En el mundo actual, caracterizado por el deseo de movilidad social y económica de las personas en el mas corto periodo de tiempo y sin el mas mínimo esfuerzo, es casi imposible incidir y controlar instituciones sociales, económicas o políticas, sin agotar un proceso que produzca un acercamiento con todas las personas y sectores sociales que forman o formaran parte de una organización. Este párrafo tiene mayor vigencia y aplicación en las organizaciones políticas.
Las características mas común en la mayoría de personas que dirigen organizaciones políticas es controlar los recursos económicos en beneficio propio, además tratan también de controlar e incidir en los dirigentes que forman parte de esas organizaciones, para de esa forma controlar las acciones y decisiones que estos tomaran en sus vidas y de esa forma intervienen en la orientación que estos deben darles a las mismas. De esta manera se asume un paternalismo aparentemente protector de esas personas, cuando en realidad esa protección lo que busca es controlar aquellas actividades que desarrollan esos dirigentes y que pueden contribuir a su crecimiento en el plano social y económico, como paso previo para crecer en el aspecto político.
El crecimiento de un dirigente, en la mayoría de las organizaciones políticas, sólo es permitido o facilitado, cuando el mismo no compite con quien o con quienes se han atribuido, motus propio, esa facultad de protección. Con ese comportamiento en el seno de las organizaciones políticas se ha hecho un gran daño al crecimiento de dirigentes políticos comprometidos con el crecimiento de una nueva generación de dirigentes en todos los sectores que conforman la sociedad. Por ello el fracaso actual de las organizaciones políticas en construir verdaderas instituciones y verdaderos dirigentes al servicio de la nación, sus instituciones y sus gentes.
La influencia o el liderazgo que deben ejercer las organizaciones políticas entre sus miembros y dirigentes debe orientarse a todos los sectores que conforman a esas organizaciones, para de esa forma fortalecer el crecimiento de sus miembros, tanto en su competencia personal como en el espacio social y político que están construyendo. Ese crecimiento de los miembros y dirigentes, que emana de su trabajo político, en el seno de las comunidades, es lo que les permitirá ejercer una influencia multiplicadora en el aprecio y aceptación de la gente, ya que no debemos perder de vista que el trabajo que realizan los miembros y dirigentes de una organización política es lo que le ayudara a motorizar acciones juntos a las personas que en el seno de la población sufren de necesidades vitales y que deben ser atendidas y resueltas por el Estado a través de los diferentes gobiernos que se van sucediendo en el ejercicio del poder.
Cuando se juntan las necesidades de las comunidades y sus gentes con dirigentes de las organizaciones políticas que sirven de canal para juntos solucionar esas necesidades, ello ayuda, de cara al poder, al crecimiento de las organizaciones políticas y de los dirigentes que han servido de canal para la solución de esos males. Es ahí donde reside la verdadera base de sustentación de los dirigentes de una organización política.
Cuando observamos que en los procesos de elección interna de los partidos tradicionales que muchos dirigentes que tienen un trabajo realizado juntos a sus comunidades han sido despojados para sustituirlos por otros, ello es un flaco servicio al fortalecimiento institucional de las organizaciones políticas, ya que cuando desde la jerarquía de una organización se imponen criterios y reglas de juego, atendiendo a conveniencias personales y no actuando a favor de la mayoría de los miembros de la organización, en una situación similar, ello no ayuda a la consolidación de las organizaciones políticas ni a la consolidación del espacio social y político de sus dirigentes de cara al poder.
Lo que hace mas difícil el crecimiento de muchas organizaciones políticas que hacen vida en muchos países de la región latinoamericana es el hecho de que su compromiso no va mas allá de los beneficios económicos coyunturales que se desean conseguir, sin proyectar una visión trascendentes de las organizaciones y, como es evidente, ello no ayuda a conformar una visión transformadora de nuestras naciones y sus gentes. Esa corta visión que ha venido caracterizando a la parte mas importante de nuestra clase política en la región ha traído como consecuencia que grandes organizaciones políticas, que ejercieron grandes influencias en muchos países latinoamericanos hayan ido disminuyendo esa influencia en la aceptación de la gente en sus respectivas naciones y ello es lo que ha originado que estas organizaciones se hayan desconectado de las necesidades y aspiraciones de la gente, y es ahí donde nace la debilidad institucional, moral y política en el seno de muchas organizaciones políticas de muchos países de la región.
