Manuel Vólquez
Nuestro Presidente tiene méritos suficientes para optar por el Premio Nobel de la Paz.
Alguien con mucha influencia debiera promover hacia adelante esta iniciativa. La planteo asumiendo el riesgo de que me califiquen de ?chupamedias?, ?lambón o adulón?. Ojalá las bocinas ponzoñosas sean consideradas conmigo y reconozcan mi derecho a expresar libremente mis ideas como lo consagra la Constitución de la República.
Esa inquietud la pongo de manifiesto después de examinar con la mente fría el historial personal del jefe del Estado. Lo hago a plena conciencia de que los enemigos políticos de Leonel estallarán en rabia y dirán cuántas cosas malas les llegue a la mente, pues no le perdonan haber ascendido al poder tan joven, de gobernarnos tres veces de manera consecutivas (y quien sabe cuántas veces más lo hará), de haber rescatado el crédito del país en el exterior y de mantener el crecimiento sostenible de la economía dominicana por encima de los pronósticos desafortunados de los miembros del Escuadrón de la Muerte que en el pasado reciente dirigieron las finanzas públicas.
Leonel Fernández, un amigo con quien en numerosas oportunidades pude intercambiar diálogos productivos sobre diversos temas, sobre todo la política, cuando yo cubría los tribunales en mi condición de reportero, reúne condiciones excepcionales para lograr ese codiciado galardón. Sabemos las cosas positivas que ha hecho a favor de la humanidad así como sus triunfadoras intervenciones en los conflictos en que se han vistos involucrados personajes ilustres de la política, aquí y allá.
Por ejemplo, del 4 al 7 de marzo de 2008 se celebró en la República Dominicana la XX Cumbre del Grupo de Rio, un escenario que sirvió de plataforma para que los presidentes, jefes de gobiernos y organismos internacionales pudieran discutir y buscar soluciones futuras a los problemas que afectan a nuestros países fruto de la grave crisis económica mundial. En ese inolvidable escenario, el presidente Leonel Fernández hizo gala de ser un excelente analista de la geopolítica universal, sino que demostró ser un negociador y un conciliador consumado al lograr que los presidentes de Ecuador, Rafael Correa, el de Venezuela, Hugo Chávez, y el de Colombia, el polémico Álvaro Uribe, dirimieran sus diferencias y hasta se dieran un abrazo.
Recuerdo que luego de concluir esa cumbre, el entonces presidente hondureño Manuel Zelaya, hoy exiliado en nuestro país, describió a la República Dominicana como el Paraíso de la Paz. La astucia, habilidad y sabiduría de Fernández también propiciaron un relanzamiento de las relaciones entre los mandatarios Hugo Chávez y Uribe.
La probada vocación humanista del jefe de Estado dominicano se ha puesto más de manifiesto a raíz del terremoto que destruyó varios pueblos en la República de Haití, con un balance de más de 300 mil muertos, miles de heridos y cerca de un millón de damnificados. El fenómeno natural ocurrió el 12 de enero del 2010 y pocas horas después el presidente Leonel Fernández, antes de que reaccionaran las demás naciones, se echó sobre los hombros la situación haitiana y dispuso el envío de ayudas diversas por aire, mar y tierra e incluso impartió instrucciones para que se abrieran las puertas de los hospitales y se habilitarán refugios en el territorio nacional para albergar a los miles de haitianos que a partir de esos tenebrosos momentos se convertían en damnificados con jurisdicciones internacionales.
Desde entonces, Fernández se ha convertido en un vigilante de Haití, llevando la voz de alerta al mundo en las cumbres y cónclaves internacionales sobre las dificultades que se ciernen sobre la población haitiana. Los reclamos reiterados a las naciones ricas y a los organismos foráneos para que sea condonada la deuda externa de Haití, que se eleven los niveles de cooperación y se forme una comisión integrada por autoridades haitianas, de las Naciones Unidas y otros organismos deliberativos extranjeros para salvar a esa empobrecida nación, son parte de los pasos positivos encaminados por el visionario presidente dominicano.
Y para que no se tenga dudas de su vocación de servicios y de la solidaridad que ha mostrado por las dificultades que padecen los demás, Leonel Fernández ha llevado el caso de Haití al mismo vientre de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en Nueva York, y allí pidió colocar en agenda como prioridad la situación que padecen los haitianos, donde además se acordaron ayudas por valor de 5 mil 300 millones de dólares en dos años.
Esas inquietudes fueron reiteradas en la pasada Cumbre Mundial Sobre el Futuro de Haití: «Solidaridad Más Allá de la Crisis», celebrada en el país recientemente con la asistencia de presidentes latinoamericanos, ministros de gobiernos europeos y representantes de organismos deliberativos en materia de situación de desastres.
Por su habilidad para buscar solución a los conflictos, fue escogido como mediador en la crisis que afectó al gobierno de la República de Honduras, luego del golpe de Estado propinado por los militares contra el mandatario Manuel Zelaya. Pudiéramos exponer otros hechos que han merecido la exitosa participación de Leonel Fernández, pero los citados son más que suficientes para demostrar la alta sensibilidad humana de este ilustre hijo de la Patria, cuyas acciones altruistas han sido reconocidas por los líderes extranjeros y organismos internacionales.
Sus reiterados llamados para que el mundo ayude a los haitianos están registrados en los medios de comunicación y lo hace sin el afán de buscar protagonismo porque no lo necesita. Su actitud obedece a que es un hombre que se crió viendo las precariedades que vivieron los dominicanos pobres durante su infancia.
Leonel considera que Haití debe tener otro rostro, que no puede sobrevivir sin una mano amiga, y esa es la razón fundamental de su llamado al mundo para que se haga la reconstrucción de ese país. La alerta funcionó y dio como resultado la celebración de la citada Cumbre de la cual surgió una comisión que está configurada, entre otros, por el enviado especial de la ONU, el ex presidente estadounidense Bill Clinton, quien también alabó públicamente el espíritu solidario del presidente de la República Dominicana.
Cabe destacar que Leonel Fernández no necesita promocionarse. Ya es una figura pública de fuste, tres veces presidente de la nación, presidente del PLD, poseedor de numerosos reconocimientos por su labor frente al gobierno, por lograr la paz entre mandatarios de otros países y tampoco necesita dinero más del que se ha ganado con su propio esfuerzo.
Insisto que Leonel Fernández es un excelente candidato al Premio Nobel de la Paz porque ha aportado los mejores momentos de su tiempo para promover programas sociales en la defensa de la humanidad. Precisamente, esa es una de las condiciones que se establecen en el testamento redactado por el creador de ese galardón, el industrial sueco del siglo XIX y el inventor de la dinamita, Alfred Nobel, quien recomendó premiar a los ?organizadores y promotores de congresos por la paz?.
2010-06-17 12:42:49