Por Manuel Hernández Villeta
El poder económico, es el principal enemigo de la democracia. El atesorar fortuna, sin darle un contenido de colaboracion con el desarrollo del país, es culpable de la exclusión scial.
La democracia, teniendo fuerza institucional, y siendo una forma de gobierno aceptable, tiene serios problemas de consolidación, por el capital irredento.
Las principales conflagraciones del mundo han sido por motivos económicos. Muchas veces se disfrazaron de guerras religiosas, pero el dominio y poder económico estaba de por medio y las dirigía.
La llegada de los conquistadores a estas tierras del llamado Nuevo Mundo, no fue por deseos de investigación científica, o alucinaciones de un libre pensador, sino la necesidad imperial de tener tierras de expansión.
El capital tiene que estar al servicio del desarrollo y la democracia. Por desgracia, se da que el capital narigonea la democracia, y la convierte en su peón.
Muchos capitales se han hecho en forma irregular o en base a trabajo, pero ese poder se mal utiliza, y es parte de una discriminación, y una muralla contra el ascenso social.
La sociedad de hoy, sea dominicana, y en gran parte mundial, está petrificada. No tiene para donde coger. Le llegó la hora de las desventuras, y de la lucha.
La democracia es un modelo que todavía es rescatable, pero se necesita que el capitlal que la domina sea más humano, y más respetuoso de los derechos de las minorías.
La voz del dinero que domina a la democracia es sorda a los gritos del gran pueblo que pasa hambre, y por el contrario le enrostra sus riquezas y sus gastos superfluos.
Tiene que darse una equitativa distribución de la riqueza que es el único medio de evitar las presiones sociales, y los estallidos populares.
La paz tiene que ser escrita en base a que todos los hombres y mujeres tengan oportunidad de desarrollar y de llevar una vida digna.
La libertad de hoy está condicionado por los grandes consorcios, que controlan opiniones y acciones de grupos puntales que plantean soluciones y nuevas alternativas.
Frente a la gran ostentación de riquezas de un puñado de familias tradicionales y de nuevos capitalistas, está el gran pueblo que rumia miseria, abandono y desesperanza.
Una de las manifestaciones sociales-personales más difíciles de vencer es el odio que se acumula del maltrato y el desconocimiento al derecho a la vida de una parte del conglomerado.
Las luchas más terribles se han dado por un pedazo de pan. Comestible que los poderosos desdeñosamente tiran al zafacón, pero que es la única form de alimentarse de los menesterosos.
La chispa de la revolución francesa fue la falta de comida, el ziper de las ideas, y la muralla para conseguir metas que permitieran al artesano tener una vida de acuerdo cn sus necesidades.
La China milenaria, plena de sabiduría, estalló por los excluidos: los milloes de seres humanos que vivían en la indigencia, labrando una tierra que no les pertenecía, mientras los mandarines se regodeaban en diferentes dinastías que ocupaban la ciudad imperial.
En América Latina tenemos uno de los máximos ejemplos, cuando Don Emiliano Zapata lanzó su grito inmortal de que La Tierra es del que la Trabaja.
Sin justicia social y equitativa distribución de las riquezas no hay libertad, no hay progreso, no hay paz, y se da pie al germen de la ratería y la delincuencia.
El origen de la delincuencia, señores, hay que buscarla en las desigualdades sociales…
2011-09-30 02:46:53