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José Martí y Máximo Gómez en Montecristi.
POR TEÓFILO LAPPOT ROBLES
Hubo dos Máximo Gómez, el primero combatió en República Dominicana, su país de origen, en el bando equivocado. Entonces era un joven sin una clara orientación política ni un pensamiento definido sobre los efectos de las armas en los procesos de formación y consolidación de la soberanía de los pueblos.
El segundo Máximo Gómez es el sujeto de la historia que viviendo en Cuba entendió a plenitud la vesania de los colonialistas españoles, y se transformó en gran héroe militar, por cuyos méritos personales llegó a ser el General en Jefe del Ejército Liberador de Cuba.
De ese último Máximo Gómez es que voy hablar, para reivindicar su talante de combatiente integérrimo, cuya memoria ha pretendido manchar alguien que se escuda en el nombre de otro para lanzar miasma en su contra.
En mi crónica semanal de este periódico, correspondiente al 7 retropróximo, al referirme al combatiente anti esclavista Diego de Ocampo hice mención del libro Biografía de un cimarrón, del escritor cubano Miguel Barnet, al cual ya había hecho referencia en el año 2010, en un libro que publiqué sobre Cuba.
Monumento a Máximo Gómez en Cuba.
El pasado sábado, en la página 8 del suplemento cultural Areíto, el destacado intelectual higüeyano Miguel Angel Fornerín Cedeño realizó un análisis a fondo sobre Esteban Montejo, que es el protagonista de la novela-relato que utiliza el mencionado Barnet para ofender el recuerdo de Gómez.
Considero oportuno, como una reivindicación de la verdad histórica en torno al Máximo Gómez que vivió, combatió y murió en Cuba, hacer algunas puntualizaciones sobre lo que escribió el poeta Miguel Barnet Lanza en contra de una figura estelar en el mando de la Guerra de los Diez Años (1868-1878) y de la Guerra Necesaria (1895-1898), ambas libradas en campos y ciudades de la isla mayor de las Antillas.
El indicado señor Barnet Lanza es en la actualidad Presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, Presidente de la Fundación Fernando Ortiz, Miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, Diputado a la Asamblea Nacional y tal vez desempeñe otras funciones en la planilla gubernamental de ese país.
Esa ristra de cargos no le impiden a dicho señor hacer un mea culpa por los agravios que desde hace más de 50 años, con el mal sabor de un delito continuo, esparce por el mundo contra un hombre de la estatura histórica de Máximo Gómez Báez.
Miguel Barnet es poeta, antropólogo, narrador y consumado burócrata cubano. Dicen que es talentoso, pero todo indica que está encasillado en el grupo a quienes el Libertador Simón Bolívar endosó su lapidaria frase «el talento sin probidad es un azote.»
En su citado libro Biografía de un cimarrón el señor Barnet comienza en la página 104 sus ataques al máximo héroe militar de Cuba vinculándolo con un maleante.
Esta es su infamia inicial: «Las malas lenguas dicen que el propio Máximo Gómez, el general, le cogió dinero a Agüero para la revolución. Yo no lo dudo. El único que nunca aceptó dinero de los bandoleros fue Martí…»1
Como algunos calamares que van soltando sustancias venenosas mientras avanzan en su nado de propulsión a chorro, el señor Barnet, al referirse en la página 109 de dicha obra a otro malhechor, que él califica de «el más atrevido de los bandoleros», dice que: «Dio mucho dinero; eso sí…Máximo Gómez lo recibió como caído del cielo. Su muerte ha quedado muy oscura.»2
Al explayarse en las páginas 112 y 155 de la Biografía de un cimarrón sobre un rufián nombrado Tajó (a quien Barnet le atribuye tantas perversidades que de ser ciertas habría que calificarlo de diabólico) lo relaciona con Gómez presentándolo como un protegido suyo al decir: «Por culpa de Máximo Gómez, que fue quien lo nombró jefe de un escuadrón.» Pone en labios de Montejo lo siguiente: «A mí me cayó Tajó, el asaltador, el bandolero.»3
Escudándose en Esteban Montejo, el poeta Barnet lanza en la página 150 de la susodicha obra otro escupitajo venenoso contra la memoria de Máximo Gómez, al referirse a la famosa batalla del lugar conocido como Mal Tiempo: «Máximo Gómez era valiente, pero reservado. Tenía mucha maraña en la cabeza. Yo nunca confié en él. La prueba la dio más tarde. La prueba de que no era fiel a Cuba.»4
Ha pretendido dicho autor vender la idea de que sus falsedades sobre Máximo Gómez son la sustancia de la memoria de Esteban Montejo, como si se tratara de una especie de creencia solapada.
