Por: Heriberto Santos
Hablar de política en nuestro país es un deporte. Todo el año, en cualquier ambiente de tertulia no falta quien arremeta contra los partidos políticos, no contra los políticos sin el grave error de generalizar, no contra una campaña electoral que indudablemente nos queda debiendo, sino contra la democracia y sus instituciones. Tengo amigos profesionales que dicen sin contemplación alguna que ?no creen en la democracia?.
Cuando les indago, responden que no creen en nada y me dictan una sucesión interminable: la inseguridad, la corrupción, los pésimos anuncios, los políticos que les caen mal, las encuestas que les mienten, los funcionarios públicos vagos , un gobierno local que no sirve, los cráteres lunares en las calles y otros mas.
Habitualmente encuentro en todos esos razonamientos dos calificativos comunes:
1) Los demás incumplen, yo no. Los demás tienen deberes que no cumplen, yo no. Los demás son asesinos, yo víctima. Los demás son insensatos, yo solo sufro por su irresponsabilidad.
2) Igualmente encuentro que mucha gente por extraño que parezca no tiene idea clara de qué es la democracia, qué brinda y qué restricciones tiene. Y como no la entienden, aspiraran de la democracia algo que esta no les puede proporcionar y por eso, seguramente, se tornaron desconfiados empedernidos.
En nuestros dos últimos procesos electorales se disparó la abstención por el descrédito hacia la política. Y miles de electores no se presentaron a cumplir con su deber de votar. El deterioro de los partidos políticos es real. La forma en que en los últimos 6 años se ha desnudado el narcotráfico, los actos de corrupción y exigir transparencia y rendición de cuentas sobre el manejo de la cosa pública, ha tenido un efecto aséptico pero también ha dejado la idea de que ahora todo está peor.
Y entonces yo me pregunto, porque decidimos seguir con un comportamiento infantil, recogemos la bola, nos peleamos con el sistema de juego, con los equipos y con el árbitro? y nos vamos para la casa. Pues no, esto hay que cambiarlo.
En gran parte de los países del mundo no hay democracia.. Y no obstante en muchos países sí existen democracias, son tan embrionarios o están en tal nivel de degradación, que aunque se llamen así, la verdad no lo son. Y nosotros que poseemos una democracia concreta y estable no decidimos hacer el mínimo esfuerzo de cumplir con el deber de presentarnos a las urnas.
Todavía tenemos muchos días para decidirnos y demostrar que los dominicanos comunes y corrientes, a los que trabajan, educan a sus hijos, pagan impuestos y cumplen con las leyes, no hay que enmarañarlos con mentiras legales o imágenes ganadoras; hay que proponerles políticas factibles, hablarles con la verdad y darles el ejemplo. Estamos perdiendo el tiempo con nombres de candidatos, sin saber ni discutir qué se proponen hacer. Eso paso hace cuatro años y sería prudente que no volviera a pasar en estas elecciones.
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2010-03-25 22:46:47