Volver a perder el Congreso en el 2010, es el augurio de una futura pérdida, en el 2012.
Unidad y vergüenza contra el continuismo debe ser el lema nacional y anteponerse todos los intereses personales y de partido al mismo, pues lloraremos, como dijo Balaguer, a sus seguidores, al parársele el continuismo en los años 80.
Al pararlo, hubo un cambio, lo que dio paso a nuevas caras; la de un simple hacendado, la de un jurista que no se supo defender y al fuerte León PLD de hoy, que dice ?vuelvo y vuelvo?.
Note esto, amigo, sin apasionamientos.
El comportamiento que ha tenido el Congreso mayoritario en el poder durante estos años ha sido lastimoso, por decirlo tenuemente y es muy importante definir en qué sentido lo ha sido, tanto como bregar, para que la oposición actual, no incurra, en los próximos años, si ganan, en prácticas semejantes. Consejo futuristico.
La crítica que presento al actuar del Gobierno no pretende ser moral, sino jurídica, y se encuentra referida a la manera restrictiva y elitista con que el oficialismo ha pensado a la democracia dominicana, desde su llegada al poder.
Respeto a mi ex profesor Cesar Pina Toribio, por permitirme disentir con altura y sin miedo a represalias, pero si debo sufrir por escribir y opinar, lo hare con valor.
En primer lugar, el accionar legislativo del oficialismo ha sido democráticamente repudiable por el desdén que el Gobierno ha demostrado frente a la exigencia de contar con normas legales, resultado de acuerdos extendidos, inclusivos y basados en la discusión.
Nos encontramos con que el Gobierno, inequívocamente, ha tratado de afirmar su autoridad en la negación del diálogo con las masas, las encuestas, etc. y a partir de acuerdos de cúpula, hechos en secreto y a puerta cerrada (muchos desde Palacio y de las múltiples oficinas de la Ave. México, y en compañía de empresarios privados fieles al poder, y al clientelismo, se maquinaron muchas ideas para amarrar el continuismo hoy).
Para dar concreción legal a sus iniciativas, el Gobierno ha recurrido habitualmente (si no, a la fuerza de los decretos) a la ?extorsión, sin pruebas? legislativa y al intercambio de favores, o a la pura imposición de su mayoría en las cámaras.
Lo dicho no se refiere a faltas aisladas, sino a prácticas sistemáticas, ratificadas -por citar algunos casos- en las candidaturas testimoniales sin variación de caras, o en su continua disposición a cooptar con dinero y favores a legisladores opositores.
Ahora, cuando el jefe de Gabinete o el jefe del bloque oficialista amenacen con vetar o no dar curso a las iniciativas opositoras, no hacen sino reproducir esa lógica democráticamente elitista, colegiada y enfermiza basada en la fuerza bruta desde la creación del PLD, donde solo la cúpula piensa y las masas se usan como borregos.
No hay ninguna pretensión del Gobierno de encontrar respaldo a las decisiones que se tomen en un consenso con la oposición.
Hay muchos casos de ejemplos, búsquelos.
Se trata de la misma lógica de una democracia de elites que ha persistido en todos los gobiernos que se han sucedido desde el Balaguerismo 1966.
Mi modesta crítica no pretende ser moralista, sino cuasi jurídica.
La Constitución afirma una y otra vez que el Congreso es un órgano deliberativo, al que le corresponde discutir las iniciativas que se presenten, y no aprobarlas imponiendo la fuerza o el número.
Esto quiere decir que cuando se aprueba una ley sin un previo proceso de genuina discusión (superpoderes; la reforma del Consejo de la Magistratura; reforma política constitucional), no se comete una picardía, sino una falta grave, que socava la misma validez jurídica de la ley.
Nuestra exigencia no implica insistir en finezas exageradas: se trata de tener leyes válidas o leyes que no lo son.
La práctica hoy dominante es cada vez más la de la fuerza.
El oficialismo ha propiciado dicha práctica, montado en una visión conservadora, sino reaccionaria, de la democracia.
La Justicia y aun la digna Suprema, tampoco nos ha ayudado, ya sea por su disposición a «no hacer olas», ya sea pensando -erróneamente- que con su inacción respetaba al legislador y no opinar, es mejor callar. ¿Miedo o 3er poder del ESTADO?
De allí el fundamental papel democrático que le corresponde asumir hoy a la oposición para institucionalizar y ser mas democráticos.
Autor un simple estudiante de Derecho, my observador: johnnysanchez1147@yahoo.com
2010-03-26 23:10:27