Manuel Vólquez
Algo se debería hacer con las personas que recorren las calles de la ciudad con bocinas gigantes y música estridentes con volúmenes exagerados.
Es preocupante lo que está ocurriendo y lo incomprensible es que ninguna autoridad interviene para corregir esa situación.
El ruido de esas bocinas es tan fuerte que estremece los cristales y el piso de las residencias. Al menos, eso es lo que he comprobado en los últimos días cuando algunos desaprensivos, en un torpe afán de competir con otros, circulan en sus vehículos por las calles torpedeando el silencio con bachatas y otros géneros musicales.
Los protagonistas de ese desorden comúnmente andan en jeepetas y otros vehículos de lujo, aunque no es raro ver un carro destartalado con una excelente música.
El asunto es que se ha convertido en una moda usar música de alta cuantía en los vehículos. Los conductores se parquean en las avenidas y frente a los colmadotes a echarse vainas en término de competencias.
Son bulteros profesionales, desconsiderados, mal educados, ignorantes e irresponsables que transitan la ciudad exhibiendo equipos electrónicos de marcas reconocidas, sin importarles el daño que están causando con sus imprudencias, incluso a ellos mismos.
¿Por qué las autoridades no establecen una zona de tolerancia, donde estas personas puedan escuchar música sin límites? Así como existe un canódromo o un hipódromo, también debe haber un espacio para estos profanadores de la paz y el silencio.
El ruido afecta a la salud, influye en la calidad de vida, y por tanto debe ser controlado.
El fin de semana pasado pasó un individuo con un ?bocinón? frente al residencial donde vivo al extremo de que las alarmas de los carros que estaban estacionados estallaron en forma insistente. Mi niña más pequeña irrumpió en llantos fruto del susto que recibió mientras dormía.
Estoy seguro que esa condenable escena también sucede en otros sectores de la ciudad donde los inquilinos de clase media necesitan descansar (frente a los residenciales donde vide la clase alta no creo que ocurran esas escenas).
A título de información, entre los efectos más comentados del ruido sobre la salud están dolor de cabeza, hipertensión, y problemas digestivos. Se ha comprobado mediante estudios que los niños sometidos a ruidos constantes y fuertes poseen unos niveles más elevados de tensión arterial que aquellos que no lo están y que ese estado puede manifestarse en la madurez, posibilitando un mayor índice de enfermedades cardiovasculares.
Además, se estima que un ruido constante por encima de los 55 decibeles produce cambios en el sistema hormonal que conllevan a situaciones críticas del sistema nervioso.
También tienen efectos psicológicos, como el estrés, insomnio, irritabilidad, síntomas depresivos, falta de concentración, rendimiento menor en el trabajo, en las escuelas cuya falta de concentración hacen que tengan un rendimiento escolar mínimo.
En cuanto a los efectos sociales, se establece que el ruido crea problemas en la comunicación y aislamiento y, por último, produce pérdida de la audición, sobre todo cuando hay una exposición profunda a sonidos con una intensidad superior a 90 decibeles.
Es posible que esos imbéciles e inadaptados sociales que se dedican a agredir las calles con bocinas de alto poder desconozcan estas cosas. Mientras tanto, nadie mueve un dedo para corregir esa situación.
Lo que más molesta a la ciudadanía es que se siente desprotegida de las autoridades. Se supone que la Unidad Anti ruido de la Policía Nacional es el organismo encargado de poner en cintura a esas personas, pero al parecer existe una fuerza mayor que lo inmoviliza, puesto que en la cara de los propios policías prenden las bocinas.
Cuando logran incautar equipos de música en los colmadotes, a los pocos días esos instrumentos son devueltos en razón a que muchos propietarios de esos negocios tienen buenas relaciones o son miembros de los cuerpos castrenses. ¿Y entonces?
En cuanto a los ciudadanos que andan asesinando al silencio con bocinas de alto volumen, lo más lógico es que incauten los carros y jeepetas y procedan a desmantelar la música para venderlas en pública subasta. No sé si la Unidad Anti ruido consigna un reglamento en esos términos. ¿Quién se anima?
2010-06-22 17:58:05