Opiniones

Megatendencias trascendentales dan nueva forma a panorama mundial post-crisis

BEIJING, 17 dic (Xinhua) — Finalmente, el mundo puede respirar tranquilo. A finales de 2010, la última crisis financiera internacional, que ha recordado a la Gran Depresión, se está alejando cada vez más, y el mundo, aunque sigue sufriendo ciertos males residuales, ha renacido de sus cenizas.

Llámese evolución o revolución, un mundo renovado ha manifestado un paisaje reformado, con una serie de acontecimientos innovadores que se extienden sobre una gama de tendencias englobadoras, más visiblemente hacia un modelo más equilibrado de gobernancia global, una red más interconectada de relaciones internacionales y un tejido más complicado de seguridad.

MAYOR EQUILIBRIO

Sin duda, el reparto del escenario mundial aún cuenta con una superpotencia con múltiples poderes, un Oeste más potente con un Este menos potente, así como un Norte más fuerte y un Sur más débil, y los países desarrollados siguen siendo preponderantes en la toma de decisiones y establecimientos de normas internacionales.

Sin embargo, en términos relativos, la trayectoria de esas potencias que llevan las riendas está ahora declinando, y la dinámica en el panorama internacional está girando hacia un mayor equilibrio entre los actores desarrollados y los en vías de desarrollo.

Durante la catastrófica tormenta financiera, las economías desarrolladas se vieron seriamente dañadas, y su recuperación ha sido en gran medida anémica. En contraste, las economías emergentes y en vías de desarrollo, aunque también estaban muy dañadas, han experimentado por lo general una recuperación sólida y han logrado rápidamente su ritmo de crecimiento anterior a la crisis.

Esta megatendencia orientada al mayor equilibrio se ha convertido en el centro de atención este año con un acontecimiento histórico: el Grupo de los 20 (G20), de las mayores economías del mundo, ha pasado de ser un mecanismo reactivo de respuesta a crisis a un organismo proactivo de gobernancia económica permanente, lo que significa que los países emergentes han adquirido el mismo asiento que los desarrollados en cuanto al pilotaje de la economía mundial.

En las medidas de transformación que reflejan la gradación, el Banco Mundial aprobó en abril un aumento de 3,13 puntos porcentuales en el poder de voto de los países en vías de desarrollo, con lo que el poder de voto total de este grupo es del 47,19 por ciento, y convirtiendo a China en su tercer mayor accionista tras Estados Unidos y Japón, y el Fondo Monetario Internacional decidió en octubre cambiar más del 6 por ciento de las cuotas a los miembros actualmente subrepresentados.

MAYOR INTERCONEXION

La toma del timón del arca económica por parte de un G20 más representativo también indica el incremento de un estructura internacional pluralista y multipolar, en donde el trabajo de sus componentes se ha hecho crecientemente más dependiente de su interacción.

Esta metáfora arquitectónica aplica principalmente para las principales potencias, cuya reciprocidad sirve como un barómetro confiable del ambiente internacional de forma general. Como ejemplo, se puede considerar que la relación entre China, Rusia y Estados Unidos muestra claramente que la cooperación aún continúa avanzando.

A pesar de los múltiples contratiempos en los vínculos sino-estadounidenses durante este año, debido principalmente a la venta de armas de Washington a Taiwan y al resurgimiento del proteccionismo en EEUU, la comunicación y la cooperación se ha profundizado y ha sido altamente fructífera.

El presidente chino, Hu Jintao, se reunió en diversas ocasiones durante este año con su homólogo estadounidense, Barack Obama, y alcanzaron un alto número de acuerdos sobre asuntos bilaterales y globales. En mayo, ambos países llevaron a cabo la Segunda Ronda del Diálogo Estratético y Económico sino-estadounidense, y lograron varios resultados específicos y compromisos concretos en una amplia gama de temas, incluida la reestructuración económica, la cooperación financiera, la seguridad energética y el cambio climático.

