Mario Rivadulla
De acuerdo a las informaciones suplidas a la prensa por los presidentes Barak Obama y Leonel Fernández, al cabo de la reunión que sostuvieron en la Casa Blanca por espacio de media hora, hay que convenir en que se agotó una agenda de temas puntuales de mutuo interés, que el intercambio fue muy abierto y transparente y se arribó a conclusiones positivas sin margen a lecturas entrelíneas.
El mandatario norteamericano se mostró justo y gentil al reconocer de manera pública los aportes de su homólogo dominicano, tanto en la inmediata respuesta y ayuda solidaria que dio al vecino haitiano con motivo del devastador terremoto sufrido el pasado enero, que según sus propias palabras, ayudó a salvar numerosas vidas, como en su intervención mediadora para colocar en camino de superación la crisis hondureña.
En el marco de los restantes temas abordados durante la media hora que duró el encuentro, resalta como era de esperar el de la penetración del narcotráfico en el área del Caribe como una de las puertas de entrada al mercado norteamericano. Y en ese contexto. la necesidad de que los Estados Unidos, principal afectado y poseedor de los recursos adecuados, incremente el flujo de ayuda a la República Dominicana y otros países de la región, tanto en intercambio de información como en tecnologia, equipos y entrenamiento.
Más importante que esos aportes, sin embargo, consideramos esencial y destacable el hecho de que el Presidente Obama dejó establecido como principal compromiso y obligación de su gobierno, controlar la demanda de drogas en el atractivo mercado norteamericano. Considerados un tanto al ojo por ciento se estima que éste pudiera contar con entre 20 y hasta 30 millones de consumidores habituales o frecuentes. Pero en ocasiones se ha mencionado que hasta un tercio de la población estadounidense, es decir unos 100 millones de personas, sin caer en el plano de la adicción, en algún momento han consumido alguna droga controlada.
En distintas ocasiones se ha reprochado a las autoridades norteamericanas poner el mayor énfasis en combatir la producción, el tráfico y la distribución de narcóticos en otros países del área pero en cambio, no desplegar mayores esfuerzos por controlar el uso de los mismos en su propio patio. No hace tantos meses, el Presidente de México, Felipe Calderón, un aliado neto de los Estados Unidos, ante la violencia homicida desatada por el narcotráfico en su país y las presiones recibidas de la DEA para incrementar la persecución contra los dos grandes carteles que controlan la entrada de drogas desde territorio azteca a su vecino norteño, demandaba con amargura y acritud a éste poner mayor empeño en reducir el consumo. Otras voces se han levantado en el ámbito principalmente de los países productores argumentando, no sin una buena dosis de razón, que en la medida en que se reduzca la demanda del mercado norteamericano irá disminuyendo en igual proporción la entrada de drogas hacia su territorio.
De ahí a nuestro juicio, la significación, como antes señalamos, de la admisión implícita de esa realidad por parte del Presidente Obama que pudiera y debiera implicar cambios en la estrategia de lucha de la DEA, no en modo alguno dejando de controlar la producción de drogas alucinógenas ni combatiendo a los carteles que manejan su distribución, pero dedicando al mismo tiempo mucho mayor interés en prevenir, controlar y reducir su pródigo mercado de consumo que lo han convertido en una presa tan codiciada para quienes, casi siempre desde las sombras, dirigen la que sin dudas constituye la más extendida, poderosa, tupida y peligrosa red criminal que haya conocido la humanidad.
TELEDEBATE. Telefuturo. Canal 23. ?teledebate@hotmail.com?
2010-07-14 18:13:29