Mi plegaria en Semana Santa
ESFORZEMONOS con ayuda de Dios a trabajar en lo coyuntural, lo que implica devolver la confianza en las estadísticas oficiales, y en lo estructural, que requiere reducción del gasto nacional y ajuste de todas las tarifas públicas básicas. Decimos esto porque creemos que la imagen que se viene a la mente de Leonel, nuestro presidente, es la de un paciente, (la RD), rodeado por muchos médicos que arriesgan una cura para un mal tan temido como conocido y de cuyo diagnóstico nadie duda. LA INFLACION ¿Perderá el PLD por eso, en el 2012?
Ese es el dilema hoy, solo que en este caso, el éxito del remedio aplicado por sus economistas no afectará, sólo a un partido, sino que permitirá vivir mejor a 12 millones de residentes en RD, aquejados por el aumento sostenido y generalizado de los precios, que se resume en una sola y aterradora palabra: Inflación, la cual dibujan, esconden y matizan sus economistas empleados con sueldos millonarios, a ellos no les afecta que suban luz, teléfonos, ropa, agua, comida y gasolina.
Por Ej. El síntoma que más preocupa por estos días es el aumento de un 12% en el precio de la carne y del pollo, platos predilectos en la mayoría de las mesas dominicanas. Pero no es el único, ya que prácticamente ningún producto de la canasta queda a salvo de la remarcación.
La inflación de Marzo ha sido la más alta en ese mes desde 2004 y, según estimaciones privadas, llegó a superar el 2%, más del doble que el % informado por el BCRD.
A contramano de lo que opina la mayor parte de los economistas consultados, el médico de cabecera, el Gobierno, parece empeñado en ratificar su tratamiento y delegar gran parte de él en las manos del secretario de Comercio e Ind. y de los ministros de Hacienda y de Planificación con don Temo, apoyados en línea neoliberal del endeudamiento.
En el lado opuesto, la ortodoxia económica sostiene que así no sólo, no se baja la fiebre, que sería apenas un pequeño paso en una curación más integral, sino que se la aviva todavía más y se conduce a un colapso que afectará todas las áreas de la economía, hasta hacer imposible, por ejemplo, el pago de la deuda.
Pero ¿qué se propone desde la otra vereda?
Una estrategia de pinzas que ataque a la inflación de dos formas: una coyuntural y otra estructural.
En el primer caso para que la gente vuelva a creer en las estadísticas, debemos crear un sistema de target inflación
(Inflation targeting, en inglés) para que la población sepa a qué atenerse y tenga certezas sobre qué reclamos salariales habrá que encarar, qué costos se deberán enfrentar y qué tasas de interés fijarán los bancos.
Ese es el punto de partida, pero nadie lo señala.
La segunda pata, la estructural, exige dar un marco de mayor previsibilidad a las empresas de sectores clave de la economía, como energía, transporte y comunicaciones, y delinear una política cambiaria, fiscal y monetaria consistente.
Si las medidas coyunturales parecen improbables para la actual administración, las que hacen al mejoramiento «macro» de la economía se presentan como imposibles, por una sencilla razón: van en contra de sus más férreos postulados, que implican tarifas congeladas, subsidios millonarios y gasto público exorbitante.
Pero, como dijo Bernardo Vega en TV: ¿Usted me pregunta qué es lo que se debería hacer, no lo que hará este gobierno, verdad?
Y lo que se debería hacer, para él, es aplicar la misma receta que sirve para todos los males que genera el populismo, que es achicar el gasto público y hacer un ajuste fiscal. Como mínimo, se necesita un congelamiento del gasto en el nivel actual, que es récord histórico, y un ajuste de las tasas de interés.
La cuestión de las tarifas es, para muchos, la madre de todas las batallas que se deben librar para combatir una espiral inflacionaria, ya que de su reacomodamiento depende que las empresas prestatarias de servicios públicos recobren rentabilidad y previsibilidad en sus negocios y se vean incentivadas a invertir en sectores neurálgicos de la economía. Así, se mejoraría la oferta, se satisfaría la demanda y se aplacaría la tendencia a la alza de los precios.
El ajuste de tarifas también permitiría reducir el gasto público, porque ya no serían necesarios los subsidios, que hoy compensan a las empresas pero no les dan previsibilidad para el futuro y, por lo tanto, no azuzan la inversión.
Otra vez surge la duda: ¿lo hará el Gobierno, cuando gran parte de su poder está atado a estas dádivas?
Si quisiera hacerlo debería promover acuerdos amplios que incluyan al Poder Ejecutivo, al Congreso, a asociaciones de consumidores y a empresas, porque de lo contrario no se sostienen en el tiempo.
Estos pactos deberían fijar una desregulación gradual que dé previsibilidad en los precios a cambio de inversiones estratégicas. Incluso, en ciertos casos, como el petrolero, se podrían encarar proyectos de tenencia mixta (pública y privada), lo que aliviaría el frente fiscal.
Precios y salarios son, justamente, las dos patas en las que García Micheli y Mike Ceara Hatton sustentan su medicina para el mal inflacionario.
Los economistas independientes, no políticos, en quienes debemos creer, explican que en un país donde los sueldos aumentaron un 9% en los últimos dos años -lo que no está muy bien, aclaran- siempre va a haber un piso de inflación de 15 por ciento real, no de un digito inflacionario como dice CENTRAL.
La receta es frenar la inercia y bajar la nominalidad de los acuerdos salariales y, además, consensuar un tope para los precios. Porque si todo se acomoda a la inflación pasada, como viene sucediendo, se fija un piso inflacionario que no se puede atacar con política monetaria.
La puja distributiva salarial es saludable, porque aumenta la demanda y eso siempre es bueno.
Pero, yo agrego que al mismo tiempo hay que tener previsibilidad de lo que va a invertir el Estado en infraestructura, energía y transporte, para pensar en cómo va a estar la economía y poder adaptar la producción al nuevo escenario.
Hasta ahora, el Gobierno trata de evitar la puja distributiva manteniendo constante el precio del dólar en $ 37.50, como única ancla antiinflacionaria.
¿Cuál es su receta, Don Johnny me preguntan; aunque nadie le hace caso, por no estar afiliado a ningún partido?
Contesto:
Ajuste de tarifas, fomento de la inversión, seguridad y justicia coherente, eliminación de subsidios, disciplina fiscal, acuerdos de precios y de salarios, saneamiento del cuasi en BCRD, política monetaria ordenada y reglas claras que permitan aumentar la producción son algunas de las recetas para sanar al paciente.
Mientras, tanto la fiebre sigue en aumento. johnnysanchez1147@YAHOO.COM
2010-03-31 16:13:31