Mario Rivadulla
Aunque el diálogo entre la jerarquía de la Iglesia Católica Cubana, reforzada por la visita del enviado papal y el Canciller Español Miguel Angel Moratinos y el gobierno que preside Raúl Castro responde a un proceso que ha venido desarrollándose desde hace semanas y era previsible pensar que arrojaría ciertos resultados positivos en relación con los presos políticos cubanos, la noticia de la próxima liberación de 52 opositores que guardan prisión desde el año 2003 no ha dejado de causar asombro, tanto entre los familiares de los encarcelados agrupados en las llamadas Damas de Blanco y los círculos de la disidencia interna como entre los grupos del exilio.
Según se anunció, cinco de ellos serán excarcelados de inmediato y con permiso para abandonar el país, siendo de suponer que se trata de los que presentan condiciones más precarias de salud. El resto, lo será en un plazo de cuatro a cinco meses sin que se explique la razón de la demora.
Estos cincuenta y dos prisioneros políticos son parte del grupo de setenta y cinco que en su momento fueron condenados a penas de entre 6 hasta más de 20 años de prisión. Las sanciones totalizaron más de mil cuatrocientos años en conjunto por su simple condición de disidentes, en juicio a puertas cerradas, donde no se permitió el acceso ni a los familiares de los encausados, ni a la prensa y los diplomáticos extranjeros. Tampoco pudieron disponer de medios confiables de defensa.
Es obvio que en el desencadenamiento de este proceso han influido varios factores. Uno de gran importancia y resonancia: las persistentes marchas pacíficas de las Damas de Blanco, que con sereno coraje desafiaron tanto la represión oficial como el hostigamiento verbal y agresiones físicas de militantes gubernamentales convertidos en pandilla paramilitar. Por su valentía, ellas recibieron merecidamente el Premio que lleva el nombre del científico ruso Andréi Sajarov, uno de los más notables disidentes que arrostró todo género de persecuciones en la fenecida Unión Soviética.
Luego vino la chispa detonante de la muerte, al cabo de una prolongada huelga de hambre de 83 días en protesta por los maltratos recibidos en la prisión, del disidente Orlando Zapata, que desencadenó una ola de recriminaciones contra el régimen castrista y motivó, en particular, una enérgica condena y reclamo de respeto a los derechos humanos del Parlamento Europeo por una aplastante mayoría. Y posteriormente, el largo ayuno de más de 130 días del también disidente Guillermo Fariñas, quien aún se mantiene milagrosamente con vida aunque en condiciones de extrema gravedad, en reclamo de que fueran liberados 12 prisioneros de conciencia quienes se hallan en delicado estado de salud.
Obvio que este inesperado anuncio por la cantidad de disidentes presos que serán liberados, dará curso a todo tipo de análisis y especulaciones. La incógnita principal gira en torno a si se trata del inicio de un proceso de apertura hacia una posterior transición democrática, que en todo caso seria gradual y a paso lento o una simple maniobra coyuntural del régimen que presiden los Castro para ganar un segundo aire. Esto así, tomando en cuenta la apremiante situación que confronta el régimen a lo interno por el desplome de la producción y la economía cubana en general, que ha obligado a las más fuertes medidas restrictivas y deteriorado aún más la baja calidad de vida del pueblo y en el escenario externo, por el rechazo generalizado a la política represiva del régimen y la falta de libertades.
Solo el tiempo nos dará la respuesta a esta interrogante. Aunque es de advertir que tanto la disidencia interna como la oposición externa han recibido la decisión de las autoridades castristas con justificada reserva y hasta escepticismo. Esto así, tomando en cuenta que el total de presos políticos es tres veces mayor que el número de los que serán libertados y que continúa la política de acoso de las autoridades en contra de los disidentes aparte de que no se percibe ninguna otra señal que permita suponer un proceso de apertura.
Al margen de esta realidad, hay que reconocer que en la medida en que se haga efectivo el anuncio de la liberación de este grupo de cincuenta y dos prisioneros políticos, la Iglesia se estará anotando un tanto importante en el reconocimiento por parte del gobierno castrista de su papel de interlocutora válida y su función mediadora, dentro de las especiales circunstancias en que está impuesta a desenvuelve en el marco dictatorial en que Cuba está aprisionada. Y de igual modo, otorga argumentos de defensa a la hasta muy criticada postura del gobierno español que preside Rodríguez Zapatero y de su Canciller Moratinos con respecto a los Castro.
Sobre lo demás, habrá que esperar.
TELEDEBATE. Telefuturo, Canal 23. ?teledebate(a)hotmail.com.? Viernes 9,07,10.
2010-07-13 13:44:06