Johnny Arrendel
Lo primero es cuidar la imagen y credibilidad de cualquier formación que pretenda asumir la representación del pueblo y convocar a un paro como el que recién termina sin que llenara las expectativas de sus convocantes.
La razón de que la acción de protesta tuviese alcances limitados no hay que buscarla en sus motivaciones, ya que hay razones de sobra para protestar.
Pero sucede que los tiempos cambian, ahora las fuentes de información son continuas, asequibles, dinámicas y fácilmente almacenables. Por ello todo quien saca la cara se expone a que la gente confronte su expediente.
He aquí, entonces, que el error mas flagrante de los políticos patrocinadores del paro fue colocar como portavoces a elementos cuestionados, cuyos historiales les colocan de frente a los intereses de la población.
Dentro del estilo más clásico de las mafias del transporte, tenemos un personaje de contextura endeble pero de abultadas cuentas bancarias, que fungió como vocero principal de los convocantes.
La acumulación originaria, es decir, la gran riqueza de este sujeto parte de los privilegios irritantes obtenidos a partir de la debilidad del estado y consecuentes prebendas, que implican repartos vulgares de bienes públicos.
Durante los gobiernos de Joaquín Balaguer y en el primero encabezado por Leonel Fernández, a este, a sus socios y a otros empresarios disfrazados de sindicalistas, les fueron reconocidos los injustificables «derechos adquiridos» sobre rutas del transporte público.
De esta manera, consiguieron exoneraciones y adjudicaciones de guaguas, minibuses y automóviles, e incluso, hubo que pagarles el uso de las rutas, y por tanto fueron socios con beneficios y sin perdidas de la entonces naciente Oficina Metropolitana de Autobuses (OMSA).
Posteriormente, el gobierno de Hipólito Mejía canalizó miles de vehículos de todo tipo para estos y otros transportistas millonarios y socios políticos, desde motocicletas, hasta lujosos autobuses aptos para turismo, pasando por greedars, montacargas y tractores.
Imagínese el lector, que el «transportista de la triste figura» admitió en televisión que varios de los autobuses de lujo que le donó el gobierno de Mejía mediante el Plan Renove los alquiló a hoteles de playa de la región Este.
El expediente de este personaje siniestro se completa con un historial amplísimo de enfrentamientos por rutas de San Cristóbal y la Capital con otra poderosa banda de las que usufructúan el transporte público en detrimento de la población.
En ese sentido, los ataques han llegado al extremo de quemar guaguas de la competencia con todo y chofer dentro.
También cuenta con un equipo violento encargado de los cobros compulsivos, y en ese orden fue asesinado un chofer en el sector El almirante que se negó a pagar el sobreprecio de 700 mil pesos sobre el costo original de una guagua facilitada por el Estado.
Para poner la tapa al pomo, el sujeto ni se inmutó para ordenar atacar con bombas incendiarias una guagua que transportaba operarias de zona franca durante una huelga anterior, y con saldo de daños permanentes en los cuerpos de las humildes mujeres.
El otro vocero de los convocantes no es más que uno de los típicos oportunistas que medran en el medio político dominicano.
Usted le escucha en los medios de comunicación, investido de una representación que no ostenta, ya que debido a su actitud arribista la dirigencia histórica de uno de los partidos de la izquierda más tradicionales se vio obligada a botarle de manera deshonrosa.
La expulsión se ejecutó luego de evidenciarse que el ladino individuo hiciera los amarres para vender las siglas de la organización a un proyecto político de poder que así engrosaría un eventual frente de apoyo electoral.
Pero mientras hace galas de de una moral falsa, el trepador ha consentido todos los desafueros cometidos por autoridades en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, que van desde la expansión incontrolable de la nómina, hasta el reparto de terrenos y otros bienes de la academia estatal.
Naturalmente, si ha sido parte de del desguace de la UASD, es porque ha recibido beneficios directos del desorden, mientras la casa de estudios se hunde en un déficit cada vez mas profundo.
Está claro entonces que ante historiales tan frescos como negativos, resulta imposible que la población acate de manera dócil el llamado de semejantes antivalores.
2011-07-13 03:01:20