Cultura

MÁXIMO GÓMEZ, VÍCTIMA DE UNA GRAVE OFENSA LIBRESCA EN CUBA


MÁXIMO GÓMEZ, VÍCTIMA DE UNA GRAVE OFENSA LIBRESCA EN CUBA (2)

POR TEÓFILO LAPPOT ROBLES

El trato injusto y contrario a la realidad histórica que el autor de la «novela-relato» Biografía de un cimarrón le da al Generalísimo Máximo Gómez se ajusta plenamente a lo que le vaticinó José Martí, cuando lo persuadía para que retornara a Cuba a luchar por su soberanía, en carta escrita en la ciudad de Santiago de los Caballeros el 13 de septiembre de 1892.Así le advirtió:

«Yo ofrezco a Ud. sin temor de negativa, este nuevo trabajo, hoy que no tengo más remuneración que brindarle que el placer de su sacrificio y la ingratitud probable de los hombres…»

El señor Miguel Barnet con su habitual media sonrisa inexpresiva -y con un atrevimiento inaudito y sin parar mientes en que las hazañas del General en Jefe del Ejército de Liberación de Cuba fueron meridianas y terminantes y no leyendas diluidas por inventos novelescos- expulsó fuera del cajón una gran cantidad de inmundicia para pretender de manera vana desmeritar el papel protagónico del ilustre dominicano que consagró una parte de su existencia a Cuba, en las jornadas bélicas que se libraron en ese país contra la soldadesca colonial española, en la segunda mitad del siglo XIX.

Tan consciente estaba Gómez de la doblez del barro humano, y de que hay personas siempre en actitud para vilipendiar a otras, que en visita efectuada a su país, en el 1902, proclamó «cuanto hice en Cuba como humilde y devoto soldado de la libertad, lo hice a nombre del pueblo dominicano, cuyas miradas estaban fijas en mí.»

José Martí, en su ensayo filosófico y político sabiamente titulado Nuestra América, escrito en el 1891, en su etapa de tregua fecunda, advertía premonitoriamente que «los pueblos han de tener una picota para quienes les azuzan odios inútiles; y otra para quien no les dice a tiempo la verdad.»1

Al leer lo anterior pienso que el mencionado Barnet se ajusta al perfil del «criollo exótico» que aparece en el sexto párrafo de ese breviario martiano.

En el argumento ad hominem en el que envuelve a Gómez el dicho autor de Biografía de un cimarrón ha pretendido hacer de su potaje de resentimientos una falacia deslizada entre páginas del referido libro.

El señor poeta y funcionario cubano, siempre usando de escudo a Esteban Montejo, se refiere a las pláticas de Antonio Maceo sobre el ideal, resaltando su importancia, pero de inmediato le sale de nuevo el gusanillo del odio hacia el glorioso dominicano que se batió contra el enemigo colonial español en campos, ciudades, trochas y trillos de Cuba, y con su aguijón emponzoñado agrega en la página 152 de su noveleta lo siguiente: «…y hasta lo que decía Máximo Gómez, aunque nunca lo cumplió.»2

Tal y como indica la lógica, este tipo de retorcimiento espiritual surge y se desarrolla utilizando como palanca el intento de desacreditar con inquina bien maquinada a la víctima de turno. En este caso eso es lo que ha hecho contra Máximo Gómez el presidente de la asociación de escritores cubanos, en un ataque ruin contra un muerto glorioso.

Quien respete los méritos y sacrificios de Máximo Gómez en Cuba y lea lo que de él ha escrito el señor Barnet no puede más que concluir que éste es una especie tropical del Tomás de Torquemada de los cincuenta caballeros, no el de los mitos edulcorados, sino el descrito por el erudito y sacerdote José Antonio Llorente en su Historia de la Inquisición española.3

De salto en salto en Biografía de un cimarrón la figura de Máximo Gómez es desdibujada como la de un felón que fue susceptible de cometer todas las barbaridades posibles contra Cuba, comenzando por la traición; sin embargo, el sabio cubano Fernando Ortiz (del cual el autor de la aludida obra dice ser un devoto admirador y dirige la fundación que lleva su nombre,) sostuvo un criterio muy diferente.

En su impactante libro titulado Entre Cubanos psicología tropical, el famoso polímata Fernando Ortiz reproduce una carta abierta que le dirigió a Miguel de Unamuno, en la cual define al pueblo cubano como noblote y sincero, y de inmediato expresa, refiriéndose a las luchas libertarias de su pueblo, que de bobos fueron tildados «los héroes todos de nuestra única bobería nacional que nos dio fuerza, vida y esperanzas….Observa que cuando un individuo de instintos no rebañescos se aparta del montón de los indiferenciados, se le culpa de bobería, se le acusa de traidor a la patria por su abstención de la vida gregaria de los más…»4

Lo que dijo Hostos sobre Gómez

Mientras un figurado florón habanero dice que Gómez nunca cumplía lo que decía, el gran maestro antillano Eugenio María de Hostos escribió en el 1881 un brillante artículo titulado Máximo Gómez y la Revolución Cubana, en el cual expresó que éste le había sido a Cuba «fiel en la desgracia y por haber sido en la hora de ruina para todas las esperanzas uno de los que notablemente levantó la cabeza por encima de las ruinas.»