Cuando las organizaciones políticas, grandes o pequeñas, tomen consciencia de que el verdadero liderazgo reside en la gente y no en los millones que una persona pueda agenciarse para construir liderazgos en base a comprar lealtades y apoyo, entonces tendremos organizaciones mas comprometidas con el desarrollo, la democracia y el bienestar de la gente. La adherencia política que nace de la compra de lealtades, con dinero, tiene una existencia efímera o temporal, ya que una vez se acaban los beneficios económicos individuales que reciben las personas, en esa misma medida se termina la influencia que ejerce esa persona sobre las personas y el grupo que dice representar.
Además, por cuantiosos que sean los recursos económicos de una persona o de una organización política ellos no son suficientes para comprar la conciencia colectiva de un pueblo, por eso el verdadero poder descansa en los dirigentes políticos que están conscientes de que su verdadera fuerza reside en sus trabajo a favor de ayudar a la gente a solucionar sus problemas y necesidades básicas, ya que aunque el clientelismo político ayuda a muchos dirigentes que ocupan puestos en el Congreso y los ayuntamiento a crecer en su trabajo político en el seno de las comunidades, sin embargo ello no es suficiente para solucionar los problemas de salud y de subsistencia de la gente, y aunque es verdad que el clientelismo puede ayudar a una familia a solucionar sus problemas de subsistencia por un día, no por ello debemos perder de vista que las necesidades de la gente tienen un carácter permanente y de por vida, por eso como el clientelismo no es una solución permanente a una necesidad tan vital como es, por ejemplo, el derecho a comer que tiene la gente , por tanto el mismo no es una solución a los problemas vitales de la gente, ni a corto ni a largo plazo, por tanto el clientelismo no es una solución idónea a la que la clase política le puede seguir sacando beneficios coyunturales toda la vida.
Los recursos económicos siempre serán necesarios para cualquier organización llevar a cabo sus planes y tareas políticas, sin embargo en lo que difiere un dirigente que sustenta su trabajo político en base a una labor social y comunitaria al servicio de la gente y de las comunidades con el fin de construir un espacio social y político que contribuya a su crecimiento como dirigente, es que fundamenta su crecimiento en el servicio a los demás. Ese tipo de dirigente que fundamenta su crecimiento en el servicio a los demás y no en la compra de consciencias para ganar apoyo es el que la sociedad debe tratar de ir produciendo.
Este tipo de dirigentes se diferencia de otros en el hecho de que el uso que les dan al dinero de su organización es con el fin de construir una organización poderosa, que pueda competir con éxito en su lucha por la conquista del poder del Estado con el fin de servir a los sectores pobres y medio de la sociedad, que necesitan la mano solidaria del Estado y sus riquezas. En lo que concierne a los empresarios y demás poderes fácticos que hacen vida en la sociedad, este tipo de dirigentes consideran que el Estado debe estar al servicio de ellos para servir de equilibrio entre los intereses que representan unos y otros, sin embargo están conscientes que para un dirigente tener calidad moral suficiente ante estos sectores debe tener la integridad suficiente para que estos respeten sus decisiones de Estado.
Están conscientes que cuando los dirigentes políticos permiten que su imagen se vaya deteriorando, producto de acciones incorrectas y desviadas del bien común desde el Estado, de esa forma van perdiendo la credibilidad y la confianza ante los ojos de la población, por eso estiman que es de suma importancia que tanto la sociedad como la clase política dirigente tomen consciencia de la importancia que tiene para las naciones de la región asumir un compromiso a favor de la continuidad del proceso democrático y el estado de derecho, ya que ello es la mayor garantía para que la clase política en sus mas altos niveles pueda resistir las embestidas que la asechan por parte del narcotráfico y la corrupción..
Evelio Arroyo es sociólogo, abogado y escritor
2010-03-30 18:26:54