Por Héctor Olivo
La gran mayoría de los cientos de reclamos ante la Cámara Contenciosa de la Junta Central, concluidas las elecciones de este 2010, tienen como fundamento el voto preferencial.
Se ha recurrido a esta prerrogativa ciudadana, presentada como una conquista democrática, para denostar y cuestionar candidatos y candidatas de una misma organización política, incentivando así conflictos y fricciones internas, nada saludable al sistema de partidos políticos.
La fase post electoral de reclamos y presentación de pretensiones individuales ha traído consigo la exhibición de argumentos desaforados con acusaciones injustificables.
Dirigentes políticos que fueron candidatos y candidatas, caracterizados por la cordura y la prudencia, tiraron por la borda sus virtudes para acusar a compañeros suyos de malas artes.
El reclamo por el voto preferencial se llevó la discreción y sensatez de militantes con una limpia hoja de servicio como dirigentes y legisladores.
El uso de calificativos en contra de compañeros de una misma parcela fricciona la colectividad y reduce su fortaleza como ente orgánico.
Esto, entre otros factores, ha llevado a una gran parte del liderazgo político a presentar argumentos públicos en contra del voto preferencial, sugiriendo en muchos casos su eliminación del sistema electoral.
Lo que en principio trajo cambios favorables en la relación de los candidatos y candidatas con sus electores, se ha convertido en un elemento de discordia.
En el espíritu de la Ley Electoral 275-97 se procura una mejor distribución de los escaños de los Diputados y aminorar el problema de representatividad que se ha manifestado en la desigualdad del voto ciudadano, objetivo que en la practica, ha quedado trunco.
Que cada candidato o candidata se agencie su voto individualiza la campaña. Argumentando la preferencia del voto, candidatos y candidatas se alejan de las propuestas partidarias para presentar solo las suyas.
El competidor ya no es externo es interno, creándose roces innecesarios entre dirigentes que responden a los mismos lineamientos.
Procurar que los electos se sientan más comprometidos con los que eligen, que con las directrices de los partidos por los cuales se postulan, ha traído un gran daño al liderazgo personal, en cambio el liderazgo que representa la cúpula partidaria y los símbolos se ha reconfortado.
Se ha errado en la búsqueda de mayor diversidad, en cambio dicho propósito ha dado paso a una acción clientelar.
Candidatos y candidatas demandan de votos de los electores para convertirse en los preferidos; al crecer la demanda se le pone precio a las ofertas, así se explica el carácter mercantil, que de un tiempo a esta parte, se le ve al ejercicio del voto.
Indiscutiblemente se hace necesario la reestructuración, modificación o eliminación del el voto preferencial conjuntamente con la formula para su aplicación, el Método de Hont, con el que se justifican muchas iniquidades, como el caso de candidatos con mayor cantidad de votos quedando por debajo de los que obtuvieron menos.
La enmienda a los errores del voto preferencial se consigue con la modificación a la Ley Electoral, legislación pendiente de adecuación para ponerse en sintonía con la reformada Constitución de la Republica, a la par con ella se requiere que el proyecto de Ley de Partidos Políticos se retome, ahora, con la competencia por posiciones electivas a cierta distancia en el tiempo.
2010-06-07 12:13:19