Ayer se produjo la esperada comparecencia del Presidente Leonel Fernández ante la Asamblea General de las Naciones Unidas. Su presentación marcó un paréntesis, en el marco de la disputada sesión en torno a la petición de la Autoridad Palestina de ser aceptada como país miembro de la ONU, vetada por los Estados Unidos y varias naciones europeas y que dio lugar a encendidos debates y un belicoso discurso del dictador iraní Mahmud Ahmadinejad en contra de Occidente, donde cuestionó el Holocausto Judío y los ataques terroristas del 11 de Septiembre de 2001 al tiempo de condenar la operación comando que puso fin a la vida de Osama Bin Laden.
No provocó controversias, en cambio, el discurso del mandatario dominicano que, por el contrario, fue objeto de una positiva acogida. Esta ya había sido anticipada en el curso de las pasadas semanas por distintos gobiernos que le expresaron su respaldo al igual que el Secretario General del organismo internacional, Ban Ki Moon, quien le otorgó su previa bendición, nombrando además un Asesor en Seguridad Alimentaria.
La postura que ha mantenido el Presidente Fernández y la línea maestra en que fundamentó su discurso que se extendió por espacio de un cuarto de hora, es el reclamo y compromiso colectivo de los gobiernos de promover la transparencia de los mercados, poniendo freno a la especulación con los precios del petróleo y de los alimentos que se registra a través de los contratos a futuros en los mercados financieros. A estos atribuyó entre un 30 y un 40 por ciento de impacto en sus desmedidos aumentos, traducidos en una extensión de la pobreza mundial.
El mandatario señaló que a partir del 2005 se ha venido registrando un alza continua tanto en la cotización del crudo como en rubros alimenticios básicos. Al respecto, recordó que entre el 2006 y el 2008, el precio de la soya se incrementó en un 107 por ciento; el del maíz, en 125; el arroz creció un 127 y el trigo, subió un 136. En tanto, el barril de petróleo que en 1998 se compraba a doce dólares, se disparó diez años más tarde hasta treparse en la inusitada franja de los 147, lo que creó un serio desbalance económico y financiero general y en particular, para países no productores del crudo como la República Dominicana.
En otro orden, el discurso de Leonel Fernández tomó un giro adicional, no comentado con anterioridad en el escenario local, al proponer el establecimiento de un gravamen de un cinco por ciento a las transacciones financieras internacionales y a los depósitos en los llamados «paraísos fiscales», lo que a su juicio produciría 20 billones de dólares diarios y permitiría superar la actual crisis financiera y económica mundial.
Sin dudas, el planteamiento de Leonel Fernández en el caso de la especulación con los precios del crudo y los llamados «commodities», tiene una fuerte base moral y social. Hoy por hoy, pese a que se estima que la producción mundial es suficiente para garantizar la nutrición de siete mil millones de seres humanos, se estima que por lo menos la séptima parte, o sea, mil millones no tienen acceso a los rubros alimenticios básicos. Basta para comprobarlo con observar las fílmicas que nos llegan de zonas del planeta, principalmente de países africanos, batidas por el hambre más espantosa.
¿Hasta dónde existe la posibilidad, sin embargo, de que su propuesta de frenar la especulación con el petróleo y las materias primas para garantizar la Seguridad Alimentaria, mediante un gran compromiso colectivo respaldado por la ONU sea acogida y se traduzca en normas de aplicación efectiva, en vez de quedar registrada en los anales del organismo como simple retórica expresiva de sensibilidad y buenas intenciones?
Y asimismo, ¿En qué medida, la de penalizar las transacciones financieras y los depósitos en «paraísos fiscales», donde buena parte de los cuantiosos fondos refugiados en ellos son dineros sucios, de procedencia turbia, principalmente el narcotráfico?
Frente al espíritu humanístico, sentido ético y convincente lógica de las propuestas llevadas al concierto mundial de gobiernos por el Presidente dominicano, se levanta una poderosa madeja de intereses creados. Queda por ver si encontrará respaldo suficiente para hacer mella en el que ha sido hasta ahora un inexpugnable bastión de elementos poderosos e influyentes, insensibles e inmunes a las miserias de buena parte de la humanidad.
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EL TIRO RAPIDO
Mario Rivadulla.
22, 09, 11
2011-09-26 13:48:38