Si en verdad fueran opiniones de Montejo, que no es cierto, se estaría en presencia de un testigo falso, de esos contra quien legisló Carondas, personaje del cual escribió el sabio Aristóteles en el capítulo IX del Libro Segundo de su clásica obra La Política. 5
Hace ahora 23 siglos las declaraciones falsas que enfrentó el legislador Carondas eran chismorreo de poca monta, en comparación con el desbarre de Barnet contra Máximo Gómez.
Aquel modo de reflexión colectiva de antaño no tenía, además, ninguna repercusión más allá de los callejones de Estagira y otros pueblos de la provincia de Macedonia.
Lo de Barnet contra Gómez forma parte de lo que Fidel Castro definió en el libro Un Grano de Maíz, como «una gran dosis de leyenda, fantasía y subjetivismo…»6
Máximo Gómez Báez, el hombre contra quien escribió Barnet con saña disfrazada, fue el mismo que le expresó al general patriota -participante glorioso en las tres guerras de liberación de Cuba- Serafín Gualberto Sánchez Valdivia, en momentos de desesperación para los cubanos, lo siguiente:
«…Yo sé y conozco mi misión, como leal y fiel soldado de las nobles y gloriosas banderas del Ejército Liberador de Cuba, disuelto en un día de desgracia para la Patria, y correré a ocupar mi puesto señalado por los directores de la nueva organización cuando el clarín de guerra llame allá, en los campos de Cuba, a sus viejos soldados…»7
Más que el desconocimiento del rol estelar de la más elevada figura militar de las luchas libertarias del siglo XIX cubano, el modo como el señor Barnet relata la memoria del Generalísimo Máximo Gómez Báez es un inexplicable reconcomio, de origen desconocido, inasible para los demás, pero tal vez palpable para él que se presume debe tener cierto dominio del revoltillo de su alma desagradecida, cuya génesis puede estar en el hecho comprobable de que no es un cubano reyoyo.
Al leer el aludido libro de Barnet Lanza se observa que en lo referente a la manera injusta que le da a la figura del Jefe del Ejército Libertador de Cuba dicho autor ni por asomo reflexionó que el antillanismo primario fue pulido por figuras como los dominicanos Máximo Gómez y Gregorio Luperón, el cubano José Martí y los puertorriqueños Eugenio María de Hostos y Ramón Emeterio Betances, tal y como muy bien lo fundamenta el historiador dominicano Emilio Cordero Michel en un ensayo de sus Obras Escogidas.8
Algo que no debe pasarse por alto, por ser revelador del pensamiento del autor, es que en Biografía de un cimarrón no hay un solo reproche a personajes siniestros de la etapa colonial cubana, como por ejemplo, el llamado conde de Valmaseda.
Ese conde de Valmaseda fue un hombre cuyo espíritu sanguinario muchas veces superaba a otros sujetos funestos al servicio de la Corona de España en Cuba, y a quien por su sevicia extrema Máximo Gómez calificó como el Boves de entonces, para conectarlo con José Tomás Millán de Boves, el terrible asturiano apodado el Urogallo y la Bestia a Caballo, que devastó los llanos venezolanos en la segunda década del siglo XIX.
