Por Manuel Hernández Villeta
Cuando calla la prensa, terminan las libertades públicas.
Plantear la autocensura informativa, es matar el derecho que tiene el pueblo a ser informado libremente.
Es preferible que haya un exceso de un medio de información a poner la ley mordaza.
En caso de una difamación, están los tribunales y los estamentos judiciales correspondientes.
Ahora, el atropello de las libertades públicas es intolerable: el ensuciar honras y dignidades por capricho no puede ser.
Pero es difícil por vía administrativa determinar cuando hay una denuncia seria y objetiva, o cuando se cae en la calumnia y el abuso informativo.
En este caso hay que caer en el arbitraje, o sea ir donde un juez para que emita sentencia.
Las viejas dictaduras tenían como consigna que a la prensa se le pagaba o se le pegaba. En el país se vivió una etapa de violencia institucional donde a la prensa se le pegó, pero no se logró doblegarla.
Recuerdo en mi época de reportero hacer una transmisión de radio encañonado por un guardia con un fusil Fall listo a disparar. Su acción violadora de la libertad de prensa, solo pudo ser detenida por el sonido de la movil anunciando la transmisión y el reportero señalando??estoy transmitiendo desde el sector Guachupita mientras un sargento del Ejército me apunta con su fusil y amenaza con matarme??.
Estoy vivo y la transmisión se hizo. Hoy son otros tiempos, donde esas presiones incivilizadas no existen o están congeladas.
Por eso, la prensa tiene que pasar revista de una modalidad que es dañina y criminal, que pone en juego el futuro del país.
Se trata de la autocensura. La verdadera censura que se da hoy en la República Dominicana es la mordaza que los mismos periodistas se ponen en la boca.
Los dueños de medios inclinan sus opiniones para conservar amistades o anuncios. Antes de enojar a allegados o futuros amigos, se calla la parte de la verdad que tienen en sus manos.
El periodista no tiene que ser superhéroe, sino defender su derecho a la verdad. Es la voz y la conciencia de millones de personas que no tienen los medios para expresarse y exigir justicia o claridad.
Da pena que sea una jueza que pida la auto.-censura a los medios informativos. La justicia, con sus representantes los jueces, no está para acallar verdades o expresiones que después de un análisis podrían ser una equivocación.
Parece que con todos los tropezones de los jueces, ellos le quitaron a la justicia la venda de la imparcialidad que tiene la diosa dermis en los ojos, para tratar de colocársela a los periodistas en la boca.
La libertad de prensa no ha sido un regalo de nadie. Ha costado muchas sangre y sacrificios.
Si se calla el cantor, se calla la vida. Si la pluma se silencia, el derecho del pueblo a la verdad será vulnerado.
??Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres?
2010-05-05 20:52:30