Por Manuel Hernández Villeta
El continuismo ha sido una de las grandes realidades de la política dominicana.
El guerrillerismo montonero se cimentaba en el culto a la personalidad del dirigente de las tropas. Cualquiera era general, solo necesitaba un traje de Macario, un fusil, un caballo y varios seguidores. Fue un amago de continuismo con sabor a ron, mujeres y tabaco
Pero el continuismo tiene su momento más imponente con los déspotas ilustrados.
El más representativo, en historia perdida, fue Buenaventura Báez, y en la etapa moderna, Joaquín Balaguer.
No eran militares, tenían ribetes de ilustrados, de hombres de gran capacidad, pero detrás de los finos modales, se ocultaba el puño de hierro.
Los déspotas ilustrados usaron a los militares de su época, como el pedestal de sustentación de su fortaleza política. La ilustración unida a las bayonetas, una mutual imperdible.
El continuismo ha sido una de las grandes figuras de nuestra historia, a la cual le tienen miedo los investigadores, porque rehúsan analizar a Balaguer, y, ¿a quién más?.
El continuismo no sale de la luna, es una respuesta social a deseos insatisfechos de mayorías conservadoras. Los dictadores se pueden sustentar un tiempo con el garrote, pero si no tienen ese nicho de popularidad, se los lleva el viento.
El caso de Lilis es muy especial. Llegó bajo el sobaco del Padre de la Restauración, Gregorio Luperón, y luego formó su impronta de sable despiadado.
Trujillo, Rafael L. Trujillo cambió la cara de los continuistas dominicanos. Los déspotas ilustrados utilizaron a los militares como base de sustentación política.
Trujillo, que logró el reconocimiento de los interventores norteamericanos por su cacería de los patriotas que llamaron gavilleros, fue un militar de horca y cuchillo, que puso a los intelectuales a lamerle las botas,
Siendo él un militar, necesitaba el apoyo de la intelectualidad, que le dio basamento teórico y social a su régimen. Una pena que los cobardes tengan miedo de analizar a Trujillo, y ponen censura al tema.
En fin, el continuismo como tal no es malo. Es la utilización que se le da al poder lo negativo.
Las masas dominicanas son continuistas porque creen en el hombre prodigioso, cambian su libertad por su seguridad, su comida tres veces al día, por el libre crecimiento de sus instituciones.
El continuismo no depende un hombre, sino de las coyunturas sociales de un momento dado. La sociedad dominicana de hoy no logra zafarse de sus demonios de buscar y encontrar al hombre predestinado.
La coyuntura política nacional determina que para un dirigente montarse en el potro del continuismo tiene que tener varias cualidades, en especial dos.
¿Cuáles son esas dos condiciones?. 1, Pantalones, y 2, sentido de la oportunidad histórica.
Si cuando llegue la hora final de las venideras elecciones hay condiciones para el continuismo, es porque aparece un hombre que las masas ven como predestinado, y segundo, ese elegido tiene pantalones y sentido de la oportunidad histórica.
O sea, que sólo la coyuntura de un momento específico determinará si hay reelección ?repostulación- o no..
¿Y si las elecciones fueran hoy?. Con una victoria electoral congresual y municipal, solo hay que tener el coraje de jugarse la faja a todo o nada, y que las urnas hablen.
2010-05-19 20:44:53