En política, como en cualquier otra actividad humana, el conjunto de pasos y de acciones que vamos dando en procura de conseguir una meta se denominan tácticas. Los pasos tácticos nos ayudan, con la adopción de un método de trabajo adecuado, a conseguir la gran meta que debe proponerse toda organización política que lucha en el terreno social y electoral. Esa gran meta consiste en alcanzar el poder para ponerlo al servicio de la gente y del grupo que preside el gobierno. Cuando una institución política o social alcanza la meta que se había propuesto, por que ha dado correctamente los pasos que se había trazado en su plan estratégico, decimos que su estrategia ha sido exitosa y correctamente aplicada.
En la actividad política la consecución de la gran meta estratégica de alcanzar el poder esta íntimamente ligada a la cohesión interna y a la visión que proyecten los miembros y la dirección política de la organización que se propone alcanzar el poder. En este aspecto no se puede avanzar hacia un gran objetivo estratégico si los miembros y los diferentes sectores sociales que son parte de una organización no están conscientes que sus actuaciones deben de tener un punto de partida y un desarrollo común, en las acciones que deben desarrollar en procura de que su plan estratégico sea exitoso.
¿Ahora bien por qué puede fallar un plan estratégico? Una de las razones más comunes por la que una organización política puede fracasar en la puesta en marcha de sus planes estratégicos se debe al incumplimiento del calendario de actividades proyectadas, pero no ejecutadas. La violación de las reglas y acciones programadas, pero no cumplidas, casi siempre es la principal causa por la cual fracasa un plan estratégico en una organización.
Cuando lo que dice y lo que hace una organización política y su dirección es percibido como real por los miembros de esta y por el electorado, ello va convenciendo a la mayoría de la sociedad de lo idóneo que son sus planes y propuestas. En la medida que un plan estratégico va convenciendo a la gente de sus bondades y de la posibilidad real que tiene de consumarse, en esa misma medida va ganando el apoyo de la sociedad en su conjunto y de sus sectores mas representativos, ya que estos van convenciéndose de que lo proyectado se corresponde con las aspiraciones y necesidades de los sectores mayoritarios de esa sociedad. Cuando se tiene la percepción de que la organización y su dirección caminan de forma realista hacia la consecución de la meta de poder, el apoyo a esa organización es asunto primero de trabajo en equipo y después de tiempo. Cuando ocurre lo contrario en la percepción del electorado, entonces, el plan estratégico no tiene ninguna posibilidad de éxito, por lo menos en el corto plazo.
Un aspecto importante que no debe obviar una organización y los dirigentes que están ejecutando su plan estratégico es el que tiene que ver con la representatividad de los miembros de la organización, ya que si esa representación viola la igualdad de derechos que tienen los miembros de una organización para elegir y ser elegidos, cuando se producen violaciones a las reglas de representatividad y la misma tiene un carácter parcial, es casi seguro que cuando ocurren esas violaciones a la representación, ello afecta de manera directa la estrategia global que se ha diseñado de cara a la obtención del poder.
Al abordar el tema de la estrategia en las organizaciones políticas debemos señalar algunos aspectos, sin los cuales no es posible coronar con éxitos un plan estratégico de cara al poder. En este sentido es necesario que los dirigentes que pondrán en ejecución dicho plan tengan conciencia de cuál es la situación social, política y económica prevaleciente en el seno de la sociedad y de cuáles han sido las causas que han dado origen a esa situación que prevalece en el seno de la misma, y que esta afectando a la gente, ello es una condición necesaria para que la organización y la dirección política, que ejecuta el plan estratégico puedan definir las metas y los objetivos que deberán ir alcanzando en el proceso de búsqueda del poder. Para ello será necesario establecer el camino a recorrer y las acciones que deben ir ejecutándose. Ese proceso deberá tomar en cuenta que las acciones deben tener sintonía con los cambios tanto coyunturales como de carácter global y general, que ameriten ser tomados en cuenta para ajustar nuestras actuaciones a las tendencias de cambios que van registrándose en el seno de la sociedad y en el mundo a lo largo del proceso de tiempo en que vamos ejecutando los planes y objetivos estratégicos.
La estrategia debe establecer, además, cuál es la imagen que se desea proyectar, ante la sociedad de la organización política y de los potenciales candidatos que se someterán al escrutinio interno del voto de sus miembros. Para definir los perfiles de los dirigentes con proyección de Estado y de poder deben llevarse a cabo acciones específicas que ayuden al logro de esos objetivos. Es evidente, además, que en toda estrategia, quienes la están ejecutando deben establecer un presupuesto que le permita establecer con cuales recursos económicos y humanos se cuentan para el desarrollo de dicho plan.
La coherencia interna de los miembros y dirigentes de una organización, en las acciones que están desarrollando, le ayudara a proyectar una imagen y una percepción, ante los ojos de la población, de que los objetivos de poder se están cumpliendo y que todas las tareas programadas se están ejecutando a favor del plan estratégico. Hacer que esa imagen y esa percepción sean asumidas y proyectadas por los miembros de la organización, es lo que permitirá que tanto los dirigentes como el electorado nacional acojan y asuman la visión y la misión que la organización y su dirección política se han trazado para la consecución del plan estratégico. Cuando se cumple con las tareas programadas para su ejecución es casi seguro que la organización y su dirección coronaran con éxito la estrategia que se han trazado con el fin de alcanzar el poder.
