Mario Rivadulla
10,04,2010
Ningún proceso electoral hasta ahora tan complejo y exigente como el actual. Ninguno que haya obligado a la Junta Central Electoral a emplearse tan a fondo. Más de cuatro mil cargos en disputa, por sobre dieciséis mil nombres en los millones de boletas congresuales y municipales que estarán disponibles para ejercer el sufragio el próximo domingo. Hasta el último instante, decenas de impugnaciones y recursos, de denuncias y resoluciones adoptadas en cada caso con estricto apego a la legislación electoral. Posiblemente ninguna otra contienda no presidencial en que las cabezas de los principales partidos políticos, en particular el Presidente Leonel Fernández y el ingeniero Miguel Vargas Maldonado, se hayan involucrado de una manera tan directa y con tanta dedicación y pasión recorriendo el país de un extremo al otro en la promoción de sus candidatos respectivos a ocupar las curules en las Cámaras Legislativas y a gerenciar los ayuntamientos por los próximos seis años.
Pero sobre todo y esto es lo más llamativo y positivo, que pese a la concurrencia de todos esos elementos y salvo algún que otro incidente aislado en días recientes, la campaña ha transcurrido sin tener que lamentar hechos significativos de violencia. La propia Junta también contempló este aspecto y en su momento,llamó a los partidos políticos para coordinar las actividades y manifestaciones proselitistas de tal modo que no colisionaran entre sí a fin de evitar choques originados por el excesivo fanatismo que, lamentablemente, ha estado presente en otras oportunidades con resultados trágicos. El esfuerzo ha sido exitoso; hay que procurar que se mantenga así. Las dirigencias partidarias deben poner su máximo empeño en estos días finales en este sentido. Pero corresponde a las autoridades en particular, sofocar sin arbitrariedades pero también sin timideces todo amago de violencia electoral. Las elecciones son un ejercicio cívico y así deben conjugarse y no una clarinada bélica.
Por otra parte, vale recordar que el voto es el arma que tiene el ciudadano para expresar su repudio o su simpatía. Para castigar o premiar. Renunciar a ese derecho y oportunidad no creemos que sea lo más conveniente. Abstenerse no es la mejor opción para tratar de mejorar el país. Tampoco es válido dejar de votar amparado en el argumento de que ?todos son iguales, prometen y no cumplen?. Cierto que hay quienes han ido a los cargos a servirse y no a servir, como hay otros que aspiran a desplazarlos simplemente con el afán de entrar en el mismo infame rejuego. Pero en las boletas que serán entregadas a los votantes el próximo domingo, en los millares de colegios habilitados, figura también gente decente, capaz y con deseo de contribuir a que las cosas marchen mejor, algunos que aspiran a repetir en base al trabajo que han desplegado y otros que son de estreno y pueden presentar sin sonrojos una limpia y productiva hoja de vida.
El próximo viernes, finaliza la campaña. A partir de entonces no se podrán realizar labores proselitistas ni los candidatos promocionarse. Ese intermedio constituye un buena oportunidad a fin de que cada quien reflexione sobre la calidad de los candidatos para decidir por aquellos que sean merecedores de su sufragio. Hagamos que valga la pena votar. Lo deseable es que el voto sea de conciencia y no de conveniencia. Solo así podremos fortalecer y perfeccionar nuestra democracia, a la que todavía le queda mucho trecho por andar para merecer el título de tal. De cada ciudadano depende el conseguirlo y sufragar a conciencia es una de las formas más efectivas de lograrlo.
TELEDEBATE. Telefuturo, Canal 23. ?teledebate(a)hotmail.com?
2010-05-11 13:05:19