vaivenes de la distribución geográfica nacional, pues para el 1982 era un paraje, ascendido a Sección de Baní el 28 de julio de dicho año, a través de la Ley No.701.-14

Mediante la Ley 220-01, promulgada el 31 de diciembre del año 2001, la antigua Sección Carretón fue elevada Distrito Municipal, dependiendo del Municipio Baní, provincia Peravia.

Luego de las consabidas ponderaciones justificativas el Congreso Nacional dispuso en el artículo segundo de la referida ley que: «Al Distrito Municipal de Carretón le corresponden los parajes Catalina, Sabana Larga, Los Mayales, Los Pinos, El Guano, La Loma, El Chivo, La Clínica, Las Almendras, San José, Arroyo Mingo.»15

Las estadísticas poblacionales del Censo de Población y Vivienda del 2010 encasillan al Distrito Municipal Carretón con una población, para entonces, de 4,594 moradores.

Según el primer Considerando de la ley de su creación, promulgada 9 años antes del referido Censo, la Sección Carretón tenía 6,070 habitantes. En la literatura del empadronamiento del 2010 no se consigna una masiva emigración de sus moradores, que pudiera justificar la disparidad de números.

Esa marcada diferencia en la divulgación de la sedicente población de ese lugar (para decirlo con suavidad) es una de las tantas absurdidades propias de la falta de rigor en el manejo institucional del país.

Lo que sí está demostrado es que los moradores de Carretón son personas laboriosas y amistosas y reciben a los visitantes con espíritu solidario.

En medio de la escasez cotidiana en que viven los nativos del Distrito Municipal Carretón no se rinden. Cada caída significa para ellos volver a levantarse. En el marco de sus limitadas posibilidades desarrollan proyectos colectivos de crecimiento humano que son el vivo ejemplo de que no se atienen a lo que dispongan las autoridades locales, provinciales o nacionales.

El carretón de la otra vida

La historia local no recoge ninguna información real o con tintes de leyenda sobre el origen del nombre Carretón que se le puso al referido Distrito Municipal.

Esa toponimia en el valle de Peravia pudo llegar por cualquier motivo, pero nunca vinculante con una famosa leyenda de las pampas de Bolivia.

En el referido país, con una tercera parte de su territorio en la Cordillera de Los Andes, hay un relato fabuloso de la mitología de los indígenas, especialmente en la zona de su altiplano, con la fantasía de que en el siglo XV, en altas horas de la noche, recorría por caminos, atajos, veredas, ríos y caseríos de allí un «carretón de la otra vida.»

En el fascinante mundo de lo imaginario ese carretón estaba hecho de huesos humanos, cargado de cráneos de personas, alado por bueyes con ojos que desprendían llamas y cuyo carretero era un símil de demonio que tenía por misión llevarse al infierno «las almas descarriadas.»

Ese no es el caso del Distrito Municipal Carretón, a pesar de que «un país sin leyendas se moriría de frío. Un pueblo sin mitos está muerto.», según el criterio del filósofo francés Georges Dumézil, historiador de civilizaciones y fundador de la mitología comparada.

Bibliografía:

1-América Ladina. Editor Fondo de Cultura Económica de México,1993.P331. Germán Arciniegas.

2-La Coyuntura Agraria Dominicana 1976-1990.Editora Amigo del Hogar, 2017.Pp79-90.Ramón Arturo Guerrero Valera.

3- IX Censo de Población y Vivienda, 2010.

4-He apostado por la libertad. Editora Encuentro,2019. Ángelo Scola.

5-Reseña histórica de Baní. Editora Búho, tercera edición, 2001.P194.Joaquín S. Incháustegui.

6-Cartas a Evelina. Editora Cosmos,1974.Carta No.4. Pp22 y 25. Francisco E. Moscoso Puello.

7-La Máscara, poema de Charles Baudelaire.

8-Divulgaciones Históricas.Editora Taller,1989.Pp153-156.César Herrera Cabral.

9-Vetilio Alfau Durán en Anales, Editora Corripio,1997.P87.

10-IX Censo de Población y Vivienda, 2010.

11-Diccionario Geográfico-Histórico de la República Dominicana. José Gabriel García. Insertado en el volumen 5 de sus Obras Completas.Pp387-444.

12-Los Dominicos y Las Encomiendas de indios de la Isla Española.Editora del Caribe,1971.Pp131,143,160 y 174.Emilio Rodríguez Demorizi.

13-Obras Completas, volumen 5.Editora Amigo del Hogar, 2017.Pp397 y 405. José Gabriel García.

14-Ley No.701, Gaceta Oficial No.9593, publicada el 30 de julio de 1982.

15- Ley No.220-01, promulgada el 31 de diciembre del año 2001.

2019-10-26 03:02:08