Mario Rivadulla
Miércoles 23,06,10
Si bien es cierto que sobre el país pesa una abultada agenda de problemas domésticos como la crisis eléctrica, el auge del narcotráfico y la criminalidad, el déficit habitacional, los reducidos pero todavía muy elevados índices de pobreza y desempleo y nuestros no mejorados bajos niveles de educación, entre otros, no podemos desentendernos de la precaria situación prevaleciente en Haití.
Las razones son sobradas y no solo precisamente por darle continuidad al papel intensamente protagónico que ha desempeñado el gobierno en la persona del propio Presidente Leonel Fernández en motivar la ayuda internacional y la misma sociedad, en sus demostraciones de solidaridad con la inmensa legión de damnificados dejada por el devastador terremoto que afectó el territorio vecino, sino también por los efectos adversos que pudieran reflejarse de manera más significativa a este lado de la frontera en la medida en que se dilate y obstaculice el plan de recuperación y refundación de Haití. Esto solo pudiera traducirse en una mucho mayor presión migratoria hacia este lado de la isla, con todas las consabidas consecuencia que conlleva un éxodo masivo y desordenado como el que ha caracterizado la presencia haitiana en el país.
Las promesas de ayuda ante el trágico drama haitiano reflejado en cifras estremecedoras: más de un cuarto de millón de muertos, miles de mutilados, un número mayor de huérfanos y millón y medio de personas desamparadas por la pérdida de sus hogares han rebasado todas las más promisorias expectativas. Estamos hablando de la donación de miles de millones de dólares y euros así como la condonación de buena parte de la deuda externa haitiana.
Ahora bien. Tal como temíamos y advertimos con anterioridad, esa inmensa suma de recursos no ha podido fluir ni hacerse realidad palpable a favor de los damnificados debido a la carencia de condiciones apropiadas a lo interno del propio Haití. De hecho, el Congreso de los Estados Unidos, donde el tema haitiano figura en agenda permanente, al analizar en días recientes la situación del país vecino concluyó que el proceso de su refundación se encuentra prácticamente paralizado por las mismas razones que habíamos apuntado. Las principales causas argumentadas por los legisladores norteamericanos donde Haití cuenta con mucho apoyo, son la falta de un liderazgo político, el clima de inseguridad reinante al otro lado de la isla y la ausencia de proyectos específicos en los cuales canalizar las ayudas ofrecidas.
Lamentablemente al presente, el nivel de liderazgo del Presidente René García Préval parece estar en su nivel más bajo y sometido a fuerte presión por parte de sus rivales políticos, en particular el partido Lavalás que con sentido oportunista ha querido aprovechar esta coyuntura infortunada para reclamar su renuncia y el retorno de Jean Bertrand Aristide de su prolongado y lejano exilio en Sudáfrica, escenario ahora mismo del Mundial de Fútbol. Esta presión se ha expresado en más de una oportunidad con manifestaciones de cruda violencia, nada infrecuentes en la ardiente atmósfera que desde hace años caracteriza la política haitiana, a lo que es preciso sumar los crecientes actos de vandalismo, atracos, prostitución, violaciones sexuales e inconductas de todo tipo determinadas por la hambruna, el hacinamiento, la promiscuidad, la desesperanza y todo género de infortunios porque están pasando los damnificados.
Lo anterior, tal como habíamos previsto y señalado en más de una ocasión, obstaculiza y dilata de manera cada vez más preocupante el urgente proceso de construcción de un nuevo Haití, que permita superar su condición de estado fallido llevado a inconcebibles extremos de penuria a partir del fenómeno telúrico del pasado Enero, incrementando hasta los más angustiosos límites la dolorosa situación por la que atraviesan los damnificados.
Lo que ocurre en Haití por consiguiente, que por razones obvias y sobradas ha sido siempre del más alto interés para la República Dominicana, lo es más al presente por las causas antes apuntadas, por lo que resulta preciso no solo darle continuo seguimiento sino aportar cuanto sea necesario y nos resulte posible a su más pronta superación, tanto por motivos humanitarios como por justificada conveniencia propia.
TELEDEBATE. Telefuturo. Canal 23. ?teledebate@hotmail.com?
2010-06-24 13:12:09