Dijo más el sobresaliente puertorriqueño: «Máximo Gómez es la personificación más absoluta que ha tenido la revolución de Cuba…Después de las tres personificaciones malogradas de la revolución, Céspedes, Aguilera y Agramonte, ningún otro hombre la personificó tan denodada, tan tenaz, tan viril, tan honradamente como Máximo Gómez.»5

El fantasma de la Quinta de los Molinos

Otra prueba demostrativa de esa apariencia de carrusel cargado de tósigo contra Gómez que es Biografía de un cimarrón es cuando se pone en boca del personaje Esteban Montejo -en la última página (185) del citado relato novelado-que después de muerto el General en Jefe del Ejército Libertador de Cuba salía «a cada rato» en la Quinta de los Molinos (sede por siglos de los Capitanes Generales de la época colonial) y que ese casoplón colonial, donde Gómez residió por un tiempo, tenía brujo, sugiriendo así que ese superbo guerrero era un brujo muerto.

Sobre el insinuado fantasma de la Quinta de los Molinos pudiera quedar en los lectores de Biografía de un cimarrón una idea brumosa, como si el portentoso legado del máximo héroe militar de las guerras de independencia de Cuba, en el siglo XIX, fuera un asunto de rituales de brujería o pantomimas de un teatro vodevil.

Para ser indulgente en mi opinión al respecto, creo que el autor antedicho con eso del fantasma mentado quiere parangonar la vida y hechos de envergadura histórica de Máximo Gómez con esas leyendas urbanas habaneras de un tal Matías Pérez que el 28 de junio de 1856 se montó en un aerostato en el conocido parque habanero de La Fraternidad y salió volando para siempre.

O tal vez pretende, más reciente en el tiempo, igualarlo al simpático orate llamado el Caballero de París -que unos dicen era gallego y otros portugués- y cuya estatua con su luenga barba es frecuentada en la calle Oficios, cerca del Convento de San Francisco, en uno de los puntos más concurridos por los turistas que visitan la zona de La Vieja Habana.

Si se analiza en su conjunto todo lo dicho por el señalado novelista para él, en una inclinación hacia la protervia que se aproxima a lo demencial, Máximo Gómez hasta después de muerto es algo parecido a una usina de energía negativa para Cuba.

Lo del susodicho autor sobre ese fantasma aparentemente innominado, pero que el lo personifica en Gómez, trae a la memoria la conseja popular española que se resume en aquello de «cosas veredes». Vale el tema fantasioso de marras para recordar el diálogo de Rodrigo Díaz de Vivar y Alfonso VI, en El Cantar del mío Cid.

Pudiera decirse que la persecución post mortem contra Máximo Gómez es el colmo de llevar los bajos instintos a cotas elevadas, aunque en formato de relato novelesco. Eso requiere más que un análisis sociológico, una incursión en la teoría del psicoanálisis de Sigmund Freud.

Opiniones de Bosch sobre Gómez

En su amplia y abarcadora obra De Cristóbal Colón a Fidel Castro el gran escritor Juan Bosch, al referirse a los dominicanos que combatieron al lado de los españoles en la Anexión y salieron del país bajo el amparo del acuerdo de El Carmelo, firmado en la capital dominicana el primero de mayo de 1865, dijo: «…uno entre ellos encabezaría el ejército libertador cubano que entró en La Habana en 1898.Ese se llamaba Máximo Gómez.»6

Bosch también describe en dicho libro que fue Máximo Gómez quien en el lugar conocido como Ventas de Casanovas, «dio allí la primera carga al machete de la revolución cubana.»7

Entre los luchadores independentistas cubanos había muchos conflictos, pero las investigaciones históricas realizadas por Bosch le permitieron establecer que para el 1870 «…ya se aceptaba la jefatura de un Máximo Gómez, miembro de la pequeña burguesía que además no era cubano.»8

Sin embargo, el habanero cronista de lo absurdo, insinuando que Gómez estuvo en connivencia con los EE.UU. para perjudicar a Cuba, remata su aborrecimiento, en la página 185 de la citada biografía, bajo el biombo de Montejo, así: «Pasé por un parque y vi que lo habían montado en un caballo de bronce…. Gómez miraba para el norte…Todo el mundo tiene que fijarse en eso. Ahí está todo.»9

Olvidó, tal vez adrede, que ese adalid de la libertad cubana a quien él acusa de mirar hacia el norte hasta en su estatua ecuestre, insinuando que está como implorando la intervención de tropas estadounidenses en Cuba, fue el mismo que en carta escrita desde la manigua el 27 de julio de 1896 le dice a su esposa Bernarda Toro de Gómez, entre otras cosas, que: «En vano los Yankees con su poderoso mercantilismo y sus aspiraciones absorbentes tratan de enamorar a Cuba aprovechándose de sus conflictos. Ella será libre.»10

Fidel Castro y Máximo Gómez

Aunque lo más granado de la intelectualidad, y también la casi totalidad del pueblo llano de Cuba, siempre han agradecido la participación de Máximo Gómez en sus luchas libertarias, es pertinente señalar aquí que Fidel Castro Ruz resaltó en muchas ocasiones la figura del ilustre dominicano.