Si lo que el narrador Barnet quería, con su estrafalaria creatividad literaria, era extravasar la historia de la esclavitud y del cimarronaje en su país natal pudo hurgar en los archivos del espionaje colonial en Cuba, escogiendo, si se quiere al azar, el año 1885.
En los ficheros de dicho año el fabulador de marras hubiera encontrado una comunicación de los espías ibéricos que informaban que para entonces se estaba preparando en Puerto Plata, República Dominicana, lo que ellos llamaban «una expedición filibustera», con Máximo Gómez a la cabeza, para enfrentar a las autoridades coloniales que tenían bajo su yugo al pueblo cubano, como sí lo explica muy bien Raúl Rodríguez La O en su obra Máximo Gómez: Una vida extraordinaria.9
Aunque sea de soslayo, y en la parte incentro de estos comentarios, es de rigor señalar que Máximo Gómez nació el 18 de noviembre de 1836, en Baní, República Dominicana, y falleció el 17 de junio de 1905, en La Habana, Cuba, bajo la reverencia y admiración de la inmensa mayoría de los cubanos.
Contrario a las desvergonzadas opiniones de Barnet, José Martí, el apóstol de la libertad cubana, decía a todo el que quisiera oírlo o leerlo: «Donde está Gómez está lo sano del país.»
Fue el mismo Martí que en más de una ocasión se encargó de señalar que Gómez era: «Dominicano de nacimiento, cubano de corazón.»
A Martí le sobraban razones para opinar así de Gómez, pues la bizarría de éste en los campos de batalla sintetizaba la dignidad de ambos pueblos hermanados no sólo por la geografía insular caribeña, sino por una historia de ayuda recíproca que comenzó con la travesía marítima en canoa del indígena Hatuey y se ha mantenido como una constante durante siglos.
Quince años después del fracaso de la llamada Guerra Chiquita, encabezada por el general Calixto García, volverían a encenderse los pueblos y campos de Cuba, en lucha por su libertad, con Máximo Gómez dirigiendo al pueblo cubano en armas, en la Guerra Necesaria, tal y como se comprueba hasta la saciedad con la abundante documentación disponible.
Basta leer los manuales de historia de aquella hermosa tierra para comprender la trascendencia que para la libertad de Cuba significó la presencia allí del ilustre dominicano.
Juan Bosch, a cuya reciedumbre moral el burócrata Barnet no puede acercarse, escribió sobre esa nueva gesta aludida arriba lo siguiente: «Las grandes figuras militares serían Máximo Gómez y Antonio Maceo; la gran figura civil sería José Martí.»10
Así también Antonio Maceo, el Titán de Bronce, legendario luchador por la libertad de Cuba, y quien estuvo en varias ocasiones bajo las órdenes militares de Máximo Gómez, proclamó de éste que era «el más capaz de todos.»
Esas palabras de Maceo para calificar a Gómez no son simples cumplidos de un hombre agradecido, sino una genuina y objetiva demostración del conocimiento cabal que tenía del hombre que apodaban con admiración, por sus hazañas bélicas, como El Generalísimo.
En efecto, en la biografía oficial de Maceo se lee lo siguiente: «Desde principios de julio de 1871 acompañó a Máximo Gómez en la preparación y realización de la invasión a Guantánamo y la ulterior campaña en la región.»11
Mientras el citado descalificador Barnet, dicho sea de paso sin tener ni por asomo las condiciones del Catón Mayor romano, pretende convertir la figura de Máximo Gómez en algo así como un obstáculo o una nulidad en la vida pasada de Cuba, los registros históricos de ese país tan cercano a los dominicanos contienen el singular dato de que defendiendo la libertad de los cubanos el banilejo participó en 235 combates, en todos los cuales expuso su vida sin ningún pavor.
Nunca nadie se ha atrevido a negar el valor de Máximo Gómez en los combates de fuego o armas blancas en que participó. El estaba consciente de los peligros que corría su vida, pues era uno de los pocos grandes jefes militares de todos los tiempos, en cualquier lugar del mundo, que siempre iba a la vanguardia de sus tropas, marcando directrices de tácticas de guerra desde la misma línea de fuego, con su estilo de mando inimitable.
