Por Manuel Hernández Villeta
El motoconcho es una de las grandes afrentas sociales que han surgido en el país en los últimos años. La principal responsabilidad en este desorden, es la poca operabilidad de las autoridades para hacer frente a ese mal servicio.
Los moto-conchistas surgieron de la noche a la mañana, y un hombre desempleado se colocó en una esquina, y comenzó a transportar a los pasajeros de las calles más cercanas del barrio.
Soy contrario a la violencia con que las autoridades han enfrentado a los moto-conchistas, porque ello demuestra su incapacidad para solucionar en el acto-ahora, a lo que ignoraron por mucho tiempo.
El moto-conchismo no está reglamentado por ley, y ni siquiera hay una depuración de los hombres que manejan los motores. El único control lo tienen los integrantes de un grupo, que fijan sus propias reglas, para mayores beneficios personales.
Con los moto-conchistas, nadie tiene seguridad de la seriedad del conductor, que puede ser un atracador, un violador, o cualquier irresponsable.
Los moto-conchistas visten o se desvisten como les va en gana. Pantalones cortos, camisa sin manga, chancletas, malos olores y palabras insolentes.
Cobran lo mismo que un carro de concho, para hacer un servicio de solo dos cuadras. Montán mujeres embarazadas, y tres ó cuatro personas, incluyendo niños, en el vehículo de dos ruedas.
El derecho a la comida de un moto-conchista no lo sitúa por encima de las leyes o las buenas costumbres. Pero ya el moto-concho se ha convertido en una realidad, y hay que reglamentarlo.
Aquí se tiene que obligar a los moto-conchistas que se uniformen, sean plenamente identificados y con las unidades en buenas condiciones.
Los motores deben tener sus unidades con las luces en buen estado, los frenos tienen que estar bien, y por ahora no hablemos del seguro, que ninguno lo tiene.
Vamos a dejar trabajar a los moto-conchistas pero que sus organizadores comprendan que tienen que respetar las leyes.
2010-06-15 13:46:30