Por Manuel Hernández Villeta
La bandera de la austeridad, es un expediente doloroso y que rechazan muchos dominicanos.
Regularmente, los principios de la austeridad no se aplican al universo de la población, sino que lo conocen en carne viva los más necesitados.
En consecuencia, cualquier acción que lleve apretarse el cinturón para los hambreados, los hijos del pueblo, será rechazada por la población.
Lo que se impone ahora mismo, es que haya un proceso de recortes, que no afecten directamente a los grupos más necesitados de la población.
El hombre de la calle, ve la austeridad en base a su estomago, a sus necesidades diarias.
Si hay un proceso de austeridad que solo perjudica y lesiona a los pobres serán traumáticos. La austeridad la tienen que pagar los que tienen recursos económicos.
Una medida salvadora sería que se apriete un poco más a los empresarios, a los que tienen recursos millonarios, y no lo comparten con la población.
Pero en este punto hay un sabor amargo En numerosas ocasiones se le hacen cargas impositivas a los sectores empresariales e industriales, y éstos la tiran sobre los más pobres.
En consecuencia, si a los pudientes se les aplican nuevas cagas impositivas, y posiciones de austeridad, la misma no debe caer sobre los más necesitados, sobre el pobretón de las calles.
Pero hasta cierto punto, es impopular que se le apriete el cinturón a la gente de la calle, para satisfacer las necesidades del parque energético.
Ya monseñor Agripino Núñez Collado afirmó que los problemas energéticos nacionales, constituyen un barril sin fondo.
La crisis energética tiene obligatoriamente que tener soluciones, con los de mayor gastos, con los sectores que burlan pagos, y gastan la energía en demasía.
Uno de los graves problemas que sufre la sociedad dominicana, es que al gran empresariado no se le obliga a pagar la energía, o por lo menos el nivel que consume.
Por eso, antes de pensar en austeridad que podría llegar a los de abajo, hay que pensar en las evasiones de los de arriba.
Por demás, la mayor preocupación con cualquier medida de austeridad, es que se pueden producir despidos masivos.
El Gobierno en este momento de crisis económica y social que tiene la sociedad dominicana, no puede originar nuevos despidos.
El mensaje que se debe enviar al sector privado, es que haya unida de propósitos, sin necesidad de que se produzcan despidos que sean traumáticos.
La austeridad puede ser buena, pero es maldita, si solo la van a padecer los pobres.
2010-06-30 16:19:07