En su histórica defensa de cinco horas de duración, ante un tribunal de Santiago de Cuba que estaba juzgando a los participantes del ataque al Cuartel Moncada, Fidel Castro Ruz dijo, el 6 de octubre de 1953, entre otras muchas cosas, lo siguiente: «Vivimos orgullosos de la historia de nuestra patria; la aprendimos en la escuela y hemos crecido oyendo hablar de libertad, de justicia y de derecho. Se nos enseñó a venerar desde temprano el ejemplo glorioso de nuestros héroes y mártires. Céspedes, Agramonte, Maceo, Gómez y Martí fueron los primeros nombres que se grabaron en nuestro cerebro…»11

El 23 de agosto de 1998 el líder cubano de mayor proyección universal pronunció un discurso en el solar banilejo donde nació Máximo Gómez, para resaltar su liderazgo militar en las guerras independentistas cubanas y allí dijo de éste que: «…aportó su brazo y su machete, su genio militar y su coraje, su notable talento político y su profundo pensamiento revolucionario.»12

No fue el bobo de la yuca ? personaje popular que en su luna de miel comía trapo y papel- de la canción compuesta por el cubano nativo de Songo ?La Maya Marcos Perdomo Meriño e interpretada por El Bárbaro del Ritmo Benny Moré, sino el mismísimo Fidel Castro Ruz quien consideró a Máximo Gómez como «…hijo insigne y entrañable del pueblo cubano por derecho ganado en su lucha por la independencia de Cuba.»

De Gómez escribió el 16 de junio del 2004 el reputado historiador cubano Yoel Cordoví Núñez estas cálidas y elocuentes expresiones: «Nadie duda de la genialidad de Gómez como estratega y del valor con el que recorrió los intrincados montes en busca del «Ayacucho cubano » La audacia e intrepidez sin límites…Un ejército colonial muy superior en hombres y armamentos tras sus pasos y la muerte siempre al acecho.»13

El sobresaliente jefe militar nacido en Baní, República Dominicana, y fallecido en La Habana, Cuba, ha sido muchas veces equiparado con los grandes conductores de tropas del pasado y de los tiempos siguientes. En varias ocasiones puso a morder el polvo de la derrota a los más veteranos generales españoles, entre ellos al temible Valeriano Weyler.

Al releer Biografía de un cimarrón queda la sensación, en lo vinculado con la purulencia contra Máximo Gómez, que el autor de ese relato novelado ( del cual dice textualmente que «puse mucho de mi cosecha») tal vez haya tenido un tardío enlace onírico con el siniestro personaje Weyler, que fue un despiadado criminal de guerra español a quien un poeta anónimo dominicano le sacó una copla de picaresca caribeña que se ha mantenido en el imaginario popular de manera oral, en la que resumiendo le dice que ya no se llamaría Valeriano sino Valeri, por haber perdido el ano aquí.

Bibliografía:

1-Nuestra América. Editorial Conaculta, 2013. José Martí.

2-Biografía de un cimarrón.Editorial Letras Cubanas, 2006.P152.Miguel Barnet.

3-Historia de la Inquisición Española. Ediciones Hiperión, Madrid, España,1981. José Antonio Llorente.

4-Entre Cubanos psicología tropical. Editorial de Ciencias Sociales, Segunda edición,1993.P9.Fernando Ortiz.

5- Hostos en Santo Domingo.Imprenta J.R. viuda García.Pp35, 36 y 37.Compilador Emilio Rodríguez Demorizi.

6-De Cristóbal Colón a Fidel Castro.El Caribe, frontera imperial. Editora Alfa y Omega.4ta. edición,1983.P.591.Juan Bosch.

7- Ibídem.Pp598, 599.

8-Ibídem.P602.

9-Biografía de un cimarrón. Editorial Letras Cubanas,2006.P185.Miguel Barnet.

10-Carta a Bernarda Toro de Gómez, 27 de julio de 1896.Máximo Gómez. Reproducida en las páginas 162 y 163 del libro Papeles dominicanos de Máximo Gómez. Editora Corripio,1985.Editor Emilio Rodríguez Demorizi.

11-Defensa penal La historia me absolverá. Santiago de Cuba. 6 octubre de 1953. Fidel Castro Ruz.

12-Discurso del 23 de agosto de 1998.Baní, R.D. Fidel Castro Ruz.

13-Periódico Granma, La Habana, Cuba,16 de junio 2007. Yoel Cordoví Núñez.

2019-12-27 18:17:59