Por Claudio Márquez
Mientras diferentes grupos sindicales y organizaciones de masas del país se avocan a organizar protestas y reclamos por los incrementos verificados en los precios de los artículos de primera necesidad, el presidente de la República, doctor Leonel Fernández, habla en Ginebra, Suiza, de la posibilidad de que la sociedad mundial esté caminando hacia una etapa de estanflación.
Un término de las ciencias económicas que permanecía olvidado, pero que resurge ahora como consecuencia de una preocupación latente en el jefe de Estado dominicano y como indicador de los aumentos de precios de los commodities o productos de consumo de masivo, así como de la persistencia del estancamiento de las economías estadounidense y europea.
La aplicación del término estanflación lo aprendimos precisamente en los tiempos difíciles de la economía dominicana, cuando el líder ad-vitam del PLD, profesor Juan Bosch y su equipo de asesores económicos lo generalizó en los medios nacionales de información. Es grave la estanflación porque ella pudiera tornar convulsiva la situación social y política del país, sin importar si hubo o no crecimiento económico en el 2010.
Bosch explicaba a los peledeístas que ?estanflación? respondía a un concepto combinado de estancamiento económico e inflación, nebulosa que también se presenta, según las explicaciones del financista británico Ian Norman Mc Leod , cuando no se visualizan formas de detener la expansión inflacionaria y cuando la observación de los indicadores económicos permanecen tan deprimidos que no hay manera de generar nuevos empleos.
Habló el presidente en Suiza, y sus declaraciones deben ser tomadas como parte de una referencia al caso de la República Dominicana, donde en los últimos meses el cuadro inflacionario ha comenzado a expresarse en alzas sustanciales de los alimentos, la tarifa energética y los combustibles. Una combinación de incrementos que, en el caso de los combustibles, no dejar de ser demostrativa de su impulso y repercusión en las demás área de la economía doméstica.
Anuncia, pues, el presidente los límites de una situación que pudiera en los próximos meses tornarse incontrolable y que, a la vez, habrá de requerir de una explicación más detallada a la población. En las economías infiltradas por el fenómeno de la globalización, el manejo de la estanflación se hace más complicado porque la estandarización que acompaña este fenómeno de la época poscapitalista tienden a arropar a casi todas las naciones del mundo; desarrolladas y subdesarrolladas, como es el caso último de nuestro país.
En consecuencia, el llamado de alerta dado por el presidente Fernández en Ginebra, Suiza, debe hacernos recapacitad en cuanto al imperativo de mantener el orden social, pero al mismo tiempo, de comenzar a romper con el modelo de desarrollo en que nos sobrecoge la situación. Es más o menos lo que acaba de plantear en París, Francia, el Ministro de Economía, Planificación y Desarrollo de la República Dominicana, ingeniero Temístocles Montás, quien en una especie de arrebato afirmara que ?el modelo económico del país, sustentado en los servicios, debía ser cambiado porque es insostenible en el tiempo?. Lo que hace imaginar que estamos frente a un problema de Planificación Estratégica; sobre la permanencia de un modelo condenado, por todas partes, al fracaso, pero sustentado en fórmulas de convivencia y de cooperación económica decadentes
. Ahora lo importantes es medir, y saber medir; a fin de que el proceso de estanflación a que es empujada la economía mundial, y que fuera advertido en Ginebra por el presidente Leonel Fernández, no llegue a convertirse en una poderosa bola de nieve en capacidad de arrastrar y aniquilar la paz y la tranquilidad social de la nación.
Sabemos que las reglas de crecimiento y desarrollo estratégico en naciones como la República Dominicana no son explícitamente dispuestas por sus autoridades, sino que, también, son la expresión de un modelo de imposición en el que las naciones más pobres habrán de cargas siempre con la gravedad de los entuertos. Este es uno de los problemas más evidente del fenómeno de la dependencia y su cruzada de intereses.
Si bien la República Dominicana está hoy compelida a modificar o cambiar un modelo económico sustentado en los servicios, por un modelo que ofrezca garantías al crecimiento productivo de la nación, no es menos cierto que abordamos un camino pedregoso.
Con más del 70 ciento de la economía nacional sustentada en la gestión de servicios, la cuestión del cambio se ventila compleja, sobre todo si ignoramos la necesidad de un amplio consenso social y político.
El cambio de una economía de servicio a una economía apoyada en la producción, no será de la noche a la mañana, pero sí es importante destacar que las autoridades económicas del país debieran comenzar a desprenderse de las recetas desarrollista que históricamente han hecho de la nación dominicana, así como de otras naciones latinoamericanas, un reservorio o depósito de prácticas económicas cesionistas y enajenantes.
Es hora de aprovechar el tiempo y trazar las nuevas pautas de protección y blindaje de la economía nacional, con garantías suficientes a la inversión y a la producción nacional.
*El autor es periodista.
2011-01-27 01:48:16