Mario Rivadulla
Lunes Agosto 2, 2010.
Como ocurre con toda capital, la ciudad de Santo Domingo es como la vitrina del país. Pero el panorama que ofrece ahora mismo no puede resultar más deprimente y paradójico.
Contrastando con su vigoroso e inusual crecimiento vertical, con la impresionante suma de elevadas edificaciones y plazas comerciales que la han ido poblando y cambiado de una manera increíble su fisonomía en las últimas dos décadas, en la mayoría de sus barrios, incluyendo los sectores residenciales de clase alta, toneladas y más toneladas de basura se acumulan descomponiéndose a sol y lluvia y contaminando una atmósfera cada vez más enrarecida en la misma medida en que el crecimiento descontrolado la hace víctima de mayores agresiones y se han ido perdiendo los espacios verdes.
Las calles con numerosos y en algunos casos, hoyos que parecen pequeños cráteres. Las aceras rotas en su mayor parte, utilizadas ilegal y abusivamente para parquear vehículos, improvisar negocios ambulantes o quedar sepultadas bajo montañas de materiales de construcción por parte de quienes se han apropiado de las mismas, de manera igualmente atropellante para sus fines particulares en perjuicio de los peatones.
La mayoria de los desagues tapados, sin que haya la previsión de limpiarlos pese a que estamos en época de lluvias intensas y ciclones, por lo que con el más ligero ?jarineo? las vías públicas se convierten en verdaderas lagunas urbanas.
Las avenidas y arterias principales ocupadas también por decenas de ómnibus, minibuses y vehículos de transporte de pasajeros por parte de los ?padres de familia?, verdaderos dueños si no del país de las vías públicas, que convierten en lugares de estacionamiento sin tomar en cuenta los obstáculos que crean al libre flujo del tránsito ni el perjuicio, molestias y demoras que ocasionan a los demás, en esta desaforada carrera de ?sálvase quien pueda y a costa de quien y de lo que sea? en que se ha convertido la vida en el país.
Interminables tapones, muchas veces provocados por nuestra forma necia de querer pasar por delante de los demás a como dé lugar, sin que aparezca un AMET capaz de poner un poco de orden y autoridad siquiera en las horas pico para refrenar y poner en línea a los violentos que salen a la calle con ánimo siempre presto a atropellar a los demás.
A lo anterior se suma la sensación de inseguridad que domina a buena parte del vecindario capitaleño a despecho de declaraciones que pretenden ser tranquilizadoras y estadísticas donde acusamos un índice de criminalidad inferior a otros países del área, y que se agudiza cada vez que surge a la luz la complicidad de alguna autoridad con el narcotráfico o cualquier otra actividad criminal o hecho de violencia, lo que sucede con frecuencia casi diaria.
Todo lo anterior conforma un cuadro cada vez más preocupante para los habitantes de la capital, desagradable en extremo para los visitantes de fuera.
¿Será cierto que un día Santo Domingo fue llamada la capital más limpia, organizada y segura del Continente? ¿Cuántos siglos hará de eso? ¿No habrá manera de cambiar aún sea mínimamente su actual panorama tan distinto de esa imagen pasada?
Intentarlo debiera ser emprendido como una prioridad.
TELEDEBATE. TELEFUTURO. CANAL 23. ?teledebate@hotmail.com?
2010-08-03 15:53:29