Opiniones

La clase política y su compromiso ante la crisis.

Todo ser humano que se ha dedicado a tratar con la gente sabe que cada persona tratada quiere sentirse la más valiosa. Toda persona tiene hambre de comprensión, solidaridad, reconocimiento y amor. En fin, las personas tienen sed de ese deseo de aprecio que proviene de los demás, porque ello le ayuda a sentirse útil, importante, valioso y necesario. Por eso en nuestras relaciones con otras personas debemos tratar de ayudarlas a que eleven su autoestima.

La historia señala que Napoleón Bonaparte, que fue un gran líder militar y político, conocía a cada oficial de su ejército por su nombre. Le gustaba pasearse por su campamento, encontrarse con oficiales y saludarles por sus nombres y hablar de alguna batalla o maniobra donde ese oficial había participado. Señala la historia que nunca desperdició la oportunidad para preguntar sobre el pueblo natal de un soldado, su esposa y su familia. Todos se sorprendían de toda la información personal que Napoleón disponía sobre sus soldados, aun siendo emperador y gran líder.

Si tomamos en cuenta que la política denota influencia de una persona sobre otras o influencia de un grupo sobre diferentes sectores de la sociedad, por ello no debemos olvidar que para que esa influencia se produzca, efectivamente sobre los demás, debemos tomar en cuenta dos aspectos muy importantes, como son la motivación y la capacitación. ¿Cómo influimos en otras personas para motivarlas y capacitarlas? Esto se logra por medio de la fe, el estimulo y una actitud positiva y de buena voluntad, orientada a influir el ánimo de la gente, esa es la tarea y el compromiso que le corresponde asumir la clase política ante la crisis económica y moral que esta afectando al país en este momento, ya que si se quiere que la población haga causa común con los partidos se debe asumir el compromiso de defender de defender a los sectores mas vulnerables en plano económico y social.

Muchas veces las organizaciones políticas esperan que las personas sean leales a sus posiciones y se pierde de vista que las personas nunca son leales porque una personas o una organización tenga una posición determinada de poder y de influencia en el seno de las sociedad. Las personas no se motivan por las posiciones doctrinas de una organización política, y por quien la dirige, hasta que no ven en qué se benefician de esa estructura o de ese dirigente. De manera que la gente responde a un dirigente no por que tenga una posición de mando y la imponga a los demás, basado en la autoridad de sus derechos. Eses es un grave error del dirigente que asume ese tipo de comportamiento, ya que en vez de éste tratar de imponer su autoridad basado en los derechos legales que le confiere la organización, lo que debe es tratar de imponer esa autoridad basado en la autoridad que le confiere el buen uso y la equidad de sus relaciones personales para influir en el comportamiento de su colectividad, sino basa su autoridad en unas buenas relaciones personales de comprensión y cohabitación con los demás, no tiene ninguna posibilidad de éxitos en sus objetivos políticos y en motivar a otras personas a que lleven a cabo esfuerzos comunes con miras a la obtención de una meta común de poder dentro del grupo o la organización que le sirve de apoyo,.

Para motivar a la gente debemos dar y ofrecer lealtad a los demás. Si la gente no cree en el otro, eso le impide hacer causa común y viceversa. A la gente no le importa cuánto conocimiento o cuántas riquezas posee usted sino sabe con qué se va a beneficiar con su relación. Por eso las personas apoyan lo que creen que le conviene y sólo se sienten parte de un proceso económico, político o social, dentro de una organización, si a ellas se les permite sentirse parte de las metas, tanto para su obtención como para su disfrute. Ahí reside el verdadero liderazgo.

Por eso, cuando vayamos a motivar a alguien para que haga causa común con nuestras causas o metas, al interior de una organización, sea ésta de carácter político o empresarial, lo primero que debemos procurar es que esa persona se sienta importantes, tanto con nuestra relación personal como en el seno de la organización que deseamos fortalecer. Ver que una meta se hace realidad y que esa persona aporta para conseguir ese objetivo, eso se traduce en satisfacción para las partes, ya que la persona tomada en cuenta mejora su estado de ánimo y ayuda al logro de la meta final que persigue la organización política.

La motivación es algo que ayuda al crecimiento espiritual y material de una persona y de una nación, ayuda además al crecimiento de las organizaciones, sin importar su rama o fines, por tanto las organizaciones políticas deben estimular a las personas para que ensayen y adquieran hábitos nuevos de colaboración con los demás. Cuando otras personas triunfan debemos apoyar ese triunfo y motivar a la persona que lo ha obtenido para que siga hacia delante, por eso debemos reforzar ese espíritu positivo de colaboración reciproca entre los miembros de las instituciones sociales, ya que dentro de la familia, del grupo, o de una organización si los objetivos son comunes, todos nos beneficiamos cuando crecemos o cuando obtenemos un triunfo.

Los hábitos de colaboración entre los miembros de una organización, sobre todo de una organización política, contribuyen al engrandecimiento tanto de sus miembros como de sus dirigentes, en la medida que las tareas cuando son realizadas en un esfuerzo común, persiguiendo una metas comunes, ello se traduce en un estimulo permanente para que todos los integrantes asuman con pasión y perseverancia las tareas asignadas para su ejecución.

En estos tiempos en que la crisis en el seno de las familias tienen su expresión en todo el espectro de la sociedad, se hace un imperativo que todas las organizaciones publicas y privadas estén conscientes de que es necesario darle un giro a las apetencias desmedidas del ser humano, por ello las organizaciones políticas y sus principales dirigentes deben estar convencidos de que en esta coyuntura especial que vive el país y el mundo, el compromiso fundamental de las instituciones representativas es contribuir para que los niveles de violencia y la descomposición social que se advierte en los diferentes estamentos de la sociedad puedan ser reencausados para que los valores positivos que encontramos en la solidaridad, el trabajo productivo, la honestidad, la responsabilidad y el compromiso sincero sean el norte en los acuerdos contraídos frente a la nación y frente a otras personas.

En una sociedad sólo cuando sus principales instituciones y sus dirigentes asumen el compromiso de trabajar en la creación de un clima de confianza reciproca entre todos los sectores que la conforman, donde la paz social y política sea las protagonistas de de las principales acciones de los ciudadanos, sólo en un ambiente donde prevalezcan esas condiciones, se podrá avanzar hacia los objetivo de bienestar y crecimiento que espera la sociedad en su conjunto.

El país esta esperando que la clase política y todos los sectores representativos asuman el compromiso de trabajar por una sociedad que se sienta mas motivada hacia el trabajo productivo y menos lastimada por el crimen, la violencia, la prostitución y la pobreza galopante que en la actualidad golpea con rudeza a millones de dominicanos y de latinoamericanos a la vez, por ello el compromiso de la clase política comprometida con un sistema democrático, abierto, participativo y verdaderamente justo debe esforzarse por motivar a la población sobre la necesidad de desarrollar una tarea mancomunada, que ayude a rescatar al país del precipicio que representa seguir la tendencia del laissez faire y el laissez passer que caracteriza la situación de crisis social, política y económica por la que esta atravesando la nación dominicana y otras naciones del continente, en esta coyuntura de su vida Republicana.

Evelio Arroyo es sociólogo, abogado y escritor

2010-10-07 16:15:03