Mario Rivadulla
11,05,10
El mismo domingo 16 de Mayo, después de sufragar y prácticamente sin esperar los primeros resultados del proceso electoral, el Presidente Leonel Fernández viajará a España para fungir de moderador en la nueva Cumbre que se celebrará en Madrid con la participación de los países que han ofrecido ayuda para la recuperación de Haití. Este nuevo encuentro internacional es importante, en tanto el tema haitiano parece haber entrado en una especie de limbo.
Miles de millones de dólares y euros han sido ofrecidos para la reconstrucción que se estima requerirá un mínimo de 8 mil pero cuya cifra pudiera rebasar los catorce mil millones, de acuerdo a estimaciones de técnicos al servicio de las Naciones Unidas enviados por evaluar los daños. Pero la mayoría de esas ayudas no se han podido concretar. La razón es simple: los países donantes no quieren entregar sus aportes al vuelo, temerosos con razón de que gran parte de esos recursos se dilapiden en unos casos y en otros, sean objeto de apropiación personal por parte de elementos oportunistas e inescrupulosos. Experiencias anteriores en este sentido conspiran contra Haití.
El afamado escritor mexicano Carlos Fuentes lo expresó claramente y sin tapujos cuando recientemente estuvo de visita en el país como una de las figuras principales invitadas a la Feria Internacional del Libro. No solo expresó el temor de las naciones aportantes de posible dilapidación y desviación ilegal de sus donativos, sino que llegó a plantear como solución una especie de Protectorado o Fideidomiso sobre Haití, hasta lograr su refundación como un Estado viable y en capacidad de ofrecer una vida de decoro y esperanza a sus nacionales dentro de sus propias fronteras.
Al margen de esta audaz y polémica propuesta, se puede apostar a seguro que las ayudas prometidas a favor de Haití no fluirán o lo harán a cuenta gotas si no es en base al cumplimiento de dos requisitos. El primero es que la entrega de fondos se destine en cada caso para proyectos específicos, previamente identificados. Sirve de ejemplo el compromiso asumido por nuestro país de edificar una universidad con capacidad para diez mil alumnos, que sea la fragua de la que saldrían los profesionales calificados para acometer las tareas de reconstrucción y refundación de Haití. Y segundo, la existencia de una estructura mínima de gobierno que se responsabilice y a través de la cual se viabilicen los aportes y al que se le pueda exigir en cada caso, el destino dado a los mismos.
Hasta ahora esto no se ha logrado. El Presidente García Préval acaba de conseguir del Senado que a su período de gobierno se le agregue una extensión de tres meses. Pero al tiempo de lograr la aprobación a su propuesta, miles de haitianos marcharon frente al semiderruido Palacio Nacional para pedir su destitución. El alegato que enarbolan es que el mandatario se ha mostrado en extremo débil y tímido para hacer frente a la tragedia sufrida por su pueblo. Si esta corriente toma fuerza, es seguro que la situación en Haití se pudiera volver totalmente inmanejable, sobre todo con la salida de su territorio del grueso de las tropas norteamericanas. Y una situación de caos, situación que ha sido frecuente y recurrente en el vecino fronterizo, complicaría aún más la situación y alejaría la posibilidad de que pueda iniciarse el proceso de reconstrucción.
Ojalá estar equivocados. Pero nos parece que la situación haitiana por lo menos ahora mismo, no pinta nada bien.
TELEDEBATE. Telefuturo, Canal 23. ?teledebate(a)hotmail.com?
2010-05-12 13:37:01