Por Manuel Hernández Villeta
Las Fuerzas Armadas y la Policía tienen que ser preservadas como instituciones básicas de la seguridad del Estado.
De ahí que se proceda a reconocer a la mayoría de sus miembros como mujeres y hombres serios y responsables, pero al mismo tiempo, se tienen que limpiar de esa minoría que ensucia el uniforme y viola la ley.
En el país solo hay dos instituciones férreas, que son base fundamental de nuestras estructuras nacionales: las Fuerzas Armadas y las iglesias, pero sobre todo la Iglesia Católica.
Esos dos organismos, uno de armas tomar, y el otro para salvar almas, han sido sacudidos por escándalos, que extremecen sus cimientos, y hacen dudar a muchos de la honorabilidad de sus miembros.
La mayoría de los curas, a todos los niveles, son serios y responsables, y hacen del sacerdocio, una muestra de sacrifio y solidaridad.
Ello no quita que haya curas forzadores de niños y niñas, y que tienen por doquier a mujeres a escondidas, y otros práctican el sexo contra natura, y muchos favorecen dictaduras y apañan violaciones a los derechos humanos.
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A los guardias y policías hay que limpiarlos, quitando del medio a las manzanas podridas, y a los curas que violan principios sagrados, se les tiene que razgar las sotanas.
Si un país carece de instituciones fuertes y confiables, entonces está camino del precipicio.
El vacío de las instituciones conlleva al caos, a la anarquía, al salvece quien pueda, y esto significa que el crimen vencería.
Pero no, todavía hay confianza que se imponga el lado mayoritario de la sociedad, que siempre es respetuoso de las leyes, y fiel cumplidor de sus obligaciones para con la patria.
Pasa lo mismo en los barrios marginados. La mayoría de los jovenes tienen deseos de progreso, pero lo que llama la atención es la minoría que se dedica al pandillerismo.
Claro, esa minoría perjudica con sus acciones a la mayor parte del pueblo, por lo que sin contemplaciones, hay que eliminarla, de acuerdo con las circunstancias.
La acción aislada de un guardia, un Policía o de un cura, no debe dañar el prestigio de las Fuerzas Armadas, la Policía o de la Iglesia Católica.
Pero la verdad sea dicha. Existe la percepción de que esas instituciones son carcomidas por las violaciones a sus reglamentos y ética interna.
De la percepción a la realidad hay una delgada línea divisoria. A trabajar para que las Fuerzas Armadas y la Iglesia Católica mantengan su fuerza institucional, que ahora mismo tiene un tropezón con uña levantada.
Manuel Hernández Villeta es periodista dominicano
2011-09-23 17:16:22