Mario Rivadulla
Hace 200 años, Colombia logró su independencia de la corona española. Y hace apenas diez u once años atrás, el hermoso país sudamericano estuvo a punto de colapsar al cabo de varias décadas de estar atrapado entre tres fuerzas negativas: los grandes carteles de la droga, principalmente Cali y Medellín; decenas de grupos paramilitares y 2 agresivas guerrillas, con el tiempo vinculadas también al narcotráfico para financiar sus operaciones militares y terroristas.
Esa situación que pareció iba a convertir a Colombia en un estado fallido, comenzó a cambiar dramáticamente a partir del año 2002, en que el Presidente Alvaro Uribe ascendió al poder para agotar dos períodos consecutivos de gobierno.
Uribe aplicó una bien pensada e inteligente estrategia que condujo a la desmovilización de la totalidad de los grupos paramilitares que llegaron a contar con más de cincuenta mil efectivos sobre las armas, al tiempo que adoptó una política enérgica y sostenida de combate sin cuartel frente a los grupos guerrilleros, que ha ido reduciendo cada vez más su espacio de acción después de sufrir toda una serie de serios descalabros. Si bien no han desaparecido, han quedado prácticamente arrinconados en los lugares más inhóspitos, después de haber llegado a controlar y sembrado el pánico en un tercio del territorio colombiano e instaurado un clima de terror e inseguridad, aún en la propia Bogotá y otros importantes centros urbanos del país.
No solo esa situación ha sido superada en gran medida, revirtiendo la siniestra atmósfera de incertidumbre sembrada por las guerrillas y los paramilitares. También el narcotráfico recibió fuerte golpes hasta quedar reducidas sus operaciones a una décima parte de lo que era una década atrás y su participación en la economía del país, a una proporción muy mínima del Producto Interno Bruto. Los homicidios comunes han bajado de 28 mil en el 2002 a solo 3,500 el pasado año. Bien atrás han quedado los tiempos en que un arrogante y poderoso Pablo Escobar Gaviria se permitía el lujo de proponerle al entonces gobierno colombiano, pagar toda la deuda externa del país a cambio de eliminar la extradición y redimirle sus graves delitos.
Todo este cambio ha repercutido de manera extraordinaria en la economía de Colombia, haciéndola crecer de manera significativa y sostenida, reduciendo de manera apreciable sus todavía elevados niveles de pobreza, alentado las inversiones extranjeras y de capital doméstico, diversificado su producción, duplicado el número de turistas e incrementado de modo notable sus exportaciones. Con la inflación más baja del continente, Colombia ha pasado del lugar 87 al 37 en apenas diez años, como uno de los mejores lugares del mundo para hacer negocios. Y los pronósticos de los expertos consideran que de mantener el actual paso, a la vuelta de no demasiado tiempo, Colombia solo tendrá por delante en el Continente al gigante Brasil.
Con todos estos logros no es de extrañar que Alvaro Uribe a pesar de todos los retos internos y externos que ha debido afrontar, culmine su gestión con un 70 por ciento o más de aprobación. Ni que su sucesor, al que apoyó de manera decidida, Juan Manuel Santos, haya barrido en las pasadas elecciones presidenciales. Con una fuerte y respetada base institucional, un pueblo culto, valeroso y esforzado y un vigoroso programa de gobierno destinado a seguir fortaleciendo la seguridad democrática, impulsar la economía y combatir la pobreza como el ofrecido por el electo y ya próximo presidente Santos, Colombia puede mirar el futuro con justificado optimismo.
Al saludar el Bicentenario de Colombia, uno de los países liberados por Simón Bolívar, le extendemos nuestra felicitación a su laboriosa comunidad residente en el país y a su gobierno a través de su Embajador, el general Mario Montoya, uno de los principales arquitectos de la legendaria Operación Jaque, expresión de la más perfecta y exitosa misión de inteligencia que registran los anales militares, que dejó en ridículo a la guerrilla y rescató sin un tiro ni una víctima, a una docena de secuestrados de las FARC, la mayor parte de los cuales llevaban años padeciendo el más cruel cautiverio.
Para Colombia, país amigo y solidario con el pueblo y el progreso de la República Dominicana, nuestro saludo fraterno en ocasión tan memorable como la que están celebrando hoy.
TELEDEBATE. Telefuturo. Canal 23. ?teledebate@hotmail.com?
2010-07-21 16:05:52