Por Manuel Hernández Villeta
El sector empresarial moderno surgió como fuerza social política y eonómica luego de la muerte de Trujillo.
Hasta ese momento, el dictador era dueño y señor de negocios y de tierras. Muchos de los nuevos empresarios se la jugaron, reclamando bienes que eran de Trujillo y que alegadamente les fueron arrebatados por el regimen.
Nunca se hizo una investigación independiente de esas reclamaciones y posesiones. En fin, el empresariado impuso su posición social y política, con el advenimiento de la nueva coyuntura.
Surgió con fuerza propia, y levantando la pancarta de un neo-antitrujillismo, que sólo se vio después de decapitado el tirano, llevó a sus representantes a gobernar el país.
Los empresaros fallaron el tiro y apoyaron a Viriato Fiallo, en contra del Profesor Juan Bosch, que fue el ganador de las primeras elecciones libres y democráticas después de la tiranía.
Esos empresarios fueron cabeza de proa para que se diera el Golpe de Estado a Juan Bosch, y luego enfrentaron el retorno a la Constitucinalidad sin elecciones y a la revuelta de abril del 1965.
Por razones de clase, los empresarios no toman directamente el mando de su lucha, sino que tienen a figuras ocasionales que dan el pleito por ellos.
El empresariado se mantuvo petrificado durante los gobiernos de Joaquín Balaguer, siendo arriete de «La Revolución sin Sangre»; los dirigentes que surgieron luego de la muerte de Trujillo siguieron en la palestra por varias decadas.
Pero esos mismos empresarios fósiles comprendieron que su tiempo terminó, y propiciaron el relevo generacional.
Hoy, es el sector empresarial el único del país que ha hecho un cambio circunstancial de acciones, de ideas, de hombres y mujeres, y que ahora está con figuras jóvenes enfrentando el devenir de este siglo 21.
En el litoral partidista, se resisten a abandonar los cargos, con bastón y hasta silla de ruedas, los mismos políticos que salieron a la lucha luego de la muerte de Trujillo y los que participaron en la Revolución de Abril.
En el sector sindical, los que no han muerto, todavía son las voces de un movimiento que se burocratiza, y que se olvida de sus origines.
La izquierda se desmembró como tal, y sus dirigentes y militantes pasaron a los partidos del sistema, se alejaron de la actividad política, o son comentaristas de radio y televisión.
Narciso Isa Conde es una voz en el desierto, defendiendo sus ideas, a pesar de estar casi solo. Los demás, recostados de los dos partidos de mayor militancia, o siendo juglares solitarios de sus nostalgias.
El sector político tiene que renovarse. Tiene que dar paso a las nuevas generaciones. Ya está bueno de mentes cansadas y acciones que circulan en torno a un pasado que no tuvo presente.
El movimiento sindical no pasará de ser refugio de anarquistas sin partido, o luchadores sin músculos, si los viejos robles no se jubilan y permiten el surgimiento de una nueva artillería.
El sector empresarial hizo su cambio y ya está en pelea. Le lleva varias generaciones a los políticos y sindicalistas atrapados en el pasado, y en mantener liderazgos carcomidos.
Si no hay renovación, los políticos no pasarán de estrellas fugaces, y los obreros no irán al paraíso.
Manuel Hernández Villeta es periodista dominicano
2011-10-12 03:56:53