Mario Rivadulla
Viernes 10,06,11
La severa temporada de sequía padecida hasta hace apenas 3 semanas ocasionó grandes dificultades en el suministro de agua a la población al tiempo que significativos daños a la agricultura y sobre todo al sector ganadero, que tan solo en la región Norte registró la muerte de cerca de 3 mil reses, la reducción de la producción de leche de 170 a 110 millones de litros diarios y pérdidas por más de cien millones de pesos.
Todos clamamos a una por la llegada de las lluvias. Pareciera que nuestros ruegos fueron escuchados, pero que a San Isidro Labrador se le fue un tanto la mano. Y nos respondió con fuertes lluvias pocos días antes de iniciarse oficialmente la temporada ciclónica el primero de junio, que nos pronostica docena y media de huracanes, de ellos cuatro de gran intensidad.
Pero fueron preámbulo de aguaceros mucho mayores, casi sin precedentes, que desde comienzos de semana obligaron a poner en alerta a 19 provincias y a una amplia movilización del Centro de Operaciones de Emergencia, así como a requerir el apoyo logístico de las Fuerzas Armadas.
Gracias al eficiente y tantas veces abnegado personal de nómina y voluntario con que cuentan las instituciones integrantes del Centro, se pudieron llevar a cabo exitosas labores de prevención, desalojo, reubicación y rescate, en particular en las regiones más amenazadas y sitios de más alto riesgo.
El balance de la jornada se puede resumir así: más de doce mil personas desplazadas y relocalizadas, cientos de casas anegadas por las aguas, comunidades aisladas y en los centros urbanos, las cañadas y los tradicionales entaponamientos de tránsito ocasionados por la falta de alcantarillado suficiente y obstrucción del existente, por la basura acumulada que producimos nosotros mismos y la falta de limpieza por parte de las autoridades locales.
Todo esto, sin embargo, es soportable y remediable. Lo que por el contrario, resulta más doloroso e irreparable es la pérdida de cuatro vidas, entre éstas la de un menor de apenas 9 años que fue arrastrado por la corriente y tragado por un desague al que manos desaprensivas habían privado de las rejillas de protección. Este hecho sucedido en Santiago, se convirtió en una trágica réplica de otro similar ocurrido en la capital poco más de una semana antes, por el mismo motivo y teniendo como víctima precisamente otro menor también de la misma edad, apenas nueve años.
La otra cara de la moneda es que los intensos aguaceros dieron fin a la sequía, elevaron el nivel de reserva de agua de las presas, favorecieron los cultivos y han permitido mejorar el suministro de agua a la población, lo cual dicho sea de paso no necesariamente significa que sea apta para consumo humano sin antes hervirla y tratarla con cloro. Hay que recordar e insistir en que los ríos Isabela,Ozama, Nigua, Higuamo y otros están contaminados con el virus del cólera por lo que todos deben abstenerse de introducirse en sus aguas y más aún, de utilizarla para beber o para fines domésticos, recomendaciones que se han venido repitiendo a diario pero que en algunos casos parecen haber caído en el vacío.
Por otra parte, cuando ya pensábamos que habíamos dejado atrás los torrenciales aguaceros y recuperaríamos el calor y brillo de nuestro ardiente sol tropical, Meteorología y el COE advierten de nuevas lluvias a consecuencia de sendas vaguadas en la porción central de Cuba y al Noroeste de Puerto Rico.
Tenemos por consiguiente, que seguir en alerta. Las autoridades de emergencia tomando todas las mayores previsiones de lugar para reducir al mínimo y si posible evitar, en especial, la pérdida de vidas, en tanto los ayuntamientos encargarse de limpiar de los desechos desechos que taponan los tragantes públicos y colocando rejillas de protección en aquellos que carecen de las mismas.
A los ciudadanos también nos corresponde jugar nuestro papel, siguiendo las informaciones sobre la marcha del tiempo de Meteorología y observando religiosamente las recomendaciones del Centro de Operaciones de Emergencia, en especial aquellos que residen en sitios de mayor riesgo, orillas de ríos, arroyos y cañadas así como las laderas y la base de alturas, sobre todo si están deforestadas lo que resta compactación y resistencia a la tierra para evitar deslizamientos.
Esperemos que así sea para no caer luego en lamentaciones por hechos trágicos que pueden evitarse si cada uno hacemos lo que nos corresponde.
TELEDEBATE. Telefuturo,Canal 23. ?teledebate@hotmail.com?
2011-06-14 03:22:49