Opiniones

EL TIRO RAPIDO

Mario Rivadulla

Miércoles 19,08,10

Al unísono el nuevo Ministro de las Fuerzas Armadas y el recién juramentado Jefe de la Policía Nacional, generales Joaquín V. Pérez Féliz y José Armando Polanco Gómez respectivamente, se estrenan en sus cargos anunciando que aunarán sus esfuerzos para combatir la delincuencia, que en el crimen organizado y el narcotráfico encuentran sus formas más perversas y dañinas de expresión. Hasta donde hemos recabado información, los dos cuentan con un excelente expediente de servicio, capacidad organizativa y liderazgo.

Pudiera calificarse esta declaración como carente de novedad o una expresión un tanto consabida y protocolar, la que casi por tradición resulta obligada en estos casos. Sin embargo, la misma contiene un elemento que consideramos clave en la prevención y lucha contra el delito. Y es que ambos pusieron énfasis en afirmar que tratarán de promover la confianza de la ciudadanía en su gestión, comenzando por limpiar de elementos indeseables los institutos armados y el cuerpo de orden público.

Un conjunto de factores concurrentes que van desde bajísimos salarios hasta frecuentes, penosos y escandalosos casos de complicidad de sus miembros, incluyendo oficiales de alto rango, con capos de la droga y malhechores de toda clase, han llevado deshonor a la Policía Nacional y en menor pero no despreciable medida, a los cuerpos castrenses. Y con el descrédito, la creciente pérdida de confianza en la una y los otros.

Si se quiere recuperar el respeto y el apoyo de la ciudadanía es preciso restablecer en el seno de la sociedad los ahora mismo inexistentes vínculos de credibilidad hacia las autoridades uniformadas. Llevar al ánimo del ciudadano común, que hoy se siente desamparado y en muchos casos llega a temer tanto como a los mismos delincuentes a los propios encargados de perseguirlos, la convicción de que las autoridades están en capacidad y disposición de brindarles la debida protección. De que su integridad física y emocional, su vida y sus pertenencias se encuentran a buen recaudo. Y de que en el uniformado, policía o militar, encontrará siempre un amigo, un aliado, un celoso guardián presto a ofrecerle auxilio en todo momento para garantizarle su seguridad.

Pero más aún. Si se quiere combatir de manera eficaz a traficantes y malhechores, las autoridades necesitan contar con la más estrecha colaboración de la ciudadanía, haciendo causa común y desarrollando un esfuerzo conjunto para enfrentar la delincuencia. Y esto solo puede lograrse en la medida en que policías y militares, sobre todo los primeros que son los responsables de velar por el orden público y la seguridad democrática, logren con sus actuaciones recuperar la confianza pública.

Es una tarea cargada de retos, obstáculos y dificultades, pero es del todo posible. Otras sociedades han atravesado por situaciones similares y han podido superarlas. Nosotros no tenemos por qué ser menos. Si se erradican de las filas uniformadas a elementos indeseables, si se les dota de los recursos requeridos para retribuir adecuadamente a su personal y de la tecnología necesaria para eficientizar su trabajo: se sanciona ejemplarmente a quienes en lo adelante quebranten la disciplina o incurran en actos reñidos con la ética: se eliminen abusos y excesos y se deje sentir el peso de un liderazgo inteligente y firme al tiempo que apegado a la ley, estamos seguros que puede lograrse.

La sociedad clama por ello.

TELEDEBATE. Telefuturo, Canal 23. ?teledebate@hotmail.com?

2010-08-19 23:38:32