Por Manuel Hernández Villeta
El principal enemigo de las revoluciones, es su descomposición interna.
Los gestores de una revolución van levantando la bandera del patrotismo y pensando que tienen por delante componer el futuro de su país.
Para una isla del tercer mundo, preñada de necesidades, sus problemas básicos son comida, salud y educación. Trabajo para los obreros y tierra para los campesinos, también forman parte del glosario.
Una revolución a la medida de la vieja izquierda, tenía una concepción de que al gobierno iban los obreros y los campesinos, y que los capitalistas serian regenerados.
La revolución Cubana, en ese concepto, llenó y sobrepasó las espectativas de sus forjadores y combatientes de primera línea.
Es una revolución abuela, tiene 50 años, ya pasó por la etapa de los hijos y ahora comienza a tener que enfrentar la era de los nietos.
Esos nietos sociologicamente, son los jovenes que nacieron dentro de la revolución y que únicamente conocen la estabilidad económica, la buena distribución de las riquezas, y que no existe una vil explotación de persona a persona.
Pero el desenfreno y la modernidad de los jóvenes globalizados de hoy, hace que las nuevas generaciones no aprecien los alcances y los triunfos de una revolución de medio siglo.
El joven que tiene 25 años en Cuba nació cuando la revolución tenìa también esa edad. O sea, su referencia es la misma revolución, no las miserias pasadas en el gobierno de Batista.
Las nuevas generaciones no aceptan los sacrificios a que somete un proceso revolucionario, sobre todo cuando llegó a dar comida, trabajo, seguridad social, salud……
La revolución Cubana tiene hoy sus principales enemigos en esa juventud que no acepta la austeridad, y que por intermedio de la globalización de las ideas, no ve a los norteamericanos o a los europeos, como sus grandes enemigos.
Por consiguiente, una revolución de 50 años se abre o perece. El mejor ejemplo son los Chinos, que entraron al libre mercado, y ello le ha permitido ser una potencia mundial y conservar su Partido Comunista.
Raúl Castro tiene ideas de cambio, de renovación, pero su tiempo es corto. Biologicamente tiene que producir cambios, mientras tenga fuerzas fisicas.
Además, no tiene el poder absoluto, porque el gran timòn, dentro o fuera de la burocracia, es Fidel Castro.
Pero que nadie se lleve a engaños, en Cuba abran cambios, apertura o retroceso, todo dependerá de las circunstancias, pero antes tienen que desaparecer los grandes timoneles de la revolución.
Lo trascendente sería que esos cambios sean hechos por Fidel y Raúl, para que se mantenga la revolución. Atajar las aperturas que necesita la revoluciòn cubana, es crear las condiciones para que sea barrida por un terremoto social a larga distancia.
Manuel Hernández Villeta es periodista dominicano.
2011-10-19 14:29:26