La consecución de una estrategia política exitosa es producto de que la mayoría nacional ha acogido como correcta la visión que ha concebido y proyectado la organización y su dirección política para desarrollar dicho plan estratégico. Esa mayoría nacional que asume la visión que viene proyectando la dirección partidaria en su plan estratégico será la que tendrá la tarea, en el plano electoral y en el seno de la sociedad de proyectar y promover las virtudes y bondades, que tiene el plan estratégico, una vez se llegue al poder, a favor de la gente.
El plan estratégico de una organización debe tener presente que si no se da una simbiosis en donde los miembros de la organización, primero, y luego el electorado tengan una actuación conjunta, de cara a la obtención del poder, si ello no llega a producirse entre el electorado y los miembros y dirigentes de la organización, cuando esa actuación conjunta no se produce el plan estratégico de cualquier organización política tiene escasa posibilidad de coronar con éxito dicha estrategia de poder. Un plan político estratégico de cara al poder debe tener claramente establecido que no hay posibilidad de éxito en el camino hacia el poder si se producen diferencias profundas entre los miembros y dirigentes de la organización, ya que de esa forma la percepción, que es el primer paso para obtener apoyo en el electorado, es negativa y ello no ayuda a dar el segundo paso, que es el apoyo del electorado a la organización y al plan estratégico que esta promueve. En una situación similar no hay dinero que pueda cambiar esa percepción negativa que tiene la gente con relación a la organización y a la deficiencia del plan estratégico que esta ejecutando.
Las organizaciones políticas de oposición deben tener presente, además, que cualquier plan estratégico de cara al poder debe ser sobre la base de la diferenciación con la organización política que ejerce el poder del Estado. Para diferenciarse y avanzar , en el plano electoral y social, de una organización política que esta ejerciendo el poder, la mayor ventaja que tiene una organización opositora es, por ejemplo, asumir un discurso político que beneficie los intereses y las necesidades de los sectores sociales mas vulnerables que reclaman reformas y ayudas para superar las limitaciones económicas y comunitarias que padecen, por ello cualquier plan estratégico que desee poner en marcha una organización política tiene un gran ?caldo de cultivo? en la falta de atención a las gentes y sus necesidades en que incurre la organización política que esta ejerciendo el poder del Estado.
En las organizaciones políticas el trabajo de planificación estratégica es un proceso continuo, donde las personas toman decisiones para alcanzar los resultados coyunturales y de largo plazo que persiguen en el plano político, por ello quienes dirigen y ejecutan dicho plan deben trabajar en equipo, ya que ello es la mayor garantía para alcanzar el éxito proyectado y deseado por la dirección política, además para que el trabajo en equipo arroje los resultados esperados debe apoyarse en la capacidad y competencia de los principales ejecutores que están desarrollando la estrategia de poder.
En este aspecto debemos decir que un plan estratégico correctamente aplicado puede catapultar hacia el poder a una organización política y de paso puede contribuir a la consolidación y al posicionamiento de un candidato, que este proyectando la construcción de un liderazgo más influyente en el seno de la sociedad. En sentido contrario una estrategia política mal llevada y aplicada de manera incorrecta e ineficaz, debilita no sólo el posicionamiento de la organización en el apoyo del electorado y de la sociedad, sino que en una situación similar también se debilita la imagen y la percepción positiva que el electorado pueda tener sobre el potencial que tiene la organización de alcanzar el poder, por eso el plan estratégico en las organizaciones políticas tiene la virtud de que puede consolidar, en la simpatía de la gente, tanto a los dirigentes como a quien sirve de cabeza y guía de la organización y como ya dijimos una estrategia mal aplicada puede dar al trastes con aquellos dirigentes y la dirección política que han aplicado erráticamente la aplicación y ejecución de la estrategia de poder.
Como el plan estratégico de una organización política debe diseñarse para cubrir un periodo de tiempo más o menos largo, ya que tiene que recorrer varias etapas para su ejecución. Un plan estratégico de largo alcance casi siempre se prolonga por varios años, pueden ser, por ejemplo, dos etapas de dos años cada una para su ejecución, por ello la estrategia debe ser flexible para ir pudiendo asimilar e incorporar cualquier cambio que se vaya operando en el aspecto económico, político o social, por ello se necesita asimilar esos cambios para observar cuál de ellos puede ser es útil para enriquecer el plan estratégico en marcha y hacerlo mas idóneo a la meta perseguida. En cuanto a lo programado para ejecutarse en el plan estratégico, esas tareas deben llevarse a cabo de forma rigurosa para poder ir cumpliendo con el programa de trabajo en el tiempo establecido para ello.
Evelio Arroyo es sociólogo, abogado y escritor
2010-03-23 16:56:16