15 Nov.- Por cuarta vez consecutiva, la misión del Fondo Monetario Internacional ha otorgado su aprobación al manejo de la economía por parte del Banco Central y al cumplimiento de los medidas acordadas con el organismo. En cada ocasión, el Fondo se ha mostrado pródigo en reconocer la exitosa gestión del licenciado Héctor Valdés Albisu y su equipo de especialistas. La estabilidad macroeconómica, el control de la inflación, los escasos y moderados en la tasa del dólar y el crecimiento sostenido de la economía, aún bajo las condiciones originadas por la crisis financiera, que este año el propio Fondo pronostica cerrará por encima del 7 porciento, son logros exaltados por éste en cada revisión del acuerdo.
Paralelamente al comunicado del Fondo, se dan a la luz pública los resultados de la evaluación llevada a cabo el PNUD sobre los principales indicadores de la calidad de vida de los dominicanos. El análisis comparativo abarca el período transcurrido de 1990 al presente, o sea, veinte años, comprendiendo seis de gobierno del fenecido Joaquín Balaguer, cuatro de Hipólito Mejía y diez del doctor Leonel Fernández. En este otro escenario, al igual que en informes anteriores, la conclusión final es que pese al significativo crecimiento de la economia nacional y del ingreso per cápita durante ese período saltando de 3 mil 870 dólares en 1990 a 8 mil 273 al presente, el desarrollo social no ha corrido parejo ni el bienestar de la población se ha manifestado a tenor del mismo. Más claro: que el grueso del incremento económico no ha fluído suficientemente a las capas inferiores de la población, sino que se ha quedado concentrado mayormente en los pisos más altos y medios de la escala social.
El estudio del PNUD establece que el índice de pobreza alcanza a un 48.5 por ciento de cada mil dominicanos, considerando como tales aquellos que perciben ingresos por debajo del mínimo requerido para sustentar la canasta familiar de alimentación y servicios. De ese total, el 4.4 por ciento, o sea, cuarenta y cuatro de cada mil subsisten en condiciones de extrema pobreza al recibir menos de cincuenta pesos diarios.
En el áerea de salud, durante el período analizado, el país cuatro escalones al elevar la esperanza de vida de 67.6 años a 72.8, que si bien no es desdeñable se queda todavía por debajo del promedio de la región que es de 74 años. En educación, en cambio, hemos ido hacia atrás como el cangrejo, al perder nada menos que trece posiciones, lo que es consistente con todas las demás pruebas y evaluaciones a que ha sido sometida nuestra docencia siempre con las calificaciones más negativas.
En base a estos resultados el estudio del PNUD resalta el hecho de que el país sigue figurando entre los que menos aprovecha la disponibilidad de riqueza por habitante para mejorar los niveles de educación y salud, indicadores fundamentales para reflejar la calidad de vida y bienestar de la gente.
Cada uno de estos dos informes: el del Fondo Monetario Internacional y el del PNUD requieren sendas lecturas diferenciadas. El primero sobre el manejo de la economía y sus perspectivas de crecimiento, debe servirnos de satisfacción. El segundo, sobre el desarrollo social, en cambio, de preocupación.
De alguna forma es preciso lograr una mayor armonía entre ambos factores. Que el incremento de la riqueza fluya hacia un mucho mayor número de hogares en vez de quedar concentrada en menos manos, como ha venido ocurriendo en gran medida. Y que el gasto social en salud y educación, agua potable y vivienda digna alcance los niveles requeridos. En esa dirección es que se requiere que marche el país si queremos poder alcanzar y convivir en términos de auténtico progreso.
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2010-11-16 02:17:00