En Gómez se daba lo que más de cien años después explicó el ilustre cubano Juan Marinello: «Jamás un revolucionario le teme a la muerte, aunque quizás en algunos momentos se emocione ante tal o cual peligro, eso es humano, pero distinto.»12
Máximo Gómez llevaba en su cuerpo, al morir, las cicatrices de dos balas que lo penetraron luchando por la libertad de Cuba. Está claro que eso no significa nada para ciertas personas que detrás de los oropeles de su existencia anidan un alma llena de maldad, como émulos de esa docta en retórica que fue la famosa ateniense Aspasia.
Si la biografía de Máximo Gómez tuviera algún resquicio que permitiera comprobar que él hubiera sido una especie logrero en las largas jornadas de lucha por la libertad de la Antilla Mayor, como lo pinta el mencionado Barnet, sería imposible que el principal centro de capacitación científico y docente de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba llevara, en honor a sus méritos patrióticos, el honroso nombre de Máximo Gómez.
Otro mentís redondo y rotundo a las diatribas de poeta habanero es que en la provincia Ciego de Ávila funciona desde el 1978 la Universidad Máximo Gómez Báez. Su fundador fue Fidel Castro Ruz, gran admirador de Gómez y conocedor a profundidad de la grandeza de ese dominicano que fue el máximo estratega militar en las guerras de Independencia de Cuba.
De igual manera es pertinente indicar que por toda la geografía de Cuba hay escuelas, academias, centros culturales, calles y avenidas que llevan el honroso nombre de Máximo Gómez.
Cuando se estudia la fuerza gravitacional que en la historia de Cuba tiene la figura de Máximo Gómez, en un arco que cubre 30 años de la etapa final del siglo XIX, hay que concluir que para ese ilustre dominicano el calumniador Barnet es lo que más se parece a aquel infeliz Perico de Palothes (se hacía pasar como «mensajero de la cultura universal» y se caracterizaba por «su matonismo intelectual») quien durante 40 años le atribuyó a Pablo Neruda «toda clase de crímenes, traiciones, agotamiento poético, vicios públicos y secretos, plagio, sensacionales aberraciones del sexo. También aparecían panfletos que eran distribuidos con asiduidad…»13
En la próxima entrega abordaré otros aspectos de la fascinante trayectoria de Máximo Gómez en Cuba, la cual fue muy diferente a lo que escribió en su contra el mencionado autor de Biografía de un cimarrón, a quien por más citadina que haya sido su vida muelle se le salió de mala manera el pelo de la dehesa.
Bibliografía:
1-Biografía de un cimarrón. Editorial Letras Cubanas, edición del 2006.p104.Miguel Barnet Lanza.
2-ibídem p.109.
3- ibídem p.112 y 155.
4- ibídem p150.
5-La Política. Editorial Universo, Perú. Tercera edición,1974.P66. Aristóteles.
6-Un grano de maíz, s/p de imprenta. Managua, junio 1992.P25.Tomás Borges.
7- Carta de Máximo Gómez a Serafín Sánchez, reproducida en el libro Los Tres Viajes de Martí a Santo Domingo.ONAP,1995. Emilio Rodríguez Demorizi.
8-Obras Escogidas. Ensayos I. Editora Corripio, 2015.P218.Emilio Cordero Michel.
9-Máximo Gómez: Una Vida Extraordinaria. Impresora Ciencias Sociales,Cuba,1986.P60. Raúl Rodríguez la O.
10-De Cristóbal Colón a Fidel Castro. El Caribe, Frontera Imperial. Editora Alfa y Omega.4ta. edición, 1983. P610. Juan Bosch.
11-Biografía de Antonio Maceo.
12- Conversaciones con Juan Marinelo. Casa Editora Abril,2006.P158.Luis Báez
13-Confieso que he vivido. Impresora Industria Gráfica, Barcelona, España, 1974. Pablo Neruda.
2019-12-20 22:31:53