La justicia está quebrada. Los recovecos y triquiñuelas legales la atan de manos y de conciencia.
Hace falta que se lleve a cabo una modificación amplia y precisa, del sistema judicial dominicano.
Las fallas son del sistema, de la aplicación de los reglamentos, de la falta de valor y en ocasiones la disposición al dolo.
Lo que se impone, es que el sistema judicial vaya de acuerdo con las necesidades nacionales; el país quiere que la diosa de la justicia se vende de nuevo los ojos y aplique la espada con equidad.
La policía tiene que pasar a ser un auxiliar de la justicia, y no un juez que actúa con la preparación de pruebas deficientes, o ?ablandamientos? en los cuartos de interrogatorios.
La solución a la delincuencia, no está en los enfrentamientos armados, que en muchas ocasiones aplica la Policía, o en los linchamientos callejeros.
Muchos delincuentes recobran la libertad, porque no se les instrumenta expedientes de acuerdo a la magnitud del delito.
Hay flojedad de parte de fiscales, que no están presentes, como lo manda la ley, en los interrogatorios a los imputados.
Se somete presos a la justicia sin tener estructurado un expediente creíble, lo que da `por lugar que los jueces los dejan en libertad.
La procuraduría General de la República tiene que instruir a sus fiscales, que actúen con mayor responsabilidad y aplomo.
Hasta que se reforme el Código Procesal Penal, los delincuentes llevan la ventaja. Les favorece la flojedad de la presentación de pruebas, los excesos de la policía, y la blandura de los jueces.
Hay que hacer una modificación total del sistema judicial dominicano.
No solo es reformar el Código Procesal Penal, sino que tenemos que cambiar material humano, desde fiscales hasta jueces.
Tenemos esperanzas en la justicia, esperamos su recuperación total. El día que se pierda la confianza en la justicia, entonces surgirá el linchamiento. Eso lo debemos evitar.
Hagamos los cambios en el tren judicial hoy mismo. El tiempo es corto.
2010-04-27 21:01:37