Por Manuel Hernández Villeta
En la República Dominicana de hoy, absolutamente nadie tiene la fuerza suficiente para tomar las calles y provocar una disociación social.
El último dirigente nacional con fuerzas para estremecer las calles, fue José Francisco Peña Gómez, con su voz de trueno.
Ahora, absolutamente nadie tiene fuerzas para lanzar al pueblo a las calles, y provocar alteraciones sociales de peso. Lo demás, no pasa de ser buscar beneficios políticos de una simple declaración sin mayor miramiento.
Para llevar a las masas irredentas a salir a las calles y ofrendar sangre y vida, se necesitan más que los simples resultados de unas elecciones congresuales y municipales.
Es un absurdo, tener miedo y movilizar soldados y agentes de seguridad, para enfrentar una bravuconería sin fuerzas en la realidad.
Los dominicanos quieren paz y tranquila, y en este preciso momento, el sendero de lucha que tienen, no es la toma de las calles y la alteración del orden público.
Además, ningún partido ha creado las bases sociales y políticas, que puedan llevar a las grandes masas, a ver como una posibilidad real buscar reivindicaciones en las calles.
El pueblo puede votar, pero un síndico, un regidor, un diputado o un senador no le motivan lo suficiente, para verlo como un problema de vida o de muerte.
Por demás, al hombre de la calle, el legislador o el representante municipal no le es representativo, no va a buscar soluciones a sus problemas reales, no lo siente como parte fundamental de la democracia.
Por el contrario, las constantes criticas y denuncias que se hacen en torno a la forma de operar y de actuar de los legisladores, lo desliga del sentimiento y el corazón del pueblo.
El clientelismo político, la ausencia de parámetros ideológicos, sencillamente hace difícil que una parte del pueblo se juegue la vida para llevar al Congreso o a la sala capitular a cualquier persona.
Con Peña Gómez, había condiciones específicas de lucha entre dos fuerzas políticas, y parámetros de violaciones a los derechos humanos, que hacían viable la salida violenta a las calles.
Hay grupos de izquierda que hacen paralizaciones en pequeñas comunidades, en demanda de conquistas sociales. Pero esos son hechos aislados.
Esta democracia de imperfecciones y de tropezones tiene que cimentarse y fortalecerse en sus vicios, y no puede tratar de buscar ingredientes que le son ajenos para avanzar.
Por lo tanto es una necedad pensar que se va el alzamiento De la gente en las calles. Un absurdo para el que lo impulse, y un infantilismo del que tome las medidas de prevención.
Pa la calle no va nadie. No jueguen a coger miedo.
2010-05-25 21:54:17