Por Narciso Isa Conde
?Cuando el perro muerde la patada hay que dársela al amo?
La amenaza contenía un meta-mensaje y era a la vez un globo de ensayo. El meta-mensaje no requería mas que dejarlo caer unas cuantas y luego retirarlo sin desistir de otras modalidades de presión y de la escogencia de otros blancos de ataque. El ensayo solo perseguía medir reacciones contrarias.
Por eso hay que ir al fondo del asunto y ver mas allá del rol del cortesano y del abogado empolvado con cocaína.
Hay amenazas y agresiones cuyo origen está por encima de quienes la realizan.
Las Cortes, los reyes y reinas, disponen de instrumentos para intimidar, chantajear e incluso agredir; así como de muchas formas para hacerlo sin dar la cara.
Tienen sus cortesanos-pandilleros y pueden pagar los ?abogados del dólar y del narco? que dan la cara por ellos.
Pandilleros comprados, con licencia para robar y agredir.
Abogados de lo podrido, de las peores expresiones de la delincuencia Real.
Ambos son instrumentos de la realeza, sobre todo cuando al Monarca no le conviene pasar a primer plano pero sí enviar la advertencia de lugar, el meta-mensaje atemorizador, a otros poderes temporalmente fuera de control.
Un tema sensible es la opinión adversa, la herejía contra el poder endiosado, la ?insolencia? de ?opinadores? audaces y valientes, a través de medios de gran alcance. Y muy especialmente la crítica aguda, veraz, con pruebas, sobre todo cuando ésta presenta evidencias consistentes del involucramiento del Rey.
Entonces el delincuente menor, el cortesano sobornado, debe ser usado para hacer lo que su superior desea, aparentemente al margen de él, esto es, como supuesta ?iniciativa particular?.
Este procedimiento se torna necesario cuando la causa no solo es muy impopular, sino además delicada; y cuando el mecanismo útil es improcedente e infundado, no propio de un ?estadista?.
Entonces hay recurrir al instrumento ?quemado?, que no paga costo político, para a través de él hacer llegar soterradamente la intimidación de fondo a sus destinatarios: ?señores del dinero, propietario de una parte del país, déjense de darle sustento a la herejía, recuerden que el Estado soy yo y que mi Corte es también poderosa, tengan bien presente que puedo perjudicarles y no simplemente a través de luna sanción judicial inviable, pues tengo a mano otros medios mas eficaces y ustedes lo saben?.
Ciertas voces dignas pueden ser insobornables, pero las grandes fortunas no.
Esa fue la nueva apuesta del monarca, que al poner a uno de sus perros de presa a ladrar y amenazar con morder a quienes entiende fuente propicia para estrangular la insolencia y la herejía en su contra, persigue lograr a mediano plazo y por vía indirecta que lo que no se ha podido hacer por otros medios, incluidos los policiales.
La ?señal del Rey? quedó en el aire y surtió sus efectos soterrados, aun con el obligado repliegue del cortesano y su abogado de causas sucias.
Por eso no hay que perderse: el objetivo fundamental no es el perro, sino el amo. Los reyes saben utilizar a sus cortesanos para amenazar, dar ?señales?, replegarse y continuar sus planes estratégicos. Los mandan en todas las direcciones.
2010-06-21 14:27:17