Mario Rivadulla
18,05,2010
Los resultados finales para la elección de senadores y alcaldes en los recién realizados comicios del pasado domingo son concluyentes de una victoria aplastante por parte de la Coalición Gubernamental. Desde antes, tanto las encuestas efectuadas con criterio profesional y no con fines propagandísticos, como la opinión de la casi totalidad de los analistas políticos más calificados daban por descontado el triunfo por amplio margen del PLD y sus aliados. En la realidad, éste superó lo previsto.
Treinta y un de treinta y dos senadores y la plaza restante a ser desempeñada por el cacique higueyano Amable Aristy Castro, mucho más cerca de la parcela oficial que del opositor PRD, le dan mayoría absoluta en la Cámara Alta. Noventa y un ayuntamientos, veinticuatro más de los que tiene al presente, frente a cincuenta y ocho del PRD, apenas seis más de los que cuenta ahora mismo, le otorgan también un cómoda ventaja en el plano municipal. De muy modesto premio de consolación le sirve el hecho de haber ganado varias de las alcaldías más importantes, aunque en los casos de Santiago y San Cristóbal por vía de transfuguismo. Falta todavía por finalizar el cómputo de los diputados, donde si bien la ventaja no resultará tan significativa debe también arrojar una mayoría a favor del gobierno superior a la que tiene al presente.
Paradójicamente a este significativo desplazamiento congresual del PRD, que pierde las senadurías conque cuenta actualmente en otras tantas provincias las cuales lucían baluartes inconmovibles y cuyos incumbentes, todos veteranos y reeleccionistas de más de un período legislativo, habían demostrado estar fuertemente posicionados, la votación neta, del PRD alcanzó un 39 porciento del total en el plano nacional. Este elevado número es demostrativo de que ha mantenido su fuerza electoral, el llamado voto duro. ¿Dónde buscar pues las razones de este descalabro sin precedentes que ya evidencia habrá de originar los más fuertes cuestionamientos internos al liderazgo de Miguel Vargas Maldonado?
Obvio que las causas son varias y de naturaleza diversa y corresponderá a los dirigentes del partido blanco analizarlas en profundidad, al margen de heridas todavía sangrantes a consecuencia del discutido y discutible proceso interno de escogencia de sus cuadros de dirección superior y sus candidatos, de resabios acumulados y proclamadas aspiraciones presidenciales en el 2012. Quizás la mejor respuesta pudieran encontrarla en la afirmación de la socióloga y analista política Rosario Espinal, de que ?El PRD no ha sabido fabricar una victoria electoral?.
Contar con el 39 porciento de los votantes es una señal incuestionable de su caudal electoral y le daría oportunidades de victoria en unas elecciones generales?si éstas se decidieran por mayoría simple. Pero se queda distante del cincuenta por ciento más uno requerido por el sistema vigente. Esa diferencia que le permitiría ?fabricar? esa victoria, es la que no ha sabido construir la dirigencia perredeísta que subordina gran parte de tiempo y esfuerzo a tratar de resolver sus interminables querellas internas. En adición, al igual que le ocurrió en el 2008, cargando todavía el fardo de viejas culpas y convirtiéndose en entusiasta copartícipe del vergonzoso transfuguismo que caracterizó el ejercicio político pasado, no pudo proyectar el PRD la necesaria imagen de ?cambio?, el reiterativo ?chance? que llevó a Obama al poder en los Estados Unidos, para granjearse los votos de la llamada ?clase silente?.
No ha ocurrido así con el PLD. Este, con una estrategia adecuada supo cubrir la brecha representada por el lógico desgaste del ejercicio del poder, sumando alianzas con la mayoría de los numerosos partidos que integran el espectro político dominicano. Aún cuando algunos no pasan de disponer un escuálido capital electoral, todo voto cuenta y decide. Si no que lo diga la senaduría de Pedernales definida por apenas 14 sufragios de diferencia. Como destaca en su edición de hoy el Diario Libre: 13 de las 31 senadurías que constituyeron la excedida retribución electoral del PLD, fueron ganadas gracias a los votos aportados por los partidos aliados. De no ser así, esas curules hubieran sido ocupadas por los candidatos respectivos del partido blanco.
La moraleja, lección y lectura de estas pasadas elecciones es que contrario al PRD que hizo todo lo necesario para perder, el PLD dio los pasos requeridos para ganar. Los resultados están a la vista y no pueden resultar más contundentes.
TELEDEBATE. Telefuturo, Canal 23. ?teledebate(a)hotmail.com?.
2010-05-19 13:48:09