Por Manuel Hernández Villeta
La abstención para las elecciones congresuales y municipales del 16 de Mayo, se estima que rondará el 50 por ciento.
Las evaluaciones primarias de la Junta Central Electoral son de que el 40 por ciento de la población con derecho al voto, dejaría de participar en los comicios.
En la República Dominicana el voto es obligatorio, pero no acudir a las urnas no está penalizado. Por tanto usted vota si quiere, que nadie lo va a perseguir.
Lejanos quedan los días, en que se originaba una abstención en contra de la violencia del régimen de Balaguer. Era una forma de mostrar la impotencia para acabar con la etapa de sangre de los doce años.
En esos lejanos días, si lo detenían los organismos de seguridad, y en su cédula no constaba el sello del voto, era una casi segura pena de muerte. A La Victoria, en el mejor de los casos.
Los izquierdistas y los grupos políticos opositores montaban centros de cedulación clandestinos, donde se colocaba el sellito, para burlar las acciones represivas.
Ahora la abstención no tiene razón de ser, salvo que se busque en la indiferencia y en el dejar pasar y dejar hacer. Es ahí donde llega una sociedad en etapa consumista.
El peor mal que se puede dar en la política, es la indiferencia, en ese camino se trilla o la dictadura, o la revolución. Solo la participación masiva de todo el pueblo en sus cambios y transformaciones hace florecer la democracia.
Las dictaduras no son un regalo del cielo, como dirían los fascistas europeos, pero si es producto de que las mayorías se cruzan de brazos, para dejar que un ser privilegiado les garantice su paz, y su tranquilidad.
El dictador, como el caso de Trujillo, es producto de una sociedad indiferente frente a los problemas sociales, que sin quererlo pare un monstruo, porque cerrada su capacidad de lucha, sólo desea el orden y el silencio.
Las revoluciones, también se producen por la indeferencia de esos sectores que cierran su voz ante los atropellos y las violaciones de los derechos económicos y sociales de las mayorías.
Las dictaduras y las revoluciones, siendo una de derecha y otra de izquierda, tienen el pecado de que se nutren de los sueños rotos de las mayorías, y del oportunismo de la minoría ilustrada, que es la que se queda con el poder.
No votar, no es simple abstención, sino tener una pisca de sensibilidad, pero sin sueños para tomar un camino determinado. Cada cual camine por su sendero, pero no de pie a la indiferencia y a volver la cara ante el dolor de su vecino.
En el camino de afincamiento de la democracia, nos tomaremos muchos senderos, pero hay dos postas de referencia, podemos hacer camino al andar, o cambiar, para que todo siga igual.
La verdad es que la República Dominicana tiene que cambiar, sus mujeres y sus hombres tienen que cambiar, a pesar de que va quedando en lontananza el camino sin retorno entre dictadura o revolución.
Ya no hay jacho para alumbrar el camino, por lo que surgirá un mecenas para abrir trochas en las tinieblas.
2010-04-28 20:27:39