Opiniones

EL TIRO RAPIDO

Mario Rivadulla

Lunes 26,09,10

Tal como se esperaba al haber sido juzgados al amparo del Código del Menor, los adolescentes de entre 14 y 17 años responsables confesos y probados del asesinato de siete taxistas con la finalidad de despojarlos de sus pertenencias, fueron sancionados apenas a 3 y 5 años de encierro en razón de sus respectivas edades. Es la sentencia máxima que permitía esa legislación, solicitó el Fiscal y dictó el Juez actuante. Tanto para el representante del Ministerio Público como para el magistrado que juzgó el caso, el Código fue la camisa de fuerza a la que tuvieron que sujetar su actuación, sin margen para haberle dado otro tratamiento a dicho expediente.

Los adolescentes sancionados, quienes en ningún momento han mostrado el menor arrepentimiento, salieron risueños y satisfechos de la sala penal. Cuando a uno de ellos se le preguntó el por qué de la cara de Pascuas que exhibía, respondió muy ufano y con gran desparpajo ?en dos años y medio estoy en la calle?. Otro ya había alardeado antes de ser juzgado que desde que volviera a la calle seguiria en la misma disposición criminal. Cuando agoten el período de encierro, si es que no se fugan o los ponen en libertad antes dizque ?por buena conducta?, lo harán con su expediente de vida limpio, sin ficha criminal ni antecedentes, como si no hubiesen cometido ninguno de los horrendos siete crímenes que ejecutaron. Quedarían solo registrados en su conciencia, si es que la tuviesen, lo cual es más que improbable y en el doloroso recuerdos de los familiares de las infortunadas víctimas quienes de seguro se preguntarán una y otra vez, qué clase de justicia es la que rige las normas de convivencia en nuestra sociedad.

¿Ha sido correcto el manejo de este caso? ¿Se corresponden las penas impuestas, al amparo de una aplicación automática del Código del Menor, con la gravedad de los crímenes cometidos? ¿Han mostrado en algún momento los autores de estos hechos el menor indicio de sentirse arrepentidos y en disposición de enmendarse? ¿Qué posibilidad real existe de que puedan ser rehabilitados y de reinsertarse en la sociedad sin el peligro cierto de que incurran en iguales o peores acciones? Las respuestas son un no rotundo. Lo saben, aunque se nieguen a admitirlo, quienes defienden a rajatabla la aplicación automática del Código del Menor en todos los casos y cualesquiera que sean las circunstancias, sin importar cuán truculentas y perversas puedan resultar. Saben ? y si no lo saben, pecan de la más extrema ingenuidad?que cuando los condenados queden en libertad lo harán siendo todavía un riesgo mayor para la sociedad, porque habrán adquirido mayor habilidad para cometer crímenes mucho peores.

Ciertamente estos adolescentes padecen de graves trastornos de conducta. Son sociópatas, poseedores de una personalidad totalmente deformada, de valores invertidos y una mente llena de torceduras morales. Y de ser así, los que sean recuperables, requerirán un prolongado, profundo y sostenido proceso de readaptación mental a manos de calificados psiquiatras, psicólogos y sociólogos que pudiera sobrepasar con mucho el tiempo de la condena que se les ha impuesto y hasta completar el cual no sería aptos para quedar en libertad. Esto sería lo procedente en éste y otros casos similares por el bien de la sociedad y de ellos mismos. Pero no es lo que va a ocurrir en la práctica. Al final de esta horrenda historia de sevicia prematura, saldrán en libertad con sus expedientes limpios de pecado, en mayor disposición de matar y en igual oportunidad de morir a manos de la Policía, de familiares de algunas de ls víctimas o de otros delincuentes. Todo porque nos negamos tozudamente a tratar de armonizar la teoría con la experiencia viva, el fantasioso ideal con la cruda realidad.

Que quede claro que defendemos y apoyamos que los casos de menores deben ser manejados dentro de un marco especial, como es el Código que los ampara. Pero seguimos insistiendo en que éste no puede aplicarse de manera automática y generalizada para todos los delitos. Hay casos que por su extrema gravedad y las características que presentan requieren de un tratamiento especial al margen de la camisa de fuerza del Código, con la asistencia de psiquiatras, psicólogos y sociólogos que los tenemos muy buenos y en buena cantidad. Es el mismo que se le está dando al presente en otros países. Y el que absurda y tercamente nos negamos a poner en vigencia aquí por quienes consideran, a nuestro juicio equivocada y peligrosamente, que la aplicación mecánica, generalizada, pura y simple del Código del Menor es el único camino adecuado para juzgar a menores y adolescentes sin importar el tipo de delito que hayan cometido por horrendo que resulte.

TELEDEBATE. Telefuturo, Canal 23. ?teledebate@hotmail.com?

2010-09-28 12:39:54