Mario Rivadulla
A raíz de la incorporación de nuestro país como invitado de última hora y a la carrera al Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos y Centroamérica, popularizado por sus siglas en inglés como DR-CAFTA, sus promotores y defensores agotaron el diccionario de promesas de bienestar y progreso. El tratado , según sus más entusiastas apologistas, vendría a ser una especie de réplica comercial de la famosa leyenda de El Dorado que por décadas enfebreció la mente de los conquistadores españoles y no pocos aventureros con sueños de riquezas fabulosas, que para no pocos terminó por convertirse cruel en pesadilla y poner fin trágico a sus vidas.
Hasta ese momento, los Estados Unidos y la República Dominicana mantenían su voluminoso intercambio comercial en términos igualitarios. Al pasar balance, al final de cada año, la diferencia era muy limitada y en absoluto incidente, unas veces a favor del primero y otras, inclinando la balanza para nuestro lado pero siempre en cantidades modestas y manejables.
Hoy, a menos de cuarenta meses de haber entrado en vigencia el DR-CAFTA la situación ha variado dramáticamente en perjuicio nuestro. Durante ese corto lapso de tiempo, apenas tres años y tres meses, hemos acumulado un déficit con nuestro principal socio comercial de nada menos que siete mil 451 millones de dólares en números redondos. De mantener este ritmo, al finalizar el presente año el salvo negativo para nosotros alcanzará y quizás sobrepase, los ocho mil millones de dólares.
La situación se agrava aún más, si tomamos en consideración que también salimos perdiendo en otros intercambios. Con Brasil se asegura que es de varios cientos de millones de dólares y sigue creciendo; con Centroamérica, Japón, Corea, Taiwán y otros mercados nos ocurre lo mismo. Y en días recientes se reportó que la cantidad de furgones que enviamos a Puerto Rico, cuya agricultura es bien precaria, resulta inferior a la que estamos recibiendo de la isla vecina. El único país al parecer con el que registramos una balanza comercial favorable, al menos de cierta magnitud, es Haití, donde el saldo positivo que se hace ascender a unos 400 a 500 millones de dólares.
¿Puede acaso nuestra economía soportar por mucho más tiempo una situación tan negativa? La respuesta es obvia. Como es evidente también que ni estábamos preparados cuando nos incorporamos al DR-CAFTA, ni tan siquiera cuando anteriormente habíamos firmado el Tratado de Libre Comercio con Centroamérica que también acumuló un significativo balance en rojo, ni lo estamos todavía para aprovechar las posibles ventajas de la desaparición de las barreras arancelarias. De ahí, el reto y la necesidad imperiosa de cambiar el modelo económico, manteniendo y acreciendo el marco de facilidades para que el aparato productivo nacional pueda desarrollar a plenitud todo su potencial en todas sus vertientes, tanto para servir con la mayor eficiencia y plenitud el mercado nacional frente a la competencia de productos extranjeros como para llevar nuestras marcas a las cuatro esquinas del mundo.
Estrechar ese marco, reducir sus necesarios incentivos sería tanto como castrar el creciente dinamismo y probado espíritu de superación mostrado por el grueso del empresariado nacional para insertarse en el diputado marco de la globalización con productos de calidad y a precios competitivos, contribuyendo al crecimiento vigoroso y sostenido de nuestra economía y por vía de la creación de empleos formales, al indispensable sosiego social.
Por ello y por nueva vez insistimos en la necesidad de un gran pacto que sitúe en la misma ruta de acción y progreso al gobierno, los empresarios y los sectores laborales, los tres componentes esenciales en que se asienta el desarrollo económico y social que sirva de base a la tan anhelada meta de construir una mejor nación. Y no es precisamente por vía de confrontación y hostigamiento sino de concertación y cooperación que lograremos hacerlo realidad.
TELEDEBATE. Telefuturo. Canal 23. ?teledebate@hotmail.com?
2010-07-26 16:57:59