Por Manuel Hernández Villeta
La historia no llegó a su fin. Sin embargo, la absurda teoría de Francis Fukuyama, levantada localmente por los liberales dominicanos, permitió hacer fortuna a su autor.
Fue también un abrigo para que se cubrieran los liberales nacionales, que no eran ni de derecha, ni de izquierda, ni mancos; los que no tenían ideología, cuando el mundo, y sus reflejos locales eran zarandeados por la guerra fría.
La historia no puede llegar a su fin, porque el devenir constante de la humanidad no se detiene. Los hombres y sus ideas de progreso o de estancamiento, únicamente son una sombra en la marcha de la historia.
La caída del comunismo, fue sencillamente un paso hacia otras formas de lucha y de vida. Un sistema se desmorona, sin haber concluido su lucha central, pero no acabó la historia.
Un mundo polar, donde sólo impera la fuerza de un gran imperio, levanta nuevas formas de enfrentamientos entre las grandes potencias, dejando a un lado la etapa de la guerra fría.
Fue un paso de la historia, el surgimiento con todo el poder económico de naciones que no eran dirigentes en la llamada era de la bipolaridad de la Unión Soviética y Estados Unidos.
Se desmoronó la izquierda tradicional, pero tomó nuevas formas, con la llegada de China al libre mercado. Hoy, las grandes potencias se debaten en una lucha económica, para repartirse el mundo.
Los Chinos llevan la delantera, con su política de revisión del Libro Rojo de Mao, con un ingrediente de neo-capitalismo, controlado por el Estado.
En un futuro cercano, se verán las guerras económicas entre las grandes potencias, que ahora se dividen el pastel generado por las revueltas en los países petroleros.
La historia se está escribiendo ahora, con una nueva primavera, que no es la de Praga, sino de intereses económicos, por tener dominio del petróleo del Medio Oriente.
Fue una travesura intelectual considerar que la historia estaba muerta. Fue falta de visión de los intelectuales dominicanos, considerar que ya no había más que escribir o pensar.
Francis Fukuyama considera que el fin de la historia significaría el fin de las guerras y las revoluciones sangrientas, los hombres satisfacen sus necesidades a través de la actividad económica sin tener que arriesgar sus vidas en ese tipo de batallas.
Las guerras comienzan ahora, por el petróleo, por el agua, por tecnología, por continuar con el dominio del mundo, y por repartirse las riquezas de las naciones del tercer mundo.
Si de algo estamos seguros, es dé que no llegamos al fin de la historia….
2011-09-02 17:07:11