Mario Rivadulla
El Listín Diario en su edición del día trajo en portada la secuencia fotográfica de los 9 prófugos más buscados por la Policía Nacional, excluyendo claro está los ya consabidos casos especiales de los elusivos capo boricua José Figueroa Agosto y su pareja, Sobeida Félix Morel.
A estos nueve presuntos criminales se les atribuyen nada menos que 36 asesinatos, lo que implica que están considerados como sujetos de la más alta peligrosidad. Ahora bien. Si se observan las fotos de los más buscados se podrá comprobar a primera vista que posiblemente ninguno llegue a treinta años y más de uno, luce estar más próximo a la adolescencia que a la edad adulta.
El hecho no tiene nada de novedoso. Simplemente confirma lo que tantas veces está ocurriendo cada vez con mayor frecuencia y se ha señalado también con más reiteración. Esto es: cómo es creciente el número de jóvenes dominicanos, casi todos de extracción muy humilde, que derivan hacia el submundo del crimen organizado, la mayor parte de las veces asociado a la comercialización de las drogas ilegales. Y cómo también en igual medida, ha ido perdiendo para ellos el sentido del valor de la existencia ajena y aún la propia, no tienen reparo en vivir dentro de un constante marco de extrema violencia y apelar al asesinato con la mayor facilidad y sin cargos de conciencia para la comisión de sus fechorías.
¿Qué está pasando con nuestra juventud? No parece ser una pregunta que ofrezca mayor dificultad. Sociólogos, psicólogos, psiquiatras y otros expertos en la conducta humana lo han dicho y repetido una y otra vez. Son varias las razones que convergen hacia el mismo punto de determinación conductual: condiciones socio económicas marginales, inversión o ausencia de valores, complicidad o permisividad de las autoridades y el efecto demostración que proyecta la impunidad en que se desenvuelven tantos a todos los niveles, desde los delincuentes de cuello blanco hasta los malhechores barriales mejor enllavados. Pero, sobre todo y por sobre todo, los hogares disfuncionales y el naufragio de la institución familiar. De esto último da la medida el más de millón y medio de madres solteras, de las cuales por sobre el millón son además el sostén de la casa.
Pero si no resulta complicado establecer las causales que están debidamente diagnosticadas, sí en cambio lo es encontrar respuestas viables a una situación extremadamente compleja y que no siendo nunca de fácil ni pronta solución, se torna más problemática en países de tan limitados recursos como el nuestro, donde siempre las necesidades resultan mucho mayores que los medios para satisfacerlas.
¿Cómo enfrentar el problema? ¿Qué disposiciones adoptar? ¿Qué estrategia seguir? ¿De qué forma y en qué medida podemos recuperar esa escala de valores esenciales que hemos invertido?
Es una tarea árdua que exige el concurso de quienes puedan aportar posibles vías de acción que respondan a nuestra realidad y posibilidades. Traer recetas de importación que corresponden a sociedades de un nivel de desarrollo y recursos muy superiores a los nuestros es esfuerzo baldío, simple ejercicio retórico sin ninguna viabilidad en el orden práctico. Más claro: la respuesta tiene que ser dada en dominicano. Profesionales calificados tenemos de sobra para acometer una tarea que debe ser elevada a la categoría de urgente necesidad nacional, si no queremos correr el riesgo de que el país, por desviación generacional, se precipite en un profundo derriscadero. Esas fotos en la portada del Listín de hoy son una contundente clarinada de alerta.
TELEDEBATE. Telefuturo, Canal 23. ?teledebate(a)hotmail.com?
2010-04-27 14:35:33