De igual manera, la cooperación y el progreso están entre los aspectos principales de las relaciones entre Beijing y Moscú, cuyos líderes aseguraron que sus lazos alcanzaron niveles sin precedentes durante este año. El comercio bilateral muestra un rápido crecimiento sustentable y, a través de esfuerzos concertados, ambas partes han aumentado su reputación e influencia en el grupo regional de la Organización de Cooperación de Shanghai, compuesto por seis miembros, así como al ser parte de las crecientes economías del BRIC, junto con Brasil y la India.

La relación entre Moscú y Washington continúa delicada, ya que Rusia ha prometido que defenderá sus intereses en geo-seguridad, en respuesta al despliegue de misiles estadounidenses en los países vecinos de Rusia y a la expansión de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) hacia el este.

No obstante, este año ha registrado una profundización en su colaboración de forma productiva, ya que ambas partes firmaron un nuevo acuerdo de desarme nuclear en abril, y en octubre concluyeron sus negociaciones sobre la adhesión de Rusia a la Organización Mundial de Comercio (OMC). Los líderes de ambas naciones han prometido expandir los intercambios económicos e impulsar los vínculos bilaterales más allá del campo de seguridad.

MAS COMPLICADO

La creciente interconexión e interdependencia de las potencias individuales, conforme a la dinámica de globalización y multipolarización del mundo contemporáneo, prepondera sobre las luchas por intereses estratégicos y beneficios prácticos y conlleva, supuestamente, mecanismos más eficientes para afrontar crisis financieras y desafíos globales como el cambio climático y el terrorismo.

Las mejoras, no obstante, aún tienen que llegar. Mientras prevalezca la paz a lo largo del planeta, la seguridad mundial, incluyendo la destacada seguridad financiera, estará amenazada por una serie de nuevas y viejas aventuras o, mejor dicho, desventuras.

En septiembre, Irlanda se convirtió en el segundo país de la Eurozona, después de Grecia, en solicitar ayuda financiera por su crisis de deuda soberana. En noviembre, la Reserva Federal de Estados Unidos aprobó una segunda ronda de medidas de estímulo económico por valor de 600.000 millones de dólares, destinadas a reforzar la recuperación de la economía estadounidense. Sin embargo, esa acción incrementó la presión sobre los mercados emergentes.

Junto a la alarmante volatilidad en la esfera financiera está la falta de progreso tangible en muchos problemas crónicos que trastornan la paz y la seguridad global. Israelíes y palestinos reanudaron sus negociaciones directas de paz a principios de septiembre, tras una suspensión de 20 meses, pero las volvieron a dejar en punto muerto unas semanas después. Por otra parte, el tan retrasado progreso de noviembre en la formación del nuevo gabinete iraquí no logró limar asperezas entre las distintas facciones del país, que en el pasado fue la envidia de Oriente Medio. Asimismo, aún no está claro si Estados Unidos comenzará a retirar sus tropas de Afganistán en julio, pues las fuerzas de coalición no han conseguido acabar con la insurgencia talibán.

El terreno nuclear tampoco es nada prometedor. Fuera del momento de avance que representó en abril la Cumbre sobre Seguridad Nuclear de Washington, que tuvo como propósito promover la cooperación internacional para evitar el terrorismo nuclear, tanto el contencioso nuclear con Irán como el proceso de desnuclearización de la Península Coreana siguen estancados, en medio de un perverso clima de desconfianza y sospecha entre Teherán y las potencias occidentales, por un lado, y entre Pyongyang y Washington, por otro.

En cuanto al clima, en sentido literal, es otro tema conflictivo, pues supone una grave amenaza existencial para la humanidad. A finales de este año, en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de Cancún (México), los países desarrollados acordaron establecer un fondo para apoyar las campañas ecológicas de los países en vías de desarrollo. Pero este paso hacia adelante, tan difícil de dar, está ensombrecido por la escasa voluntad política de los países industrializados para someterse a un Protocolo de Kioto jurídicamente vinculante.

En vista de este laberinto de pruebas, los actores de los asuntos internacionales, cada vez más interrelacionados, tienen que adherirse a la paz y el desarrollo como tema supremo, buscar una resolución equitativa y cooperativa de los problemas globales, así como resultados de beneficio mutuo, y, de esa manera, llevar al mundo hacia un mejor futuro en la segunda década del siglo XXI.

2010-12-17 04:52:23