Mario Rivadulla
Lunes 29,03,10
La tradicional procesión del Domingo de Ramos, preludio de la Semana Santa, puso de manifiesto una vez más el fervor religioso de una gran parte del pueblo dominicano, y en particular de los feligreses de la Iglesia Católica que forman la grey más numerosa de creyentes.
Fue dentro de ese marco y como culminación al recorrido habitual de cada año desde la Iglesia de Las Mercedes hasta la Catedral Primada de América, donde el Cardenal López Rodríguez, al pronunciar su homilía, clamó al Dios la Cristiandad porque cubra al país con su manto protector y contribuya a pacificar los corazones donde anida la violencia.
Violencia y delincuencia más un llamado a reflexión a la ciudadanía y de comedimiento a la clase política, fueron los temas dominantes en las palabras del alto dignatario eclesiástico. Nunca más oportuna la exhortación cardenalicia que en estos días tan especiales, en que el mundo cristiano conmemora el calvario del Dios hecho hombre, que vino a la tierra a proclamar un evangelio de confraternidad y que consagró con el doloroso sacrificio de la cruz, el más hermoso de todos los legados en apenas media docena de palabras ?Amaos los unos a los otros?.
Son palabras para reflexionar. Sobre todo durante la Semana Santa, sin importar el lugar donde se encuentre, sea en el interior de un recinto religioso, en su hogar o en un centro vacacional. Pero sobre todo para llevar a la práctica.
De cierto hoy más que nunca, el mundo en general y nuestro país en particular precisan de un evangelio de paz que sustituya la violencia, la ira desenfrenada, el deseo de revancha, el absurdo afán de desbordada competencia, de ganar a como dé lugar y enriquecerse y subyugar a los demás sin importar los medios. Hoy los términos solidaridad, fraternidad, compasión, caridad parecieran haber sido extrañados del diccionario de nuestra habitualidad para sustituirlos por egoísmo, avaricia, insensibilidad y oportunismo.
Y sin embargo, no son valores que hayan desaparecido. Siguen ahí, quizás un tanto dormidos, pero dentro de nosotros y de tanto en tanto, salen a la superficie para dar fe de vida, sobre todo en momentos de las grandes tragedias que estremecen el corazón y la conciencia colectiva. Bastaría citar la respuesta de nuestro pueblo frente al caso reciente y aún latente de la que se ha cebado con increíble saña en el ya de antes infortunado pueblo haitiano, que ahora ve incrementada su miseria hasta niveles horrendos. Son esas virtudes las que debemos hacer prevalecer convirtiéndolas de expresiones ocasionales en patrón permanente de conducta.
Nuestra sociedad necesita un vuelco. Una revolución. Pero de carácter moral, de civismo, de convivencia civilizada fundada en el respeto al derecho ajeno, que como proclamó el prócer mexicano Benito Juárez, es el pilar fundamental en que se asienta la paz. De desterrar las malas prácticas, los vicios y las inconductas para sustituirlos por normas éticas. De revalorizar la honradez, la decencia, el decoro y la solidaridad. La responsabilidad es de todos, pero la señal y el ejemplo tienen que venir de las clases dirigentes.
La Semana Santa es una buena oportunidad, la mejor sin dudas, para reflexionar sobre esto. No dejemos que se nos pierda porque mañana pudiera resultar demasiado tarde.
TELEDEBATE. Telefuturo. Canal 23. ?teledebate(a)hotmail.com?
2010-03-30 14:47:32